44 años después #Stonewall

Cuarenta y cuatro años después de las protestas de Stonewall en Nueva York los estadounidenses han visto como el Tribunal Supremo declaraba inconstitucional una ley federal que definía el matrimonio. Edith Windsor, una mujer de 84 años, ha pleiteado en los tribunales hasta que al Supremo le ha dado la razón en un caso en el que la hacienda federal pretendía vaciarle los bolsillos por no reconocer la herencia que le dejó Thea Spyer, la mujer con la que se casó en Canada.

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Se trata de una decisión justa y liberal, el Estado no puede definir lo que es un matrimonio tan solo reconocerlo. Las parejas homosexuales llevan años casándose y muchas religiones las bendicen. La batalla legal de Edith Windsor no sólo beneficiará a esta anciana mujer sino que afecta a todos los matrimonios homosexuales que son discriminados a diario en Estados Unidos. A partir de ahora los extranjeros casados con americanos de su mismo sexo no serán puestos en la frontera; ni los montoros yanquis les saquearán.

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Cuarenta y cuatro años después de las protestas de Stonewall ciudades de todo el mundo celebran el día del Orgullo Gay. Desgraciadamente hay lugares en los que los únicos homosexuales que tienen visibilidad son los que cuelgan de las grúas condenados a muerte. La sociedad escondía a los homosexuales -esa histórica excentricidad sexual- bajo las alfombras para que no molestaran mientras que hoy en día reivindican un lugar en la mesa, la necesidad vital de existir sin tener que pedir disculpas ni esconderse.

El caso de Edith Windsor demuestra que, incluso en el Mundo libre, todavía hay muchos obstáculos que superar pero también nos llena de esperanza. Una mujer, como en su día Rosa Parks, ha removido las conciencias y las leyes injustas para conseguir un mundo mejor para todos. Estados Unidos vuelve a ser la ciudad sobre la colina que ilumina el camino de la libertad para aquellos que todavía no lo han recorrido.

Cuarenta y cuatro años después de las protestas de Stonewall celebrar el Orgullo Gay es recordar a todas esas personas, conocidas o desconocidas, que han reivindicado un lugar en la mesa de la sociedad también para los homosexuales. Sobre las carrozas y celebraciones me parece muy sugerente el artículo que escribió hace unos días Julen Real: La afortunada obscenidad del Orgullo Gay. También me parece valiente un político con el que suelo discrepar, Iñaki Oyarzabal:

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2 pensamientos en “44 años después #Stonewall

  1. El problema que tenéis algunos es que confundís la moral sexual con el matrimonio. El matrimonio no es un reconocimiento a una relación afectiva y el matrimomio gay no es un reconocimiento a la libertad sexual ni a las relaciones homosexuales. El Estado no debería tener nada que decir al respecto porque eso es enteramente privado.

    El matrimonio es un contrato en que las partes se comprometen a asumir una serie de obligaciones y tiene sentido únicamente cuando la pareja es heterosexual y puede tener hijos, y su objetivo es proteger a la parte más débil (en la mayoría de los casos, la mujer y en todos los casos, los hijos).

    Por eso no tiene ningún sentido el matrimonio homosexual. Que la Hacienda de los estados sea confiscatoria no justifica que se deba equiparar una relación homosexual con un matrimonio. Podemos estar de acuerdo en que es injusto que una herencia esté castigada fiscalmente, pero que deje de estarlo porque la persona que hereda tenía una relación sexual-afectiva con el fallecido es absurdo. ¿Quién es el estado para validar este tipo de relaciones? y ¿por qué han de tener ventaja frente a relaciones de -por ejemplo- simple amistad?

    Saludos.

  2. El matrimonio ha sido muchas cosas, hoy es el ámbito legal en el que una pareja puede desarrollarse como unidad. Hay matrimonios heterosexuales sin hijos que no dejan de ser matrimonio y en ninguna parte del contrato matrimonial se exige el compromiso de tenerlos. El matrimonio ha cambiado a los años (años de consentimiento e incluso imposibilidad de casarse con alguien de distinta religión o color).

    El sentido se lo dará la pareja, que para algo es un contrato entre dos adultos capaces de dar el consentimiento y el sentido.

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