La Gaveta Económica, revista de la que he sido delegado en Gran Canaria desde su creación hasta la fecha, se hizo también programa de radio hace unas semanas. Aunque estamos empezando, su director, Antonio Salazar, lleva muchos años a sus espaldas en las ondas y, eso, se nota. Los temas que tratamos pueden ser de interés incluso si no tenéis ninguna relación con Canarias. Ocurre lo mismo con la revista, lejos de los localismos que a veces empapan este tipo de publicaciones nuestro enfoque es necesariamente global, como lo es el de la economía. Escribimos y hablamos de esas interacciones que se producen entre personas (físicas y jurídicas), fruto de lo que Mises llamó la Acción Humana.

A lo largo de los años que he vivido en las islas afortunadas me he sorprendido con extrañeza por algunas cuestiones y he admirado otras. Ahora que he regresado a Madrid me permitiré compartir algunas impresiones a vuelapluma. Canarias es mucho más que sol y playa, aunque de ambas tenga a rabiar y durante todo el año, lo que las convierte en un destino turístico incluso -o mejor dicho, sobre todo- en invierno. Un territorio fragmentado en siete islas y alejado geográficamente del continente europeo donde la mayor frontera la levantan día a día sus políticos. El nacionalismo canario toma la peor forma del proteccionismo que ahora amenaza tanto a Europa como a los Estados Unidos de América. A principios del siglo XX, el desarrollo económico llegó a Canarias a través de sus Puertos Francos y se extendió a toda la sociedad. Todavía quedan huellas de aquel cosmopolitismo en los apellidos británicos de grandes empresarios que vieron oportunidades de negocio en las islas o en las comunidades extranjeras -desde coreanos hasta hindúes- que desde entonces profesan su religión con una tolerancia que tardó demasiado en llegar al resto de España.

Aquello fue una coincidencia feliz, su localización era un cruce de caminos en las rutas comerciales, pero cuando los tiempos cambiaron su clase política no supo adaptarse. Si los plátanos y los tomates canarios ya no eran objeto de deseo en Europa… allí estaban los burócratas para subvencionar y proteger a los agricultores. Se continuaron plantando plátanos aunque para ello se impidiera a todos los españoles comer plátanos de otros lugares. La consecuencia, no deseada, fue que aquellas tierras no se dedicaron a actividades competitivas y Canarias perdió la corriente del progreso que le había impulsado hasta entonces. Tan solo es un ejemplo de muchos, pero los buenos empresarios desistieron y se quedaron los malos, que no eran empresarios sino buscadores de rentas públicas. El resultado es, a largo plazo, desastroso: La imagen del capitalismo se resiente y los emprendedores más innovadores y dinámicos buscan otros lugares en los que desarrollar sus proyectos.

Incluso la eclosión del turismo de masas no fue suficiente para cambiar esta inercia. Se limitaron a explotar la gallina de los huevos de oro sin aportarle una adecuada alimentación y hoy abundan las zonas turísticas maduras que parecen haberse congelado en los años 80. La imagen que se tiene al llegar es la de un lugar inhóspito en la que todavía queda mucho por hacer. Bajo el amparo de un Régimen Económico y Fiscal que convierte, aparentemente, a Canarias en un pequeño refugio fiscal, se esconde una aduana infranqueable que encarece el comercio, regulaciones farragosas que impiden avanzar al pequeño empresario y un rancio nacionalismo que expulsa el talento por preferir lo autóctono. Lo alarmante, con todo, es que Canarias no es una excepción sino el  adelantado al que, a golpe de boletín oficial, todos imitan.

Aun así, en esta oscuridad en la que tiene que desenvolverse el libre mercado en Canarias algunas empresas brillan con luz propia. Y de qué manera. A lo largo de este tiempo he tenido la oportunidad de entrevistar a quienes empezaron a importar automóviles Volkswagen antes que nadie, a dos hermanos hindúes que fundaron una gran empresa en lugar de vender productos de imitación o de cuartas marcas como hicieron la mayoría de sus compatriotas o a unos humildes agricultores que llegaron desde Villaconejos para cultivar melones durante todo el año gracias a la climatología de Canarias. Historias apasionantes como lo son las de las playas artificiales que visionarios construyeron allí donde no había mas que piedras. O las bodegas que no pueden cultivar la vid en sus propias tierras porque han sido declaradas espacios naturales protegidos.

Sí, hay muchas historias que merecen ser contadas, tanto para bien como para mal.  Si tenéis curiosidad aquí podéis escuchar el podcast del último programa del pasado viernes:

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O consultar la página web de la revista.

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