A mí también me ha llegado el libro de Pedro Sánchez por whatsapp pero ni me he molestado en descargarlo. Con leer algunos de los fragmentos que han circulado por las redes sociales he tenido suficiente para comprobar que no me interesa lo más mínimo. Leer un libro requiere mucho tiempo por lo que debemos ser cautelosos a la hora de elegir nuestras lecturas, el coste de oportunidad es muy elevado ya que en una vida no podemos llegar a devorar todo lo que se publica y debemos escoger con buen criterio. De lo contrario, dejaremos de leer obras indispensables para dedicarnos a publicaciones irrelevantes. Compadezco a los periodistas que se lo están leyendo para escribir sobre el mismo aunque reconozco que es el único caso -por obligación y si me pagaran por ello- en el que que sí lo leería. Ellos me han ahorrado el mal trago.

El primer capítulo en el que el doctor Sánchez narra el cambio del colchón es ilustrativo. La elección de una decisión irrelevante ya muestra una distorsión en la capacidad del personaje para discernir los asuntos importantes de los que no lo son. Pero es que, además, se trata de una fake new de manual que no superaría ni el análisis de una periodista entregada como Ana Pastor. Una anécdota falsa porque los colchones -como las toallas- del Palacio de Moncloa se renuevan de oficio cuando llega un nuevo presidente del Gobierno. El personaje deja entrever también que se trata de un cambio mínimo para resaltar su austeridad cuando es sabido que las reformas de Palacio fueron más profundas -y costosas- para ajustarse a los gustos estéticos de los nuevos inquilinos de la Moncloa. 

Esto también prueba que no son unas memorias sino una pieza de propaganda política. La editorial debería advertirlo en la portada de la misma forma que se hace con los folletos de los descuentos de los supermercados. Acompañado, claro esta, de las condiciones de la oferta que se tiene entre manos. Aunque fuera con una letra minúscula. 

Cuestión aparte es el narcisismo que desprende a lo largo de sus páginas. La primera persona es omnipresente en toda la redacción hasta el punto de que podría estar manifestando un trastorno de egocentrismo. Tal es el amor propio del personaje que llega a atribuirse “personalmente” el salvamento de 630 personas al relatar el episodio del Aquarius.  Semejante hazaña no permite intuir al doctor Sánchez que esto también implicaría cargar “personalmente” – si quiera por omisión- con la muerte o desamparo de aquellos inmigrantes a los que no se deja entrar en España. 

Tampoco juega limpio el presidente del gobierno “de la dignidad” al poner negro sobre blanco las palabras que le trasladó el Rey en privado. Las conversaciones con Su Majestad no trascienden por capricho sino para favorecer la neutralidad de la jefatura del Estado. No habla Felipe VI sino la institución. No satisfecho con esta imprudencia el doctor Sánchez es capaz de ir un paso más allá con un salto en el vacío en el que, directamente, atribuye al Rey opiniones impropias. Así, utiliza un plural mayestático -nunca mejor dicho- para encasquetarle lo que solo podía estar en la cabeza del dirigente socialista (“Nos reconocimos mutuamente como las personas que íbamos a sacar al país del riesgo de bloqueo”).

Todo, acompañado de una escritura infantil llena de erratas y citas mal atribuidas. La autoría, sin embargo, no se la debemos únicamente a Pedro Sánchez sino que, según dicen, Irene Lozano le habría dado forma. Algo de eso debe haber pues cualquier persona que haya hecho transcripciones detectará giros gramaticales que solo pueden ser el fruto de una traslación casi literal de conversaciones o entrevistas. Comprobada la escasa calidad del texto ya podría haberse esforzado un poco más esta periodista que fue designada por el mismo Sánchez para ocupar un puesto de nueva creación con un salario bien lozano. Tal vez, por aquello de ser honrada y parecerlo, debería haber dimitido o no haber aceptado uno de los dos encargos presidenciales. Tras el escándalo de su tesis plagiada –al menos en un 13% según Turnitin– hay quien podría llamar negrero a Pedro Sánchez por firmar “personalmente” sus dos publicaciones conocidas hasta la fecha.

Manual de Resistencia, un libro escrito por una periodista que parece no saber escribir sobre un personaje que no tiene nada que contar. Ya no es por malgastar el dinero, es por no malgastar mi tiempo.

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