Desde el año pasado los anuncios navideños de Campofrío son ya una tradición -corta, eso sí- que impregnan de buenrollismo laico una sociedad sin esperanza y descreída dispuesta a tomarse en serio el apocalipsis Maya. No cabe duda de que se trata de creatividades publicitarias que saben captar el zeitgeist actual y a las que la gente se entrega en cuerpo y alma.

Estas muestras de optimismo bienintenci0nado resultan suicidas si no van acompañadas de hechos. En la era de los brotes verdes de ZP y Chacón, ya hubo un intento de sortear la dolorosa realidad con el mensaje de que “esto lo arreglamos entre todos”. ¿Se acuerdan? ellos tampoco.

Lo-arreglamos-entre-todos

Eso de hablar mucho y hacer poco sí que debería estar incluido en el curriculum de los españoles pero es imposible que las cosas empiecen a ir mejor mientras sigamos empeñados en que no hay que pinchar la burbuja de lo público. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades endeudando a las generaciones futuras y se nos ha caído el edificio encima al descubrir que las generaciones futuras éramos nosotros. Ahora tenemos que pagar la factura de un Estado del Bienestar que ni siquiera los suecos se pueden permitir.

Que los españoles hemos hecho cosas muy grandes a lo largo de nuestra historia es algo ni la LOGSE  ha conseguido eliminar de nuestra memoria; pero tenemos un problema cuando hay que buscar todos los logros “intelectuales” en el pasado -casi siempre lejano- y sólo podemos destacar los logros deportivos contemporáneos. No se puede vivir del pasado.

No somos diferentes a los habitantes de cualquier otro país así que en nuestra mano está seguir el camino de Suiza o el de Venezuela. En algunas cosas ya nos empezamos a parecernos peligrosamente a Argentina: patrioterismo deportivo y empresarial (véase el caso de Iberia), la demonización de los empresarios y la deslegitimación de la clase política.

Siempre he sido partidario de la opción menos mala en política para que no se imponga la peor porque si cansados de todo y de todos empezamos a meter lonchas de mortadela en las urnas terminan triunfando los candidatos más populista. Campofrío tiene hasta diez variedades de mortadela por lo que no hay que descartar que en realidad este anuncio sea una apuesta estratégica de futuro de cara a las próximas elecciones.

Entre tanto seguiremos exportando la generación peor preparada de la historia, no para dirigir grandes empresas sino para servir hamburguesas en un McDonalds de Inglaterra, que es como se empieza cuando uno hace la maleta y se va al extranjero con un título universitario desacreditado y nula experiencia.

De la senda argentina nos alejan la previsibilidad del marco jurídico europeo y nosotros, los españoles,  siempre dispuestos a deslomarnos trabajando cuando nos dejan. La política de la mortadela no puede ser una opción.

mortadela

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Un comentario sobre “La política de la mortadela #elcurriculumdetodos

  1. Siempre he pensado que la campaña aquella, estoSÓLOloarreglamosentretodos, era una genialidad rubalcabesa, y fue el principio de todo. Gobernando ellos, consiguieron hacer creer a muchos que la culpa era de la oposición por no colaborar. Luego, con la catástrofe electoral en el horizonte municipal, llegó el 15m a decir eso de que todos son iguales, que es lo que dicen los malos y los mediocres cuando quieren que los consideren igual que los buenos y brillantes. Y ya con el PP en el poder, han abierto la veda, toda manifestación es poca, y toda huelga es corta, pero hay que hacer daño, y ruido.

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