La marcha Radetzky

Todos los martes Antonio Salazar invita a sus contertulios de La Gaveta a hacer alguna recomendación para los oyentes. En mi caso hoy he escogido un libro, “La marcha Radetzky“, que me vino a la mente al escuchar a Mariano Rajoy decir “confíen en mí, les irá bien”. En la novela, Joseph Roth relata la historia de una familia eslovena aupada a la aristocracia por el emperador Francisco José que cae en desgracia en paralelo al desmoronamiento del imperio Austro-húngaro mientras, el viejo emperador parece no darse cuenta de lo que acontece a su alrededor. 9788435018913

Pocas similitudes concretas entre la situación de este viejo reino y aquél imperio pero sí la sensación de un sistema caduco -el de los partidos tradicionales- que se desploma ante la incapacidad de los principales interesados en que se mantenga en pie.

En un momento del libro el protagonista termina una conversación con el siguiente pensamiento: “Este mundo ya no era el de antes. Estaba desapareciendo. Era ley que en el momento de desaparecer tuvieran razón los valles frente a las montañas, los jóvenes frente a los viejos, los necios frente a los sabios. El jefe de distrito calló.” De fondo casi se puede escuchar la marcha compuesta por Johan Strauss.

Políticos y huevos de oro

La fábula de la gallina que ponía huevos de oro es casi tan antigua como la política, y aunque pasan los siglos parece que no aprendemos nada. La historia es de sobra conocida y los regímenes políticos se pueden definir según la actitud que mantienen frente a la gallina de los huevos de oro que es el libre mercado. Los políticos más prudentes no atosigan a la gallina y de vez en cuando sustraen un huevo de oro del cesto sin molestar a la ponedora, un pequeño impuesto para financiar el Estado y los más irresponsables limpian el cesto en cada puesto y atosigan a la gallina para que ponga más huevos consiguiendo el efecto contrario. Cuando no quedan huevos de oro en el cesto el político solo tiene dos opciones, esperar a la nueva puesta o… comerse la gallina. Este caso extremo sería el del comunismo en el que se promete riqueza para todos a corto plazo a costa de impedir la riqueza futura.

Como si animales carroñeros fueran, los políticos imponen tasas e impuestos allí donde ven que se está generando riqueza. El sector turístico español es un ejemplo mundial y no es de extrañar que el politicastrerío se interese siempre por semejante gallina de los huevos de oro. Sin excepción, los socialistas de todos los partidos, consideran que los beneficios generados por el turismo son un botín que los empresarios del sector deben repartir con ellos. Solidaridad lo llaman.

Quienes ya empobrecieron en su día a la sociedad balear amenazan de nuevo con imponer otra ecotasa turística. En Canarias, el PSOE se ha descolgado con establecer por ley -ordeno y mando- una plantilla mínima en los hoteles del archipiélago. Siempre por el bien del sector, incluso candidatos a alcaldías como la de San Bartolomé de Tirajana en Gran Canaria proponen crear nuevos impuestos sobre el todo incluido. Son solo algunos ejemplos pero como estos pueden encontrarse cientos en toda España.

No satisfechos con apropiarse del cesto de huevos de las gallinas ajenas, pretenden enseñar a los hosteleros como deben satisfacer a sus clientes en esa soberbia que caracteriza a todo planificador. Semejante maraña reguladora y la amenaza de saqueo constante, dejan escaso margen a la iniciativa empresarial para satisfacer las necesidades de aquellos que libremente escogen sus establecimientos para disfrutar las vacaciones. No llegan al punto de matar a la gallina para comérsela (o expropiar) pero sí se entrometen en negocios que funcionan marcando directrices que de forma homogénea todos deben seguir, impidiendo la diferenciación y la mejora continua de un sector libre y competitivo. Cualquiera diría que la ambición última del político es convertirse en hostelero dictando normas en lugar de arriesgarse a abrir su propia empresa..

No hace falta que elucubremos sobre cómo serían los “hoteles públicos” gestionados por políticos porque ese modelo ya existe en España. Paradores de Turismo es una sociedad anónima de titularidad pública cuyo único accionista es la Dirección General de Patrimonio del Estado presidida por Ángeles Alarcó. Es posible que sus estándares de calidad y servicio sean altísimos pero de lo que no cabe duda de que es una ruina en manos de políticos. Ni reestructuraciones ni ERE’s han impedido que seis de cada diez paradores estén en pérdidas, datos devastadores si se tiene en cuenta la rentabilidad y excelencia mundial que consigue el sector hotelero español a pesar del gobierno.

Recordemos la sabiduría que esconde la fábula atribuida a Esopo y no atosiguemos ni matemos a la gallina de los huevos de oro, mantengamos a los políticos alejados de nuestros cestos.

La selección de los peores

Los nuevos partidos cabalgan desbocados sobre las encuestas electorales rompiendo el bipartidismo de las últimas décadas. Lo que no parecen quebrar es la partitocracia, que resiste en su fondo y forma en las nuevas formaciones que imitan a la vieja política con el objetivo de sustituir a la casta en lugar de terminar con ella.

Todos estos partidos se enfrentan al problema de un crecimiento rápido en zonas en las que hasta ahora no tenían implantación. No es de extrañar que tengan que afrontar la infiltración de grupos organizados en sus filas como le ha ocurrido a Ciudadanos en Getafe o a Podemos en La Rioja. E incluso, a su lenta desintegración como parece que le está ocurriendo a UPyD con casos de transfuguismo hacia el sol que más calienta, que ahora parece ser la candidatura de Albert Rivera.

Frente a la visión idealizada de primarias y asambleas la cruda realidad de la jerarquía burocrática en los partidos se ha ido imponiendo en las nuevas formaciones. De poco sirven votar cuando existe un hiperliderazgo previo en el que no hay alternativas reales (es el caso de Pablo Iglesias, Albert Rivera o Rosa Díez) o un blindaje estatuario que otorga el control de facto a la cúpula en ese momento. Por muy nuevos y reformistas que sean todos estos partidos han acelerado el paso imitando a la casta que tanto critican. No es de extrañar, PP y PSOE huelen a muerto y saben que el momento es ahora o nunca, estén preparados o no, y si no hay candidaturas en todas las autonomías y municipios importantes se hacen de la nada con el primero que pase por allí.

Montar una estructura de partido en un lugar tan amplio y diverso como España es complicado, y es uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan las formaciones emergentes. La experiencia de los políticos profesionales frente a la improvisación de los aspirantes a políticos profesionales. Pero la estructura solo es el envoltorio, el capital humano con el que rellenarla es lo más importante y no es fácil encontrar a gente capacitada y con un curriculum limpio para completar los centenares de puestos que no se pueden dejar en blanco en todas las listas (ayuntamientos, cabildos y consejos insulares, parlamentos autonómicos, Congreso y Senado). Muchos cestos y manzanas ya vendrán podridas o se pudrirán por el camino, tiempo al tiempo.

El personalismo es en todos ellos, incluso, más acentuado que en las formaciones tradicionales. Por el mismo modo en que se crearon y por lo reducido de sus incipientes cúpulas dirigentes los mismos candidatos parecen querer pluriemplearse en diferentes parlamentos. La lista de europarlamentarios podemita ha ido corriendo según iba enviando candidatos a diferentes autonomías españolas y terminará descabezada cuando el mismo líder de la Coleta sea comisionado para ocupar La Moncloa, ¿acaso alguien lo duda? El parlamentario catalán Rivera también dará, previsiblemente, el salto al parlamento nacional. No les queda otra, y es por eso que asambleas o primarias son en estos casos puro decorado.

La selección interna en los partidos políticos es lo contrario a la selección de los mejores, más allá de los métodos concretos -dedazos, primarias, listas abiertas o cerradas- el factor determinante es el objetivo de todo aquel que tiene ambición política: organizar las vidas de sus compatriotas con el dinero ajeno. El político profesional en democracia no es más que un distribuidor de rentas, quienes aspiran a la política solo confrontan formas concretas de planificación pública de acuerdo a la idea de bien común que tengan. La única alternativa real es la que promueve el Partido Libertario, reducir el Estado para devolver la soberanía y la prosperidad a la sociedad. No para planificar las vidas ajenas sino para que cada cual pueda organizar la suya.

A esto hay que añadir el hecho de la crisis percibida como una mala gestión de la res publica ha llevado a mucha gente a preocuparse más por la política e incluso a participar en ella. Se produce así el mismo efecto psicológico que se observa en los aficionados a un deporte que al ver perder a su equipo sobre el campo gritan corrigiendo las decisiones tácticas del entrenador o del presidente del equipo. En ningún momento pretenden una enmienda al sistema (el deporte en sí con sus reglas) sino a la gestión concreta (entrenador, jugadores, fichajes, etc.). Pese al fracaso del sistema estatal este grupo de gente -seguramente bienientencionada- continúa confiando en el sistema y en la aparición de un mesías político que vuelva a inflar la burbuja estatal. Desde luego, no todos proponen lo mismo y existen males menores… y peores. Allá cada cual el día que tenga que meter un sobrecito en la urna.

En todo este juego de tronos y mendicidades hay un caso que me parece ejemplar, casi luminoso. Juan Antonio Horrach, quien hasta hace unos días era número 1 en las listas de UPyD al parlamento balear dimitió por las causas que él mismo narra en este artículo. Muchos discreparán pero no alcanzo a ver mejor ejemplo de inteligencia y hombre preocupado por el bien público del que entiende que debe dar un paso atrás incluso antes de alcanzar la moqueta y el coche oficial. Tal vez era demasiado bueno, la política es un lodazal del que es mejor mantenerse alejado.

El tirano según Platón

“¿No pasa que durante los primeros días y el primer momento sonríe y saluda a todo aquel que encuentra, dice no ser tirano, promete muchas cosas en privado y público, libera de deudas y reparte tierras entre el pueblo y los de su séquito, y trata de pasar por tener modales amables y suaves con todos?”

“Así también cuando el protector del pueblo recibe una masa obediente, empapa sus manos en la sangre de sus conciudadanos; en virtud de injustas acusaciones, que son demasiado frecuentes, lleva a la gente a los tribunales y la asesina, bañando su lengua y su boca impía en la sangre de sus parientes y amigos diezma al Estado, valiéndose del destierro y de las cadenas, y propone la abolición de las deudas y una nueva división de las tierras, ¿no es después de esto forzosamente fatal que semejante individuo perezca a manos de sus adversarios o que se haga tirano y de hombre se convierta en lobo?”

Libro VIII de La República

Monedero le debe 212.500 euros

mrossello:

¿Creéis que Monedero pagará lo que le debe a este buen señor?

Originalmente publicado en Essais:

B9PQFvRCEAEu7DA

J’ai toujours eu le plus grand mal à maquiller la vérité.

Les Faux-Monnayeurs. André Gide

A  principios de noviembre de 2013 intercambié tweets con Juan Carlos Monedero, el ex número dos –parece que lo han degradado en las últimas horas, creo que ahora mismo es el número cinco– de Podemos, esa versión castiza del chavismo.

La librería Ramón Llull de España promocionaba en su cuenta la presentación de un libro de este Platón en Siracusa ibérico (Curso urgente de política para gente decente, sé que el título parece una burla cínica pero no lo es) y yo les respondí diciendo que era un pendejo, que había asesorado a un sátrapa –ese al que sus acólitos llaman hoy Comandante Supremo– cobrando muy buen dinero robado a los venezolanos por ello y además que sus libros servirían mejor como papel higiénico.

Lo cierto es que el mismo Monedero contestó a…

Ver original 899 palabras más

Ya han ganado

Nuestro siglo XXI comenzó a construirse sobre los escombros de las Torres Gemelas tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. No era el primero pero sí marcó un punto de inflexión y empezó a escucharse aquello de “Guerra contra el Terror”. Tampoco fue el último, ha habido atentados de diferentes franquicias yihadistas en Moscú, Madrid, Amsterdam, Londres, Bruselas o París… Por nombrar solo algunas de las más importantes capitales del mundo sin por ello menospreciar a todas las víctimas que en ciudades grandes o pequeños poblados de Oriente u Occidente en mediáticas explosiones o en silenciosas decapitaciones han pagado con sangre el precio de su libertad. No nos encontramos ante un fenómeno nuevo sino ante ataques recurrentes que no son organizados por la misma persona o grupo pero si comparten el objetivo común de destruir las sociedades abiertas e imponer un régimen islámico radical. Comparten también los medios: el asesinato indiscriminado de inocentes. La amenaza es real y todos somos su objetivo.

Recuerdo que Richard Perle, uno de los asesores de George W. Bush, en una conferencia a la que pude asistir en el año 2003, respondió a la pregunta “¿por qué Irak?” diciendo que “alguno tenía que ser el primero”. Los neocon tenían una idea clara y un plan para derrotar al enemigo terrorista que consistía en llevar la guerra contra el Terror a sus últimas consecuencias transformando las dictaduras islamistas en democracias que dejaran de sembrar el odio entre sus ciudadanos para atajar el terrorismo en su origen. Acertado o equivocado este plan nunca se llevó a cabo más allá de sus primeros capítulos y fue sustituido por una retirada paulatina y el apaciguamiento. Esta visión estatista del conflicto está siendo superada por los hechos y la hegemonía estadounidense como gendarme global se encuentra en decadencia, desgastada por la incapacidad y la inacción.

Los últimos ataques terroristas en París no serán, desgraciadamente, los últimos. Las mismas preguntas y falta de resolución que aparecieron en el lejano 2001 reaparecen casi catorce años después. Los políticos convocan cumbres y la gente se concentra en las calles encendiendo velas para recordar a los muertos mientras que los terroristas continuarán matando y nada de esto les conmoverá. No todos “somos Charile Hebdo” porque muchos de los que ahora se solidarizan con el semanario pidieron en su momento que se censurase, tal y como exigían sus asesinos. El asesinato de Theo Van Gogh tampoco tuvo consecuencias y la única solución que parece confortar a todo el mundo es pagar rescates e intercambiar prisioneros con la vana esperanza de que los terroristas dejen de matar o, al menos, maten a otros.

Los yihadistas tienen la determinación de imponer su utopía religiosa por las buenas o por las malas mientras que nosotros tan solo tenemos la determinación de continuar nuestras vidas evitando cualquier tipo de sacrificio. Ya han ganado.

 

 

 

Vivir sin riesgos

Vivimos en una sociedad que cree que podemos vivir sin asumir riesgos, que el ser humano es capaz de controlarlo y preveerlo todo. La gente busca seguridad y el Estado refuerza la idea de que bajo su protección un mundo nuevo y perfecto sería posible. Nada más alejado de la realidad, la falsa idea de seguridad que depositamos en el progreso humano y en su iglesia (el Estado) choca frontalmente con la naturaleza humana.

En cierto modo, muchos se creen todopoderosos, hijos del hombre nuevo de Nietzsche sin necesidad de arrodillarse ante nada ni nadie, y que su voluntad puede transformar la realidad. La naturaleza humana no es ilimitada, estamos sometidos a la leyes de la naturaleza (y para los creyentes al plan divino), pensar que podemos escapar de ellas resulta infantil. De ahí se deriva en muchos casos el tabú sobre la muerte, o las enfermedades que la sociedad actual trata de esconder e incluso eliminar mediante el aborto eugenésico asumiendo que alguien que no está 100% sano no merece vivir.

No somos perfectos ni lo seremos, se pueden minimizar los riesgos y tomar precauciones pero siempre se producirán accidentes. Los políticos no tienen la culpa de los accidentes. Evitar el contagio de enfermedades o las consecuencias de orinar sobre una farola exceden en mucho la capacidad mágica que los estatólatras conceden a los burócratas. Aunque algunos se empeñen en hacer del Ébola el nuevo Prestige para criticar al gobierno lo cierto es que, a pesar de que se siguieran los protocolos de seguridad, cualquier cosa pudo terminar por contagiar el virus a la auxiliar. No debería extrañarnos, desgraciadamente es un riesgo al que los profesionales sanitarios están sometidos pese a todas las precauciones que toman. A lo largo de su carrera se ven expuestos a enfermedades sin cura y en alguna ocasión pueden contagiarse. Y no es necesario traer el Ébola a España, se puede pensar también en otros virus cono el de la Hepatitis.

En este sentido llama la atención que quienes defienden la solidaridad con el dinero ajeno y la ausencia de fronteras migratorias sean tan mezquinos como para negar un tratamiento que podría salvar la vida a un enfermo o darle la oportunidad de una buena muerte. ¿Qué se debería hacer entonces con los portadores del VIH? Tal vez estas mentes pensantes propondrían campos de concentración para asegurar su propio bienestar… A pesar de que algunas dolencias no tienen todavía cura el capitalismo avanza y es capaz de mejorar la calidad de vida de los enfermos con distintos fármacos y tratamientos sin excluirlos de la sociedad.

Vivir sin riesgos no sería vivir, tendríamos que permanecer aislados en una burbuja y aún así algo o alguien podría pincharla. Y aún suponiendo que consiguiéramos un entorno de aislamiento perfecto, ¿qué tipo de vida sería esa? Asumir nuestras limitaciones y responsabilidades es la única forma de progresar día a día. No tengamos miedo a la vida.

 

Paga la fiesta pero no la disfrutes

Los estatistas critican a Juan Ramón Rallo por aparecer en la televisión pública, como si él no fuera uno más de los contribuyentes que la sostienen. Solo faltaría que los liberales tuviéramos que pagar los servicios estatales pero estar vetados en ellos. Si TVE es “de todos” también debe poder escucharse en sus programas que estaríamos mejor sin TVE. Pero como siempre los partidarios de aumentar la intervención del Estado en nuestras vidas pretenden controlar lo público como un cortijo silenciando y estigmatizando a quien pueda llevarles la contraria.

No se trata de un caso aislado, es habitual que en los debates el progre acuse al liberal por estar utilizando servicios estatales -una definición mucho más exacta pues “servicios públicos” también lo son los que ofrecen las empresas privadas como, por ejemplo, los bares que tanto gustan a los sindicalistas- con el objetivo de deslegitimar por este camino al defensor del mercado libre. La realidad es que los impuestos son de obligatorio pago para todos, incluidos los liberales. Así que mientras eso no cambie tanto derecho tienen a utilizar los servicios estatales sus defensores como sus detractores. Ojalá existiera la figura del objetor pero no hay resquicio a través del cual el individuo pueda escapar a la voracidad recaudatoria del Leviatán. De hecho, el Estado solo permite una excepción: sus funcionarios civiles tienen el privilegio de elegir la sanidad privada en lugar de la pública.

La ambición de los colectivistas es que otros les paguen la fiesta pero no puedan disfrutarla. Argumento tan débil se vuelve en su contra; en el fondo tienen razón, Juan Ramón Rallo no debería aparecer en la televisión pública… pero ellos tampoco. Simplemente no debería existir televisión pública. 

 

Las cuelgasujetadores

Unas mujeres de progreso han decidido rodear el ayuntamiento de Valladolid con sujetadores para exigir la dimisión del alcalde (del PP) por su machismo. Ada Colau ha sido una de las promotoras de este “escrache de sujetadores” sin caer en la cuenta de que se trata de un invento antiguo, y si no que se lo pregunten a Jesulín.

Resulta revelador el hecho de que no se hayan quitado ni el sujetador ni las bragas para criticar al alcalde de Toledo por algo que dijo ese mismo día. ¿La diferencia? El alcalde de Toledo es de la PSOE, y como es miembro de “la gran familia progre” puede ser todo lo machista que quiera. Todavía estamos a la espera de que las autodenominadas feministas cuelgasujetadores le organicen una sola performance al actual presidente del PSOE vasco que en su día agredió a su mujer con un paraguas. Podemos esperar sentados.

Este pintoresco suceso veraniego sólo es una anécdota pero muestra la hipocresía y sectarismo con el que actúan estas gentes de progreso que en casos más graves pasa por disculpar o justificar cualquier tropelía siempre y cuando la cometa “uno de los suyos”.

Un buen programa de izquierdas

¿Qué os parecen estos puntos programáticos? ¿Os plantearíais votar al partido que los propusiera?

– Fomento de la contratación indefinida y de calidad. Evitando la temporalidad, los despidos indiscriminados y los contratos basura.

– Participación de los trabajadores en la gestión de las empresas. Es el medio de alcanzar la copropiedad y cogestión de las mismas.

– Mantenimiento de pensiones dignas. Especialmente las no contributivas.

– Eliminación de las privilegiadas pensiones que disfrutan los políticos.
A las que acceden trabajando una décima parte que el resto de los españoles. Regulación de las indemnizaciones por despido de los directivos de grandes empresas.

– El PP liberalizó el suelo favoreciendo el enriquecimiento de ayuntamientos, partidos políticos y constructoras. Trabajaremos para que el suelo no esté sometido a la ley de oferta y demanda, evitando precios de solares astronómicos, y rebajando el de la vivienda.

– Abaratamiento de la vivienda de protección oficial. Debe fomentarse el acceso a VPO de manera que el precio no suponga una barrera de entrada elevada para ciertos sectores con necesidades de vivienda.

– Favorecer el acceso a una vivienda de manera temporal.
Destinado a sectores en riesgo de exclusión, como desahuciados, jóvenes y divorciados.

– Ley hipotecaria que favorezca la dación en pago.
Porque no es normal que se arruine la vida de 500.000 familias españolas cada año, (187 cada día) las que tras perder su vivienda habitual y la que servía de aval, aún mantengan una deuda bancaria de por vida, conllevando una muerte social de facto.

– Fomento de la repoblación de zonas rurales. En un momento de crisis como el actual, debe reconsiderarse la experiencia de repoblar zonas que han quedado yermas de población por falta de inversiones.

– Nacionalización de la Banca. Concesión de créditos a nulo o muy bajo interés para la creación y fomento de cooperativas y pymes.

– Prohibición de la especulación. Persecución de paraísos fiscales y endurecimiento de penas para especuladores y capitalistas que se aprovechen del trabajo de los españoles.

– Creación de un Consorcio de control de la gestión de las grandes infraestructuras del Estado. Las grandes compañías constructoras han malversado, defraudado e incluso apropiado indebidamente dinero público para ejecutar grandes obras de infraestructura de escasa calidad.

– Nacionalización de las cajas de Ahorro. Se creará una única Caja de los Trabajadores que favorezca la concesión de créditos para primeras viviendas y microcréditos para la puesta en marcha de negocios de emprendedores.

– Investigación de las grandes fortunas del país. Depuración de responsabilidades en casos de fraude.

– Control de mercados. Hay que intervenir en los mercados para alcanzar un nivel digno en las rentas de los agricultores; hay que intervenir en los mercados para garantizar una política de precios fijando unos precios mínimos estables, y hay que intervenir en los mercados para luchar contra la falta de garantía en los autoabastecimientos de alimentos que el sistema liberal ha abandonado. Hay que impedir que los “grandes caimanes” de la especulación, los intermediarios, que son los grandes beneficiarios de la estructura económica actual, continúen determinando un mercado al que no aportan absolutamente nada.

– Políticas de apoyo a las madres solteras. Se favorecerá la integración de estas mujeres tanto laboral como socialmente.

– Nacionalización de las compañías energéticas y de las explotaciones mineras. Defendemos la gestión pública de los servicios públicos como estos y la reactivación de la minería del carbón y el hierro.

– Creación de un Plan Energético de Energías Renovables. Debe permitir la implantación de energías limpias, buscando un abaratamiento y autosuficiencia en la distribución.

– Endurecimiento de penas para casos de atentados ecológicos. Depuración de responsabilidades en el caso de desastres naturales.

– Eliminación de la figura de los Hospitales concertados.En el Sistema Nacional de Salud solamente se contemplará la asistencia y gestión públicas.

– Profunda e integral reforma de la Constitución. Porque se trata de un texto que no han votado los menores de 52 años (31 millones de españoles): Estamos gobernados por una ley desfasada en el tiempo, incumplida en los hechos y equivocada en la mayor parte de sus formulaciones.

Si estás de acuerdo con estas propuestas que acabas de leer como persona de progreso deberías replantearte algunas cosas pues tus ideas coinciden al menos en lo económico con el programa de Falange. Los extremos se tocan, no es extraño que ellos se definan como nacional-sindicalistas y que su programa de 2011 se asemeje tanto al de los partidos populistas que han crecido alimentados por la frustración de expectativas. No son ideas nuevas, aunque ahora lleven coleta o la nación sea la catalana en lugar de la española.