Vivir sin riesgos

Vivimos en una sociedad que cree que podemos vivir sin asumir riesgos, que el ser humano es capaz de controlarlo y preveerlo todo. La gente busca seguridad y el Estado refuerza la idea de que bajo su protección un mundo nuevo y perfecto sería posible. Nada más alejado de la realidad, la falsa idea de seguridad que depositamos en el progreso humano y en su iglesia (el Estado) choca frontalmente con la naturaleza humana.

En cierto modo, muchos se creen todopoderosos, hijos del hombre nuevo de Nietzsche sin necesidad de arrodillarse ante nada ni nadie, y que su voluntad puede transformar la realidad. La naturaleza humana no es ilimitada, estamos sometidos a la leyes de la naturaleza (y para los creyentes al plan divino), pensar que podemos escapar de ellas resulta infantil. De ahí se deriva en muchos casos el tabú sobre la muerte, o las enfermedades que la sociedad actual trata de esconder e incluso eliminar mediante el aborto eugenésico asumiendo que alguien que no está 100% sano no merece vivir.

No somos perfectos ni lo seremos, se pueden minimizar los riesgos y tomar precauciones pero siempre se producirán accidentes. Los políticos no tienen la culpa de los accidentes. Evitar el contagio de enfermedades o las consecuencias de orinar sobre una farola exceden en mucho la capacidad mágica que los estatólatras conceden a los burócratas. Aunque algunos se empeñen en hacer del Ébola el nuevo Prestige para criticar al gobierno lo cierto es que, a pesar de que se siguieran los protocolos de seguridad, cualquier cosa pudo terminar por contagiar el virus a la auxiliar. No debería extrañarnos, desgraciadamente es un riesgo al que los profesionales sanitarios están sometidos pese a todas las precauciones que toman. A lo largo de su carrera se ven expuestos a enfermedades sin cura y en alguna ocasión pueden contagiarse. Y no es necesario traer el Ébola a España, se puede pensar también en otros virus cono el de la Hepatitis.

En este sentido llama la atención que quienes defienden la solidaridad con el dinero ajeno y la ausencia de fronteras migratorias sean tan mezquinos como para negar un tratamiento que podría salvar la vida a un enfermo o darle la oportunidad de una buena muerte. ¿Qué se debería hacer entonces con los portadores del VIH? Tal vez estas mentes pensantes propondrían campos de concentración para asegurar su propio bienestar… A pesar de que algunas dolencias no tienen todavía cura el capitalismo avanza y es capaz de mejorar la calidad de vida de los enfermos con distintos fármacos y tratamientos sin excluirlos de la sociedad.

Vivir sin riesgos no sería vivir, tendríamos que permanecer aislados en una burbuja y aún así algo o alguien podría pincharla. Y aún suponiendo que consiguiéramos un entorno de aislamiento perfecto, ¿qué tipo de vida sería esa? Asumir nuestras limitaciones y responsabilidades es la única forma de progresar día a día. No tengamos miedo a la vida.

 

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