En los tiempos que vivimos estamos demasiado acostumbrados a ver como los terroristas se esconden detrás de sus hijos pero hubo un tiempo en el que había honor en la guerra:

Caído en combate, Manfred von Richthofen, “el Barón Rojo”, fue enterrado con todos los honores militares por sus enemigos bajo una lápida en la que puede leerse el siguiente epitafio: “Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz.”

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4 comentarios sobre “El entierro del Barón Rojo

  1. En el epitafio le llamaban adversario, no enemigo. Ahora es imposible entender por qué los pilotos ingleses brindaban por las hazañas de un alemán.

    Cuando la guerra se atiene a unas reglas los civiles no solo no mueren sino que llevan una vida normal. los soldados son pocos, luchan bien visibles, con casacas rojas, o el avión pintado de colores chillones. La guerra se convierte en un combate singular, que se lleva a cabo entre los mejores.

    Los caballeros saben que sus familias y sus compatriotas están a salvo, la vida va a seguir, nuevas alianzas habrá y las naciones o los condados que eran adversarios van a ser amigos. los guerreros son monjes que se sacrifican por los demás a cambio de la gloria para ellos y para sus familias, que son recordados por todos. La guerra no es guerra como se conoce ahora, sino una contienda lo menos cruenta posible y donde la muerte no es anónima ni carente de sentido.

    La barbarie de la guerra total viene con la democratización y la abolición de la nobleza, y con ella, todo el código del honor. Ya no hay unos profesionales con reglas, no hay unos representantes, un pequeño ejercito de los mejores de cada pais tal que cuando son derrotados se acaba la guerra. Por tanto hay que acabar con el enemigo, completamente. civiles incluidos. Un ejercito vencido ya no es señal de que la guerra ha acabado. Hay que bombardear tanto a los militares como a la población civil. Bombardeando una ciudad y matando niños, se eliminan futuros recultas, porque pueden ser llamados al combate.

    En tierra hacia tiempo que ese código se había roto. Quizá en la revolución francesa, quizá durante las guerras de religión en el renacimiento, con las carnicerías entre sectas. Eso inaugura la era moderna. Ya durante la época de Don Quijote, la caballería era motivo de mofa. Pero el ejercito del aire, recién creado, era un cuerpo de nobles. Y precisamente por eso podían mantener el código medieval de la caballería. En el aire ellos murieron los últimos caballeros. El bombardeo de Dresde o las dos bombas atomicas fueron lanzadas por democracias igualitarias. Truman era incapaz de creer en la palabra del Emperador del Japón cuando le pedía un armisticio porque el estaba acostumbrado a tratar con políticos como los de su propìo pais o como Hitler, que utilizaban la mentira como arma de guerra.

    Sin palabra de honor, solo hay barbarie. SI el emperador del Japòn no hubiera consentido el deshonor de lanzar el ataque por la espalda a Pearl Harbour, Truman quizá hubiera creído que el armisticio que pedía antes de las bombas no era una trampa para ganar tiempo y rearmarse. Al final, por el propio deshonor de ambos, por no tener palabra y por tanto, por la desconfianza, Truman lanzó las bombas para asegurarse el final cierto de la querra. El fin de la caballerosidad es la barbarie.

  2. Habría que recordar que los “códigos de honor” solo se respetaban entre iguales: si no eras de la misma “casta” que el contrario, no tenías ningún derecho.

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