Los estatistas critican a Juan Ramón Rallo por aparecer en la televisión pública, como si él no fuera uno más de los contribuyentes que la sostienen. Solo faltaría que los liberales tuviéramos que pagar los servicios estatales pero estar vetados en ellos. Si TVE es “de todos” también debe poder escucharse en sus programas que estaríamos mejor sin TVE. Pero como siempre los partidarios de aumentar la intervención del Estado en nuestras vidas pretenden controlar lo público como un cortijo silenciando y estigmatizando a quien pueda llevarles la contraria.

No se trata de un caso aislado, es habitual que en los debates el progre acuse al liberal por estar utilizando servicios estatales -una definición mucho más exacta pues “servicios públicos” también lo son los que ofrecen las empresas privadas como, por ejemplo, los bares que tanto gustan a los sindicalistas- con el objetivo de deslegitimar por este camino al defensor del mercado libre. La realidad es que los impuestos son de obligatorio pago para todos, incluidos los liberales. Así que mientras eso no cambie tanto derecho tienen a utilizar los servicios estatales sus defensores como sus detractores. Ojalá existiera la figura del objetor pero no hay resquicio a través del cual el individuo pueda escapar a la voracidad recaudatoria del Leviatán. De hecho, el Estado solo permite una excepción: sus funcionarios civiles tienen el privilegio de elegir la sanidad privada en lugar de la pública.

La ambición de los colectivistas es que otros les paguen la fiesta pero no puedan disfrutarla. Argumento tan débil se vuelve en su contra; en el fondo tienen razón, Juan Ramón Rallo no debería aparecer en la televisión pública… pero ellos tampoco. Simplemente no debería existir televisión pública. 

 

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Un comentario sobre “Paga la fiesta pero no la disfrutes

  1. No veo tanta contradicción en el Sr. Rallo como precisamente en los que le critican. No les parece coherente que alguien que quiere acabar con la TV pública salga en una TV pública, pero ni la UGT ni nadie ha criticado otras situaciones calcadas:

    – Que partidos nacionalistas e independentistas que quieren dividir el Estado tengan representación en el Parlamento.
    – Que partidos filocomunistas o antisistema acudan también a las elecciones prometiendo acabar con el sistema.
    – Que defensores de lo público utilicen colegios, hospitales, y planes de pensiones privados.
    – Que sindicatos contrarios a la reforma laboral apliquen dicha reforma laboral a sus trabajadores.
    – Que partidos y sindicatos críticos con la politización de las cajas de ahorro participasen en sus consejos.

    Y un largo etcétera.

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