La foto

Se ha levantado mucho revuelo por una simple foto. Una foto en la que aparecía un hombre entre las esposas de los primeros ministros y presidentes reunidos en Bruselas por un sarao de la OTAN. La práctica totalidad de medios de comunicación llevaban la noticia: ¿quién es el ‘primer caballero’ entre las primeras damas’? “Histórico”, “viral”, “acapara todas las miradas” eran expresiones que podían encontrarse en todas esas informaciones. El primer consorte de un primer ministro homosexual -aunque seguramente no el primer consorte homosexual si tenemos en cuenta, por ejemplo, lo que se decía del esposo de Isabel II, Francisco de Asís- donde la noticia, si acaso, podría ser la normalidad absoluta. Incluso fueron recibidos en audiencia privada por el Papa.

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Pero la foto tiene truco, no están todos los que son. Me llama la atención que solo aparezca el marido del primer ministro de Luxemburgo en la imagen y no el resto de maridos. ¿Dónde estaban los de Angela Merkel y Theresa May? Si lo impactante es ver a un hombre entre primeras damas eso es algo que está superado desde hace años. Las ausencias del retrato de familia son, a mí entender, más relevantes que las asistencias, tampoco vemos a Viri, la mujer de Mariano Rajoy, y es obvio que faltan la mayor parte de las parejas de los primeros ministros o presidentes de los 28 países que forman la Alianza Atlántica. ¿Dónde estaban cuando se tomó la instantánea? ¿O acaso es que no acudieron a la cita para el alivio de los agotados bolsillos de los contribuyentes de esos países?

New NATO Headquarters Handover Ceremony and Fly-past - Meeting of NATO Heads of State and Government in Brussels

En realidad ver a un varón entre los consortes no es una novedad desde hace… siglos. Pensemos en los consortes de las reinas de las monarquías europeas. Si, por ejemplo, tomamos la monarquía británica como referencia encontraremos a reyes consortes que van desde Jorge de Dinamarca hasta el actual Felipe duque de Edimburgo pasando por el príncipe Alberto casado con la reina Victoria. Pese a lo que se dice, las mujeres han tenido un importante papel en la Historia europea, la reina Victoria o nuestra Isabel Católica son prueba de ello. Y mucho antes de que llegaran las feministas o la ideología de género.

No me cabe duda de que los digitales han conseguido muchos clicks y retuits pero a mí me escama la coincidencia descarada, la reiteración acrítica de la misma noticia en todos los medios. Una misma imagen debería generar noticias diferentes si hay pluralidad informativa, básicamente porque cada medio y periodista ve la realidad desde sus circunstancias, pone el acento en unos hechos y resta importancia a lo que considera menos relevante. Al fin y al cabo si se quiere aportar algo al lector tiene que ser lo suficientemente diferente de la competencia, de lo contrario es complicado distinguir un artículo de otro en lo que se asemeja mucho a un plagio. En la era de la información las noticias de los medios acostumbran a parecerse demasiado a las notas de prensa y teletipos de las agencias hasta el punto de que en ocasiones reproducen las mismas erratas.

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Incluso se podría destacar otra foto, la de la mole de edificio -inacabado- que la OTAN estaba inaugurando en Bruselas. Una obra faraónica que ha costado más de mil millones de euros con sobrecostes y retrasos desde que se tuvo la idea de su construcción en 1999. Ya se sabe que la burocracia avanza despacio y este caso no iba a ser una excepción. Los costes para los contribuyentes parecen alarmantes pero es algo que solo ha parecido preocupar a Donald Trump. Curioso.

 

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Obituario político

Lo mejor de Esperanza Aguirre fueron sus discursos, ideas que no siempre pudo -o quiso- llevar a la práctica. Y es que aunque fue la lideresa que no se resignaba lo cierto es que se resignó y no disputó formalmente el liderazgo del PP a Mariano Rajoy y sus sorayos. Era la más valiente pero le faltó valor. Igual parece que no fue corrupta pero se rodeó de corruptos. Su dimisión -que suele ser el acto humano más digno de un político- tiene algo de indignidad por reiterada y tardía.

El liberalismo político pierde a una de sus valedoras. A ella los madrileños deben agradecerle mayores cotas de libertad que en otras regiones españolas… aunque al mismo tiempo se manosearon buenas ideas mientras se legislaba lo contrario. A pico y pala hizo del liberalismo algo popular pero también populista. Al fin y al cabo tenía que ganar elecciones, y en las urnas las mejores ideas se valoran tan solo por el número de votos que reciben. Así es, y será, la política.

Trompeteros y antitrumpistas

Últimamente la política me aburre sobremanera, pero Trump ha irrumpido como un elefante republicano en la política mundial para trastocar algunos consensos que dábamos por verdades intocables esculpidas en piedra y me ha sacado de mi silencio bloguero mientras veo la CNN.

Justamente los medios de comunicación son los que más están sufriendo la llegada al poder del 45º presidente de los EEUU. Televisiones, periódicos y radios no han sabido adaptarse a un mundo cambiante, hoy los comentaristas de la CNN declaraban alarmados que Trump prefería comunicarse directamente con la gente a través de redes sociales antes que servirse de los medios de comunicación como intermediarios. Y este que hasta hace unos pocos años esta intermediación entre la política y la gente los convertía en algo así como sacerdotes de los burócratas, solo era verdad e importante lo que ellos decidían. En el mundo actual hay mucho ruido (entre noticias falsas, falsas noticias y todo tipo de intereses) pero si sabemos filtrar esta cantidad ingente de información podemos conocer la realidad sin intermediarios. Aquí es donde los periodistas quedan -o quedamos- completamente descolocados, la población no necesita que le digan qué es y qué no es noticia, incluso el cuándo es importante. A los medios de comunicación no les quedará más remedio que evolucionar o desaparecer, su papel sigue siendo importante pero de otra forma y para ello deberán salirse de la corrección política y trabajarse las noticias más allá de la última hora y de los lugares comunes que aprendieron en la Facultad de periodismo. Quizá un primer paso podría ser cerrar todas las facultades de periodismo.

 

Trump no solo ha desnortado a los informadores, la progresía lleva oponiéndose preventivamente a las políticas de Donald Trump incluso antes de que llegase la Casa Blanca. La internacional progresista dictó sentencia y todos corren como pollos sin cabeza a criticarlo, desde su tupé hasta a su mujer, todo vale y lo de menos son los argumentos. No debería extrañarnos, también le concedieron el premio Nobel de la Paz a Obama cuando todavía no había tenido ni tiempo para redecorar el Despacho Oval. Más tarde le sobró mandato para deportar a inmigrantes, inclumplir su promesa de cerrar Guantánamo y bombardear Oriente Medio desde el despacho. Bien es cierto que por poco le faltaron días para no abandonar a su suerte a los cubanos que huyen de la dictadura castrista, pero entre sus múltiples discursos de despedida y medallas concedidas a sus amigotes encontró tiempo para llevar a cabo semejante felonía.

El impacto en la izquierda y su intelectualidad era previsible, no tanto la desorientación política de la derecha que pivota entre el liberalismo y el mercantilismo. Por un lado, rancios conservadores han encontrado en Trump al líder político que deseaban, un Le Pen sin el pasado de Le Pen, sin pecado original. Y por el otro, los repartidores de carnets de liberalismo se han apresurado a hacer la autocrítica a sus afiliados. Luego nos extrañará que el mundo avance inexorablemente por ese camino de servidumbre sobre el que escribió Hayek. No seguí atentamente las elecciones americanas pero tanto se escribió y alarmó que perdí algo de tiempo en escuchar y leer los programas de Clinton (Hillary) y Trump, me alarmó su coincidencia en el proteccionismo y sus propuestas de marcha atrás en el libre comercio. No tanto porque lo propusiera uno de los candidatos, al fin y al cabo las elecciones sirven para confrontar ideas, sino por su coincidencia contra el librecambismo. Asumida esta premisa solo queda fijarse en otros aspectos de sus programas, las bajadas de impuestos de Trump así como su no intervencionismo militar (aunque se base en el si vis pacem, para bellum) me resultan de lo más sugerentes.

No obstante el peligro populista se cierne como una sombra sobre el sistema político americano. Si bien los EEUU parecen haber sido el único modelo presidencialista que ha funcionado, los riesgos de una presidencia carismática que apele directamente a la gente por encima de la Ley siempre permanece latente. La demagogia es inherente a las democracias pero pueden convivir con ella, pero no con el populismo. Los presidentes entrantes acostumbran a visitar el memorial de Lincoln y no el de Jefferson, lo cual ya debería darnos alguna pista sobre qué quieren ser y hacer. La personificación del poder del Estado frente al hombre que hizo todo lo posible por controlar y limitar su poder. Seguramente Thomas Jefferson fue el mejor presidente que EEUU ha tenido en su historia, tanto es así que no quiso que en su tumba figurase el haber presidido el país como uno de sus logros. De hecho, él seguramente no hubiese querido que levantaran ese monumento, construido junto a un pequeño lago donde antes la gente podía bañarse.

¿Y qué haré yo? Disfrutar del espectáculo que ofrecerá Trump hoy en las escalinatas del Capitolio. Pompa y circunstancia asegurada a la que habrá que añadir su don para el espectáculo. Sin olvidar el placer añadido de ver y escuchar las rabietas en público de la progresía mundial, de Pilar Bardem hasta Michael Moore pasando por los comentaristas de la CNN que esta mañana se sonreían mientras anunciaban lluvia en Washington DC. Para juzgar a Trump ya habrá tiempo, pero antes dejen que al menos tome posesión y concrete alguna de sus promesas en campaña. Entre tanto, continuaré cultivando mi jardín.

Un verano en Mallorca

La “espontánea” campaña de pintadas contra el turismo que ensució Palma de Mallorca y el ayuntamiento tardó en limpiar cada vez parece menos casual. Con agosticidad y entre noticias de incendios y altas temperaturas se han colado estos días en los telediarios supuestas piezas informativas sobre el colapso turístico de Baleares. Noticias similares han proliferado en la prensa local y llama la atención que los políticos del lugar -y en particular el consejero de Turismo de las islas- alerten sobre la llegada masiva de turistas al presentar una campaña de promoción turística. “La temporada de verano no da para más” ha afirmado Biel Barcelo, máximo responsable del área de turismo del archipiélago y emisario de la izquierda catalana en Baleares. Los ecologistas también han entrado en escena criticando la campaña por considerarla insuficiente. Nos encontramos ante un caso de manual de organización pantalla: una demanda de una asociación falsamenente “apolítica” e “independiente” que en realidad comparte ideología y dirigentes con los actuales partidos en el poder.

Los poderes públicos de Baleares controlados por una extravagante coalición de socialistas, comunistas, chavistas, pancatalanistas, ecologistas y algún otro que pasaba por allí, ya amenazado con “abrir un debate” sobre el modelo turístico, ha creado nuevos impuestos que encarecen el destino turístico y están viendo como hincarle el diente al turismo vacacional. Porque no les gusta que vengan muchos turistas pero a sus dineros no les hacen ascos, y hay que exprimirlos como se hace con el exhausto contribuyente español.

Como mallorquín observo estas noticias con preocupación, parece que los políticos no se conforman con los huevos de oro que da el turismo y quieren asar a la gallina. Si se empeñan pueden terminar con una actividad tan dinámica, innovadora y que ha dado tanta prosperidad a la gente de Baleares como ha sido el turismo. No puedo más que recordar estos días aquel librito de George Sand titulado “Un invierno en Mallorca” donde describía la isla que encontró cuando acompaño a Chopin a la isla muy alejada de lo industria turística que ha sabido poner en marcha en los último tiempos. Su relato, comienza así:

“Llegamos a Palma el mes de Noviembre de 1838, con un calor comparable al de nuestro mes de Junio. Habíamos salido de París quince días antes con un tiempo extremadamente frío, y fué para nosotros un gran placer, después de haber sentido los primeros síntomas del invierno, dejar el enemigo a retaguardia. A este placer se juntaba el de recorrer una ciudad de mucho carácter, poseedora de muchos monumentos de primer orden en hermosura y en rareza. Pero bien pronto vino a preocuparnos la dificultad de establecernos, y vimos que los españoles que nos habían recomendado Mallorca como el país más hospitalario y el más abundante en recursos, se habían engañado tanto como nosotros. En una comarca tan cercana a las grandes civilizaciones de Europa, no se nos alcanzaba que no pudiésemos encontrar un solo albergue. Esta falla de sitio donde albergarnos debió hacernos comprender desde luego lo que era Mallorca en relación al resto del mundo (…). En Palma es necesario anunciarse y recomendarse a veinte personas de las más notables muchos meses antes para no quedarse en medio de la calle. Todo lo que pudo hacerse por nosotros, fue procurarnos dos pequeñas habitaciones amuebladas, o mejor, desamuebladas, en una especie de mal mesón, donde los extranjeros se han de dar por muy satisfechos si encuentran un catre con un colchón blando y rollizo como una pizarra, una silla de paja y, en cuanto a alimentos, pimienta y ajos a discreción (…). El más insignificante gesto que hicierais al encontrar porquería en las camas o escorpiones en la sopa, os acarrearía el desprecio más profundo y levantaría universal indignación en contra vuestra. Nos guardamos, pues, muy bien, de quejarnos, y, poco apoco comprendimos a qué se debió esta escasez de recursos y esta falta aparente de hospitalidad (…). Además de la poca actividad y energía de los mallorquines, la guerra civil que trastornaba a España hacia mucho tiempo, había interceptado en esta época toda comunicación entre la isla y el continente; Mallorca había servido de refugio a cuantos españoles pudiera albergar y los indígenas encerrados en sus hogares, se guardaban muy bien de salir de ellos para buscar aventuras en la madre patria. A estas causas es preciso añadir la ausencia total de industria y el rigor de las aduanas que recargan todos los objetos necesarios al bienestar con un impuesto desmedido. Palma solo tiene cabida para un cierto número de habitantes y a medida que la población aumenta, como no se edifica, se aglomeran las gentes de un modo extraordinario. Nada se renueva en estas habitaciones. Excepto en casa de dos o tres familias, el mobiliario ha cambiado poco desde hace 200 años. No se conoce ni el imperio de la moda, ni el deseo de lujo, ni el de las comodidades de la vida. Hay apatía de un lado, dificultad del otro; y así se quedan. Se tiene lo estrictamente necesario, pero nada más. Así es que la hospitalidad no pasa de ofrecimientos”.

Las negritas son mías, se trata de un texto un poco largo pero que no tiene desperdicio y que me sigue llamando tanto la atención como la primera vez que lo leí. Reflejo de una realidad que en algunos aspectos se mantiene. A día de hoy, por ejemplo, los políticos y tertulianos se sorprenden todos los inviernos cuando llueve torrencialmente. Tal vez deberíamos leer más a George Sand y escuchar menos a al politiqueo sobre las bondades de la temporada baja de invierno: “No se comprende como los mallorquines toman tan pocas precauciones contra esas plagas del viento y de la lluvia. Su ilusión o su fanfarronería es tan grande, desde este punto de vista, que niegan absolutamente esas inclemencias accidentales, pero serios, de su clima. Hasta el fin de los dos meses de diluvio que tuvimos que aguantar nos sostuvieron que no llovía jamás en Mallorca”.  Los palmesanos, por cierto, se continúan indignando porque no hay un buen sistema de drenaje en la ciudad. Dos siglos después.

El retrato del carácter mallorquín perdura y uno no puede mas que sonreír al leer que “la prudencia del español y la desconfianza del insular son tales que un extranjero no puede hacer a nadie la menor pregunta sin pasar por un espía político”. Pero es obvio que mucho ha cambiado en Baleares desde el siglo XIX con una infraestructura turística que no solo ha creado un entorno habitable para millones de turistas que todos los años eligen las islas para pasar sus vacaciones sino que se ha sabido globalizar en todo el mundo, invirtiendo allende los mares y atrayendo empresas de primer orden que se se han establecido en Baleares debido a su personal altamente cualificado.

Una estampa poco idílica de Mallorca que muchos considerarán injusta pero de la que se pueden extraer lecciones para que continuemos avanzando en lugar de recorrer a la inversa un camino que solo traía atraso y pobreza. No todas las palabras que nos dedicó George Sand eran negativas, del paisaje escribió que “la palmera se inclina por si misma sobre los precipicios, sin que la brisa caprichosa desarregle la majestad de su belleza, y hasta el menor cactus desmedrado al borde del camino, todo parece mostrarse con una especie de vanidad para recrear la vista” que remataba asegurando que “en Mallorca no pude establecer comparación alguna con otros sitios conocidos. Los hombres, las casas, las plantas y hasta los más pequeños guijarros del camino, tenían un carácter típico. Mis hijos estaban tan admirados que hacían colecciones de todo, y querían llenar nuestras maletas de aquellas hermosas piedras de cuarzo y de mármoles veteados de todos colores, de que están formados los muros de piedras secas que cierran todos los cercados. Así es que los campesinos, viéndonos recoger hasta las ramas muertas, nos tomaban por boticarios, o nos miraban como verdaderos idiotas. Incluso de manera casi profética atisbó el potencial turístico que los mallorquines han sabido explotar: “si la civilización europea llegase a tal grado de adelanto que pudiese suprimir las aduanas y los carabineros, manifestaciones visibles de las desconfianzas y antipatías nacionales, si la navegación a vapor estuviese organizada directamente desde nuestra tierra a esas regiones, Mallorca podría muy pronto competir con Suiza, pues se podría ir allá en muy poco tiempo y se encontrarían, a no dudarlo, bellezas tan delicadas y grandezas tan extrañas y sublimes que ofrecerían a la pintura nuevos manantiales”.

Sea pues la ambición de los mallorquines la de competir con Suiza y no con Corea del Norte. Que el ruido de  los políticos y sus altavoces mediáticos no consigan cerrar al mundo una sociedad dinámica y prospera como la balear. No volvamos a mirarnos al ombligo.

Cartas venezolanas (III): No con mi voto

Estimado C,

¿Cómo hemos llegado a esto? Entiendo que te parezca extraño que estemos recorriendo un camino tan parecido al que ya recorrieron otros. No seremos los primeros que no escarmentamos en cabeza ajena y ellos han sabido capitalizar como nadie la frustración de la gente hacia la clase política. Tal vez necesitemos probar otra vez la amarga medicina para desarrollar de nuevo anticuerpos contra los totalitarios pero corremos el riesgo de enfermar por largo tiempo.

¿Cómo encarar esta amenaza? En Venezuela la desunión y la falta de entendimiento de la oposición por personalismos y ambiciones personales allanaron el camino del chavismo. Temo que en España hayamos cometido ese mismo error, mientras que los extremistas se han unido los partidos clásicos y moderados discuten entre ellos. Y no parece que puedan llegar a acordar nada.

Los enemigos de la democracia siempre aprovechan sus debilidades, deberíamos tener perspectiva para hacerles frente. El sistema electoral puede ser su mejor aliado en esta ocasión por lo que deberíamos actuar en consecuencia, o al menos yo así lo voy a hacer. Sé que el voto de uno es marginalmente despreciable pero la suma de todos si puede marcar la diferencia por lo que espero que esta reflexión sea compartida por otros. Ya sabes que yo me considero liberal-libertario pero me parece que votar a según que partidos -como en mi caso podría ser el P-Lib- es en esta ocasión suicida. Un voto que puede dejar hoy nuestra conciencia tranquila pero que a medio plazo harán que nuestras condiciones reales de vida empeoren porque todos sabemos que no van a producir representación. No vivimos en el mundo de las ideas sino en este mundo en el que las acciones del gobierno que tendremos los próximos años afectarán a nuestras vidas. Nos encontramos en una situación excepcional y el pragmatismo se impone al idealismo o de lo contrario caeremos en el pecado que Paul Johnson denunció en su libro “Intelectuales” al pensar que las ideas son más importantes que las personas.

Me preguntas que te aconseje a quién votar pero yo solo puedo decirte a quién votaré yo y las razones. Votaré al partido con más opciones de sacar más escaños en mi circunscripción, por nuestro sistema electoral creo que es la mejor forma de favorecer un gobierno alternativo al de Podemos y comunistas. Las siglas son lo de menos, de hecho habría votado a una coalición PSOE-Ciudadanos si se hubieran presentado juntos a pesar de ser un anti socialista declarado. Tal vez mi voto no sirva de mucho pero no facilitaré un gobierno de Podemos y los comunistas con mi abstención o mi soberbia intelectual. Y si aún así no sirve de nada llegará un día que miraré atrás y al menos podré recordar que no fue gracias a mi voto.

Espero que estas reflexiones te sirvan. Un abrazo,

Cartas venezolanas (II): ¿Madrid será como Caracas?

Querido C,

Me preguntas si Madrid será como Caracas y te quiero responder rotundamente: No. España no es Venezuela, y tampoco lo son Bolivia o Argentina. No obstante un gobierno de Podemos iniciaría un proceso constituyente similar al bolivariano. En su discurso no dejan de mencionar que quieren un “nuevo país” y que estamos atravesando “una segunda transición”. Para ello no hablan de reforma constitucional que debería cumplir las mayorías y requisitos de nuestra Constitución sino de poder constituyente, un poder “originario” que por ser anterior a la Carta Magna (la voluntad popular que sostiene la soberanía nacional) estaría por encima de la misma con capacidad de hacer y deshacer cualquier normativa vigente.

¿Qué tipo de país saldría de este proceso? Para empezar deberían lidiar con una de las contradicciones entre “soberanía popular” y “estado plurinacional”. Si existen varias naciones todas ellas son diferentes pueblos y cada una podría iniciar su propio proceso constituyente. El encaje es complicado pero no imposible, de hecho la vía “boliviana” es una de las opciones decretando un estado plurinacional en el que diferentes minorías están hiperprotegidas por el Estado aunque el liderazgo centralizado se mantiene intacto.

Económicamente el camino se parecería más a la argentinización de España, con una vuelta a una moneda propia y soberana que puedan controlar los políticos españoles, es decir, los podemitas. Todos los sueldos públicos (incluso si se crean 3 millones de funcionarios) o pensiones se pueden seguir pagando si uno tiene en propiedad la maquina de imprimir billetes. El problema es que esos billetes se devalúan, el poder adquisitivo de la gente se desploma, hay hiperinflación y no hay quien pague la deuda externa en otra moneda. Eso sí, las cuentas estatales cuadrarían perfectamente y la contabilidad sobre el papel sería ejemplar. Ni siquiera tendrían que subir impuestos porque imprimirían más billetes para pagar los salarios públicos. La deuda externa y la balanza comercial sufrirían y todo lo que no se produce en España sería, sencillamente, inalcanzable hasta para los más pudientes.

Cabe la posibilidad de que opten por mantenerse en el euro y subir impuestos. Dicen que España tiene un problema de ingresos pero no de gastos, así que si aumenta la recaudación todos nuestros problemas desaparecerían. Primero se los subirán a los más ricos, se recaudará igual o menos y volverán a subirlos hasta asfixiar aun más a la clase media que sostiene al Estado. Entre tanto, quien pueda irá sacando el dinero. Los proyectos empresariales dejarán de tener financiación y se dejará de crear empleo, empresarios y profesionales más cualificados abandonarán el país en cuanto tengan la menor oportunidad. Aquí, en la España podemita irán quedando los que no puedan irse, los que hayan tenido menos oportunidades en la vida. El drama del populismo es que surge como esperanza de los más desafortunados pero a su vez se ceba con ellos.

Los hiperliderazgos, además, cogen tics y formas del propio caudillo. Pablo Iglesias tampoco es Hugo Chávez y de ambas personalidades pueden salir regimenes similares pero diferentes así que no tendremos ese punto bananero circense. La cúpula podemita no deja de estar formada por profesores universitarios así que nos podemos ir acostumbrando a recibir lecciones profesoriles y cientifistas desde el gobierno. La emotividad estará a flor de piel al igual que la sexualización del discurso público, entre risas y bajas pasiones todo entra mejor.

También me preguntas por qué estoy tan seguro de que tomaran esta senda y no la de la moderación. Es cierto que el poder y el pragmatismo amansan las ideas más radicales pero nos encontramos ante un grupo de poder reducido y fanatizado. Recuerdo que Carolina Bescansa en sus clases de “Comunicación Política y Campañas Electorales” nos enseñaba el arte de pastorear a los electores, tal vez ellos no sabían lo que les convenían pero la tarea de la comunicación política era que el político se los metiera en el bolsillo para conseguir sus fines. La moderación en las formas y en el discurso es pura táctica porque lo importante es alcanzar el poder y así aplicar sus políticas para hacer realidad su utopía, ese nuevo país.

Un fuerte abrazo,

Cartas venezolanas: Recuerdos de Somosaguas

Querido C,

Tiempo atrás, hará unos diez años, discutimos sobre el chavismo que yo ya veía como una dictadura mientras que otros no lo veías así. Las palabras se las lleva el viento pero ya entonces escribía alertando de las dictaduras legitimadas con apariencia democrática. En aquella época se tomaron las decisiones que han desembocado en la pauperización actual, los venezolanos tomaron un camino que les conducía a la ruina. Sí, los venezolanos, porque muchos de los que se quejan hoy vieron con buenos ojos las promesas chavistas de ayer, e incluso votaron a Chávez. La situación actual es preocupante, se mantiene el circo con Maduro pero ya no queda, literalmente, pan para un pueblo que tiene que hacer colas interminables para conseguir comida y productos de primera necesidad. En medio de este caos solo ganan la nomenklatura chavista y los pillos del mercado de negro, que se abre paso entre las prohibiciones y la necesidad. Mientras tanto, la gran mayoría de venezolanos sufre.

No es que yo sea más listo que otros sino que había podido ver el chavismo en acción en mi propia Facultad. La conexión Caracas-Somosaguas funcionaba con fluidez, profesores y alumnos iban y venían a Venezuela, eran entrevistados, asesoraban o asistían a programas de posgrado allí. A cambio se le otorgó una medalla al mismo Hugo Chávez en nuestra Facultad que recibió escoltado de militares con el aplauso de esa mismas personas y el silencio de la mayoría. Ahora sabemos también que además de sus convicciones populistas, el dinero motivaba a estos profesores que, a través de la fundación CEPS recibieron grandes sumas de dinero. Entre estos “intelectuales” comprometidos destaca Monedero, autor del “chaveznuestro” que llegó a cobrar 425.000 euros por un informe que todavía no ha enseñado. Esa gente es la que unos años después fundó Podemos y ahora, en coalición con los comunistas, pueden convertirse en el segundo partido más votado de España.

No es extraño que los podemitas más listos -y gramscianos- escondan a Monedero, pero su historial corre en paralelo con el de Podemos. Podemos no es el fruto de la indignación política sino el enésimo asalto a la democracia española de un grupo de intelectuales comunistas. Cuando “España iba bien” su discurso no calaba en las masas e intentaron influir en otros grupos de izquierda radical como Izquierda Anticapitalista o la propia Izquierda Unida de la que Monedero e Iglesias fueron asesores. No tuvieron éxito pero sí lo obtuvieron en el ensayo general del 15M, la campaña del “No a la Guerra” en la que destacaron en su organización a pesar de que políticamente fue capitalizada por el PSOE de Zapatero.

Entre tanto, fueron creando asociaciones en la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas (Contrapoder para el alumnado y La Promotora como red de profesores) como caldo de cultivo que más tarde proveería de cuadros a Podemos. Organizaron desde el escrache a Rosa Díez hasta el recibimiento a Evo Morales en la facultad (“compañero presidente” dijo la hoy concejala Rita Maestre). De hecho, en el segundo boicot a Rosa Díez el que hoy es senador del reino de España, Ramón Espinar (entonces no recordaba su nombre), no dudó en señalarme con la fe del inquisidor ante las turbas. Poco a poco tomaron todos los resortes de poder de la Facultad hasta conquistar el decanato y la hegemonía mientras que muchos profesores optaban por el exilio profesional en otras universidades, la prejubilación o el perfil bajo. Antonio Elorza ha sido de los pocos que alzaron la voz públicamente para alertar de lo que puede suponer la podemización de la política española.

El buenismo zapateril y años de educación estatista (de esto te hablaré en la próxima carta) pusieron la alfombra para que tras una severa crisis económica aprovecharan la frustración de expectativas de la gente. Esto tampoco es de mi cosecha, era lo que nos enseñaba Vestrynge en clase, mantenía el antiguo secretario general de Alianza Popular con Fraga que las revoluciones ya no las haría el partido comunista como vanguardia del proletariado y los parias de la tierra sino que sería obra de los populistas aupados por una sociedad frustrada al ver que sus expectativas de vida no eran malas ni les faltaba pan pero sí que eran peores que las de sus padres. El éxito de Podemos ha sido recoger esta frustración popular para llegar al poder democráticamente como en su día hizo su admirado Hugo Chávez. La indignación de los votantes es comprensible y compartida, como también lo fue la de los venezolanos en su día, y como ellos terminarán defraudados al haber sido utilizados por estos lobos que, como Chávez, se han vestido de corderos para utilizarlos. Muchos de sus votantes -otros no, son convencidos partidarios del comunismo- están siendo sus primeras víctimas aunque todavía no lo sepan.

No es de extrañar que no quieran que se hable de Venezuela e intenten borrar su pasado reciente. Pero los hechos están ahí, al igual que el dinero que recibieron. ¿Se financió Podemos con dinero del régimen chavista? Tal vez no directamente en su contabilidad pero no cabe duda de la relación existente al financiar a sus dirigentes que a su vez financiaron la propaganda mediática que terminó conformando Podemos. Lo reconocieron ellos mismos.

No quiero agotarte más, te preguntarás por qué escribo ahora. Me desanima ver como se repite una historia que ya sufrí en la Facultad pero creo que el relato en perspectiva es preocupante. No quiero callar estas reflexiones antes de que sea demasiado tarde aunque lleve años alertando de cómo la extrema izquierda ha ido conquistando esferas de poder dentro del sistema. Nada me gustaría más que estar equivocado.

Un fuerte abrazo,

La marcha Radetzky

Todos los martes Antonio Salazar invita a sus contertulios de La Gaveta a hacer alguna recomendación para los oyentes. En mi caso hoy he escogido un libro, “La marcha Radetzky“, que me vino a la mente al escuchar a Mariano Rajoy decir “confíen en mí, les irá bien”. En la novela, Joseph Roth relata la historia de una familia eslovena aupada a la aristocracia por el emperador Francisco José que cae en desgracia en paralelo al desmoronamiento del imperio Austro-húngaro mientras, el viejo emperador parece no darse cuenta de lo que acontece a su alrededor. 9788435018913

Pocas similitudes concretas entre la situación de este viejo reino y aquél imperio pero sí la sensación de un sistema caduco -el de los partidos tradicionales- que se desploma ante la incapacidad de los principales interesados en que se mantenga en pie.

En un momento del libro el protagonista termina una conversación con el siguiente pensamiento: “Este mundo ya no era el de antes. Estaba desapareciendo. Era ley que en el momento de desaparecer tuvieran razón los valles frente a las montañas, los jóvenes frente a los viejos, los necios frente a los sabios. El jefe de distrito calló.” De fondo casi se puede escuchar la marcha compuesta por Johan Strauss.

Políticos y huevos de oro

La fábula de la gallina que ponía huevos de oro es casi tan antigua como la política, y aunque pasan los siglos parece que no aprendemos nada. La historia es de sobra conocida y los regímenes políticos se pueden definir según la actitud que mantienen frente a la gallina de los huevos de oro que es el libre mercado. Los políticos más prudentes no atosigan a la gallina y de vez en cuando sustraen un huevo de oro del cesto sin molestar a la ponedora, un pequeño impuesto para financiar el Estado y los más irresponsables limpian el cesto en cada puesto y atosigan a la gallina para que ponga más huevos consiguiendo el efecto contrario. Cuando no quedan huevos de oro en el cesto el político solo tiene dos opciones, esperar a la nueva puesta o… comerse la gallina. Este caso extremo sería el del comunismo en el que se promete riqueza para todos a corto plazo a costa de impedir la riqueza futura.

Como si animales carroñeros fueran, los políticos imponen tasas e impuestos allí donde ven que se está generando riqueza. El sector turístico español es un ejemplo mundial y no es de extrañar que el politicastrerío se interese siempre por semejante gallina de los huevos de oro. Sin excepción, los socialistas de todos los partidos, consideran que los beneficios generados por el turismo son un botín que los empresarios del sector deben repartir con ellos. Solidaridad lo llaman.

Quienes ya empobrecieron en su día a la sociedad balear amenazan de nuevo con imponer otra ecotasa turística. En Canarias, el PSOE se ha descolgado con establecer por ley -ordeno y mando- una plantilla mínima en los hoteles del archipiélago. Siempre por el bien del sector, incluso candidatos a alcaldías como la de San Bartolomé de Tirajana en Gran Canaria proponen crear nuevos impuestos sobre el todo incluido. Son solo algunos ejemplos pero como estos pueden encontrarse cientos en toda España.

No satisfechos con apropiarse del cesto de huevos de las gallinas ajenas, pretenden enseñar a los hosteleros como deben satisfacer a sus clientes en esa soberbia que caracteriza a todo planificador. Semejante maraña reguladora y la amenaza de saqueo constante, dejan escaso margen a la iniciativa empresarial para satisfacer las necesidades de aquellos que libremente escogen sus establecimientos para disfrutar las vacaciones. No llegan al punto de matar a la gallina para comérsela (o expropiar) pero sí se entrometen en negocios que funcionan marcando directrices que de forma homogénea todos deben seguir, impidiendo la diferenciación y la mejora continua de un sector libre y competitivo. Cualquiera diría que la ambición última del político es convertirse en hostelero dictando normas en lugar de arriesgarse a abrir su propia empresa..

No hace falta que elucubremos sobre cómo serían los “hoteles públicos” gestionados por políticos porque ese modelo ya existe en España. Paradores de Turismo es una sociedad anónima de titularidad pública cuyo único accionista es la Dirección General de Patrimonio del Estado presidida por Ángeles Alarcó. Es posible que sus estándares de calidad y servicio sean altísimos pero de lo que no cabe duda de que es una ruina en manos de políticos. Ni reestructuraciones ni ERE’s han impedido que seis de cada diez paradores estén en pérdidas, datos devastadores si se tiene en cuenta la rentabilidad y excelencia mundial que consigue el sector hotelero español a pesar del gobierno.

Recordemos la sabiduría que esconde la fábula atribuida a Esopo y no atosiguemos ni matemos a la gallina de los huevos de oro, mantengamos a los políticos alejados de nuestros cestos.

La selección de los peores

Los nuevos partidos cabalgan desbocados sobre las encuestas electorales rompiendo el bipartidismo de las últimas décadas. Lo que no parecen quebrar es la partitocracia, que resiste en su fondo y forma en las nuevas formaciones que imitan a la vieja política con el objetivo de sustituir a la casta en lugar de terminar con ella.

Todos estos partidos se enfrentan al problema de un crecimiento rápido en zonas en las que hasta ahora no tenían implantación. No es de extrañar que tengan que afrontar la infiltración de grupos organizados en sus filas como le ha ocurrido a Ciudadanos en Getafe o a Podemos en La Rioja. E incluso, a su lenta desintegración como parece que le está ocurriendo a UPyD con casos de transfuguismo hacia el sol que más calienta, que ahora parece ser la candidatura de Albert Rivera.

Frente a la visión idealizada de primarias y asambleas la cruda realidad de la jerarquía burocrática en los partidos se ha ido imponiendo en las nuevas formaciones. De poco sirven votar cuando existe un hiperliderazgo previo en el que no hay alternativas reales (es el caso de Pablo Iglesias, Albert Rivera o Rosa Díez) o un blindaje estatuario que otorga el control de facto a la cúpula en ese momento. Por muy nuevos y reformistas que sean todos estos partidos han acelerado el paso imitando a la casta que tanto critican. No es de extrañar, PP y PSOE huelen a muerto y saben que el momento es ahora o nunca, estén preparados o no, y si no hay candidaturas en todas las autonomías y municipios importantes se hacen de la nada con el primero que pase por allí.

Montar una estructura de partido en un lugar tan amplio y diverso como España es complicado, y es uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan las formaciones emergentes. La experiencia de los políticos profesionales frente a la improvisación de los aspirantes a políticos profesionales. Pero la estructura solo es el envoltorio, el capital humano con el que rellenarla es lo más importante y no es fácil encontrar a gente capacitada y con un curriculum limpio para completar los centenares de puestos que no se pueden dejar en blanco en todas las listas (ayuntamientos, cabildos y consejos insulares, parlamentos autonómicos, Congreso y Senado). Muchos cestos y manzanas ya vendrán podridas o se pudrirán por el camino, tiempo al tiempo.

El personalismo es en todos ellos, incluso, más acentuado que en las formaciones tradicionales. Por el mismo modo en que se crearon y por lo reducido de sus incipientes cúpulas dirigentes los mismos candidatos parecen querer pluriemplearse en diferentes parlamentos. La lista de europarlamentarios podemita ha ido corriendo según iba enviando candidatos a diferentes autonomías españolas y terminará descabezada cuando el mismo líder de la Coleta sea comisionado para ocupar La Moncloa, ¿acaso alguien lo duda? El parlamentario catalán Rivera también dará, previsiblemente, el salto al parlamento nacional. No les queda otra, y es por eso que asambleas o primarias son en estos casos puro decorado.

La selección interna en los partidos políticos es lo contrario a la selección de los mejores, más allá de los métodos concretos -dedazos, primarias, listas abiertas o cerradas- el factor determinante es el objetivo de todo aquel que tiene ambición política: organizar las vidas de sus compatriotas con el dinero ajeno. El político profesional en democracia no es más que un distribuidor de rentas, quienes aspiran a la política solo confrontan formas concretas de planificación pública de acuerdo a la idea de bien común que tengan. La única alternativa real es la que promueve el Partido Libertario, reducir el Estado para devolver la soberanía y la prosperidad a la sociedad. No para planificar las vidas ajenas sino para que cada cual pueda organizar la suya.

A esto hay que añadir el hecho de la crisis percibida como una mala gestión de la res publica ha llevado a mucha gente a preocuparse más por la política e incluso a participar en ella. Se produce así el mismo efecto psicológico que se observa en los aficionados a un deporte que al ver perder a su equipo sobre el campo gritan corrigiendo las decisiones tácticas del entrenador o del presidente del equipo. En ningún momento pretenden una enmienda al sistema (el deporte en sí con sus reglas) sino a la gestión concreta (entrenador, jugadores, fichajes, etc.). Pese al fracaso del sistema estatal este grupo de gente -seguramente bienientencionada- continúa confiando en el sistema y en la aparición de un mesías político que vuelva a inflar la burbuja estatal. Desde luego, no todos proponen lo mismo y existen males menores… y peores. Allá cada cual el día que tenga que meter un sobrecito en la urna.

En todo este juego de tronos y mendicidades hay un caso que me parece ejemplar, casi luminoso. Juan Antonio Horrach, quien hasta hace unos días era número 1 en las listas de UPyD al parlamento balear dimitió por las causas que él mismo narra en este artículo. Muchos discreparán pero no alcanzo a ver mejor ejemplo de inteligencia y hombre preocupado por el bien público del que entiende que debe dar un paso atrás incluso antes de alcanzar la moqueta y el coche oficial. Tal vez era demasiado bueno, la política es un lodazal del que es mejor mantenerse alejado.