La primera entrada que voy a rescatar de Politiea es una explicación (sin valoraciones) del pensamiento de Maquiavelo, padre del republicanismo y referencia necesaria de todo “hombre de Estado”. Si queréis leer una crítica interesante María José Villaverde le dedica un capítulo en su más que interesante libro La ilusión republicana: Ideales y Mitos, Tecnos, 2008, Madrid. Esto es lo que escribí sobre el autor de los Discorsi y El Príncipe en 2005, hace casi diez años:

Muchas veces se habla de maquiavelismo sin ni siquiera comprender o haber profundizado un poquito en la obra de Maquiavelo. Pretendo pues acercar al lector a su pensamiento de la forma más precisa y clara posible para clarificar un poco las ideas a aquellos que no hayan tenido el tiempo o la oportunidad de aproximarse a su obra.

Los presupuestos sobre los que basa su pensamiento son: la naturaleza egoísta del Hombre, que tiende a satisfacer sus intereses individuales antes que los colectivos; la virtud política es escasa en el género humano y para llevarla a cabo se necesita capacidad de heroicidad, de sacrificar su ética individual en virtud de los demás; y la recuperación del hombre para explotar sus cualidades potenciales naturales que han sido deformadas por la ética cristiana que lo han hecho débil y humillado, ha perdido la confianza en sus propias capacidades y es servil, sobretodo en las empresas políticas.

Como Aristóteles entiende la política como un conocimiento probabilístico, no es exacto y se basa en la historia de otras comunidades, de la suya propia y la de sus actores. Pero a diferencia del estagirita mantiene que la ciencia política estudia lo que las cosas son o han sido y no lo que deben ser, rompe con su concepto normativo (como debe ser, y lo que no entre en la definición de política no será política sino corrupción de la política) para darle un contenido descriptivo (como es). Según el pensamiento maquiavélico proceder políticamente sobre premisas ideales conlleva necesariamente al fracaso, debemos analizar y actuar a partir de lo que las cosas son y no de cómo nos gustaría que fuesen.

La virtud será entonces la capacidad de sacrificarse y deberemos distinguir entre la virtud del ciudadano (entendida como entregarse a la comunidad política) y la virtud del gobernante (que será la sabiduría y energía que debe disponer para dirigir los estados, un cierto heroísmo). La virtud es originaria del gobernante (se tiene o no se tiene) mientras que la del ciudadano es derivada de él. En sus palabras: El soberano despierta la virtud del gobernado.

La Fortuna entendida como el azar, lo que el hombre no puede controlar. El hombre a través de la virtud puede reducir la acción de la fortuna pero solo hasta cierto grado. No se puede rendir a la fortuna y confiar ciegamente (como hace el cristianismo en cuanto a un plan divino) o pensar que somos capaces de controlar totalmente la naturaleza.

Y la necesidad será aquello que no puede no existir, es lo contrario de la libertad. Como la naturaleza del ser humano es contingente (puede ocurrir o no) para educar políticamente a los individuos el gobernante deberá crearle una necesidad. Tendrá que provocar situaciones en las que el ciudadano se vea obligado a ser un buen ciudadano, hacer que el interés del ciudadano y el colectivo coincidan. Un buen político será aquel que sea capaz de crear necesidades que obliguen a los ciudadanos a comportarse virtuosamente y crear un hábito de ese comportamiento.

La política será para Maquiavelo la actividad más alta que uno puede realizar. El requisito de una vida privada plena es una vida pública bien organizada. La política es imprescindible pues incluso para aquellos que no participan en ella pueden llevar a cabo una vida privada separada de la política gracias a que otros se dedican a organizar la res pública: la vida social y política es el requisito para todo lo demás.

Hasta la entrada en escena de Maquiavelo la ética cristina ha sido la dominante supone el ensalzamiento de valores que son superiores a cualquiera que podamos encontrar en el mundo terrenal y, por tanto, no sirven a la política. La nueva ética política debe basarse en el espíritu cívico (que es lo contrario a la caridad), el coraje (que es lo contrario a la misericordia), la fuerza (lo opuesto al perdón a los enemigos), sobreponerse a las dificultades (frente a poner la otra mejilla), todo ello son valores terrenales frente un desprecio de la ética cristiana a los mismos.

Para llegar a ser un buen ciudadano no se pueden seguir los principios del cristianismo pues son conductas de ángeles y los hombres no son capaces de llevarlas a cabo. Los principios sobre los que se basa la moral cristiana nos pueden servir para ganar el Cielo o para ser buenos cristianos pero aplicados a la política resultan inservibles y conducen, inevitablemente, al desastre. Según esa ética que podríamos llamar tradicional de Occidente hacer el bien acarrea beneficios, pero él rompe con esta idea pues una acción basada en valores moralmente buenos no tiene porque conducirnos al triunfo sino que correrán la misma suerte que los basados en valores moralmente malos; la fortuna es éticamente ciega y no distingue entre lo bueno y lo malo.

Encontramos aquí un elemento de ruptura con la tradición judeo-cristiana cuyos preceptos el buen gobernante no puede seguir pues le conducirían al fracaso y a la extinción de la comunidad política que gobierna. El bien y el mal están conectados y para evitar el mal mayor hay que realizar el mal menor. El gobernante tiene que ser capaz de ir a la guerra (mal menor) para evitar la destrucción de la comunidad (el mal mayor), lo contrario sería la destrucción y el fracaso de los gobernados aunque podría significar que el príncipe se ganase para él el cielo como buen cristiano. La ética tradicional deja de ser universal (válida para todas las circunstancias), aunque no queda invalidada, pues para ser un buen cristiano deberá seguirse. A partir de ahora existen varias opciones, elegir entre salvar el alma o salvar la ciudad y para cada una existe una ética válida aunque diferenciadas e incompatibles entre sí, no en la práctica sino en la lógica. Ambas son buenas para cada caso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s