Nuestro siglo XXI comenzó a construirse sobre los escombros de las Torres Gemelas tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. No era el primero pero sí marcó un punto de inflexión y empezó a escucharse aquello de “Guerra contra el Terror”. Tampoco fue el último, ha habido atentados de diferentes franquicias yihadistas en Moscú, Madrid, Amsterdam, Londres, Bruselas o París… Por nombrar solo algunas de las más importantes capitales del mundo sin por ello menospreciar a todas las víctimas que en ciudades grandes o pequeños poblados de Oriente u Occidente en mediáticas explosiones o en silenciosas decapitaciones han pagado con sangre el precio de su libertad. No nos encontramos ante un fenómeno nuevo sino ante ataques recurrentes que no son organizados por la misma persona o grupo pero si comparten el objetivo común de destruir las sociedades abiertas e imponer un régimen islámico radical. Comparten también los medios: el asesinato indiscriminado de inocentes. La amenaza es real y todos somos su objetivo.

Recuerdo que Richard Perle, uno de los asesores de George W. Bush, en una conferencia a la que pude asistir en el año 2003, respondió a la pregunta “¿por qué Irak?” diciendo que “alguno tenía que ser el primero”. Los neocon tenían una idea clara y un plan para derrotar al enemigo terrorista que consistía en llevar la guerra contra el Terror a sus últimas consecuencias transformando las dictaduras islamistas en democracias que dejaran de sembrar el odio entre sus ciudadanos para atajar el terrorismo en su origen. Acertado o equivocado este plan nunca se llevó a cabo más allá de sus primeros capítulos y fue sustituido por una retirada paulatina y el apaciguamiento. Esta visión estatista del conflicto está siendo superada por los hechos y la hegemonía estadounidense como gendarme global se encuentra en decadencia, desgastada por la incapacidad y la inacción.

Los últimos ataques terroristas en París no serán, desgraciadamente, los últimos. Las mismas preguntas y falta de resolución que aparecieron en el lejano 2001 reaparecen casi catorce años después. Los políticos convocan cumbres y la gente se concentra en las calles encendiendo velas para recordar a los muertos mientras que los terroristas continuarán matando y nada de esto les conmoverá. No todos “somos Charile Hebdo” porque muchos de los que ahora se solidarizan con el semanario pidieron en su momento que se censurase, tal y como exigían sus asesinos. El asesinato de Theo Van Gogh tampoco tuvo consecuencias y la única solución que parece confortar a todo el mundo es pagar rescates e intercambiar prisioneros con la vana esperanza de que los terroristas dejen de matar o, al menos, maten a otros.

Los yihadistas tienen la determinación de imponer su utopía religiosa por las buenas o por las malas mientras que nosotros tan solo tenemos la determinación de continuar nuestras vidas evitando cualquier tipo de sacrificio. Ya han ganado.

 

 

 

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