El Ambiente está revolucionario después de que Vox organizara una fiesta para sus juventudes en el madrileño Teatro Barceló. Un hecho aparentemente inocuo si no fuera porque en esa misma sala se organiza una vez al mes la Tanga Party. Esta coincidencia espacial, aunque no temporal, ha desatado las iras de parte del colectivo gay propiciando la cancelación de la fiesta prevista en dicho Teatro.

Para quienes no lo sepan la Tanga Party es, posiblemente, una de las fiestas más exitosas, petardas y divertidas que se celebran actualmente en el ambiente gay de Madrid. Una vez al mes, y las vísperas de festivo, el Teatro Barceló servía de punto de reunión y festejo para gente de todo tipo en el que se cruzan los que cierran la semana y los que la empiezan; los que llegaban pronto pero se iban a casa como la Cenicienta porque al día siguiente había que trabajar y quienes tomaban el testigo tras una dura jornada laboral dominical para bailar hasta el amanecer del lunes. El pasado domingo 3 de marzo la temática del evento programado no podía ser otra que la del Carnaval y se iba a celebrar conjuntamente en dos salas interconectadas, a partir de cierta hora de la noche, el Teatro Barceló y la más pequeña sala But, que se encuentra en los bajos de la mismo edificio.

El éxito parecía asegurado pero según pasaban las horas del sábado algunos activistas declararon intolerable que un partido político al que tildan de homófobo, racista, machista y un largo etcétera hubiera realizado un acto en la misma sala. Consideraban que no se podía organizar una fiesta gay en el mismo lugar unos días después y que había que boicotearla. Alarmados, los organizadores de la Tanga colgaron un comunicado en su página de facebook animando a la gente a llevar banderas del arcoiris para protestar contra Vox. El llamamiento apenas aguantó unos minutos en la red social pues al poco tiempo fue eliminado por los mismos que lo habían publicado. Al día siguiente, sin embargo, otro comunicado hizo acto de presencia anunciando la cancelación parcial de la fiesta que solo se celebraría en la sala But porque “el acto de Vox en el Teatro Barceló es completamente incompatible con los valores y filosofía de la fiesta”. En el mismo texto exigían a los dueños del teatro un compromiso para no volver a trabajar con ciertos partidos o formaciones  y terminaban anunciando una fiesta para el 17 de marzo en otra discotecta que, por lo visto, ya estaba programada.

Estos hechos marcan un precedente inquietante. En primer lugar identifica ideológicamente lo que hasta ahora había sido solo una fiesta en la que la gente iba a pasárselo bien al son de la música y embriagados por el alcohol. La condición sexual no determina la ideología, ser partidario del socialismo o del capitalismo, de izquierdas, de derechas, nacionalista o totalmente apolítico. A partir de ahora los asistentes a la Tanga saben que solo serán bienvenidos si simpatizan o aborrecen a determinados partidos políticos.

Hay que añadir que resulta complicado explicar por parte de los organizadores cómo no cancelaron la fiesta antes si tan grave era que Vox fuera a organizar un acto en la misma sala días antes pues era un hecho que ya se conocía. Los comunicados erráticos parecen mas bien intentos desesperados por contentar a los posibles boicoteadores, tener la fiesta en paz y, pese a que se intente trasladar la imagen contraria, perder el menor dinero posible. Y es lógico que así sea, al fin y al cabo el objetivo final de estas fiestas es ganar dinero. Por eso venden entradas y copas; y por eso resulta extraño que tras tres años de fiestas petardas descubramos que en realidad estábamos asistiendo a actos políticos. Mientras sonaba Katy Perry o Britney Spears estábamos haciendo la revolución. Primera noticia.

En segundo lugar la Tanga Party carga la responsabilidad de los actos que se celebran en una sala privada que alquilan al dueño de la sala y no a los organizadores. Podría tener sentido boicotear a los dueños de un teatro que mantienen posiciones políticas inadmisibles pero los dueños no pueden discriminar a quienes pagan por hacer uso de sala. De hacerlo estarían vulnerando seguramente el artículo 14 de la Constitución. Hay que tener en cuenta que esos mismos dueños gestionan otros locales como la Joy Eslava, ¿también serán objeto de boicot? ¿Aprueban los organizadores de la Tanga Party y sus asistentes los eventos que se han organizado previamente en la sala But o la Riviera? Parece descabellado que para asistir a una fiesta haya que asegurar la pureza del lugar, si acaso limpiar con lejía como hicieron los independentistas catalanes tras una visita de Inés Arrimadas.

Y por último, y para reflexionar, es una muestra de intransigencia por parte del colectivo gay. Si Vox -siendo tan homófobo como dicen- no tuvo problema en organizar un acto donde se organizan periódicamente fiestas gays pero los gays sí tienen problema en organizan una fiesta allí donde han estado los de Vox… ¿quiénes son los intolerantes? ¿quiénes defienden un modelo de sociedad más excluyente? La conclusión es terrible y, además, carga de razones el discurso de Vox sobre lo que denominan como lobby LGTBI. La sobrerreacción de la Tanga Party viene a confirmar las posiciones políticas de Vox que pretende distinguir entre homosexuales y asociaciones que dicen representarlos. ¿El dinero contra la discriminación por razones de sexo llega a las víctimas o se queda en manos de ciertos activistas ideologizados?¿Por qué estas asociaciones no elegidas por nadie ni representativas ejercen como portavoces de todo un colectivo?

Preguntas que no tienen una fácil respuesta pero que recuerdan otros hechos en los que unos pocos se apropiado de una bandera, la del arcoiris, que debería ser de todos independientemente del partido al que voten. Esto se vio hace poco en la reacción furibunda contra Ciudadanos por enarbolar la bandera gay junto a la española. No debería extrañarnos que un español orgulloso de vivir en uno de los países no solo más avanzados legalmente sino cultural y socialmente en la aceptación de la diversidad sexual pueda enarbolar ambas banderas. Al contrario, lo extraño es excluir o esconder una de ellas. Hasta ahora ciertos colectivos de izquierdas se han apropiado de una bandera, convirtiendo asociaciones gays en arietes y altavoces de partidos de izquierdas. Pero la realidad es que ser homosexual no condiciona políticamente y uno puede, ser favorable por ejemplo, a la legalización de la gestación subrogada o de que se bajen impuestos en lugar de aspirar a vivir del dinero de los contribuyentes. Algo chirría cuando una fiesta se convierte en un acto político y se indigna solo ante unos partidos pero calla cuando los desmanes los comete otro. ¡Pero si hasta quieren organizar un boicot contra Eurovision porque este año se celebra en Israel! Israel no es uno de los países más avanzados en el resto a los derechos del colectivo LGTBI sino que, además, se encuentra rodeado por países en los que no es que se persigue y asesina a los homosexuales. Países como Irán que han financiado a otros políticos como los de Podemos sin que nadie haya puesto el grito en el cielo ni se haya afeado que un gay pueda votar o militar en la formación de Pablo Iglesias, presentador en la televisión financiada por Irán. Como tampoco chirría que se pueda vestir una camiseta del homófobo asesino Ché Guevara y defender la Cuba castrista que ha perseguido y asesinado a tantos homosexuales. Es incomprensible a menos que lo que estén haciendo sea anteponer un proyecto ideológico, el de izquierdas, a los derechos LGTBI y estos sean tan solo una coartada que se pueda utilizar a conveniencia.

Basta ya de hipocresía, basta ya de permitir que ciertos partidos de izquierdas utilicen al colectivo gay. Ha llegado la hora de que cada cual enarbole su bandera y las fiestas en Madrid continúen siendo de todos y para todos, una muestra más de la diversidad y apertura de la capital de España.

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2 comentarios sobre “Cuando la Tanga aprieta…

  1. Toda persona física o establecimiento tiene el derecho de tener una identidad (que no confronte la ley, por ejemplo nazismo), los dueños de Tanga Party han decidido identificarse políticamente, lo que no significa que alguien con una camiseta de Vox vaya a tener prohibida la entrada, pero deberá asumir que no es un espacio que apoye en absoluto sus ideales. La cuestión es que Tanga Party, no tienen miedo en luchar contra un partido política que es excesivamente disidente de sus ideales, a esto se le conoce como PRINCIPIOS.

    El problema de muchísima gente es que no consigue ver el trasfondo, y que pasarlo bien de fiesta puede ser un acto aún más grande si con ello estamos haciendo una lucha política. Entiendo que o tus principios no sean lo suficientemente fuertes como para plantar cara a lo que se podría considerar un partido que oprime y/o limita un gran número de libertades, o simplemente simpatizas con el partido, pero no esperes que lxs demás nos quedemos quietxs ante una situación que no nos hace sentirnos cómodxs. Tu como individuo eres libre de no asistir a un espacio que ha decidido posicionarse políticamente.

    Es una lógica total que no se puede ser tolerante, con la intolerancia. La cuestión, es que a Vox, le da igual compartir espacio con personas LGTBI porque lo que necesitan son grandes espacios de difusión como Teatro Barceló (espacio amplio para fiestas), la lucha de Vox no se hace en este espacio, combatiendo una fiesta de Madrid que conoce casi exclusivamente personas LGTBI. Su lucha y la imposición de su ideología se haría desde una posición más transversal y dominante como es el presidencia de España. Las propuestas e ideas de varixs de sus representantes han evidencia la problemática y retroceso al que se relegaría la libertad sexual y de identidad, algo que afectaría DIRECTAMENTE a lxs asistentes a Tanga Party.

    En todo tu discurso no has tenido ni un momento presente concepciones sociológicas como el pink washing (en Internet hay una barbaridad de información por si lo desconoces). En el caso de Ciudadanos, resulta una contradicción utilizar un símbolo de lucha LGTBI mienras que Albert Rivera señala que “llamar matrimonio a las uniones homosexuales crea tensiones innecesarias”. El problema es que la gente que no profundiza en buscar información, no conocerá este dato y simplemente dirá “oye ciudadanos apoya a las personas LGTBI, quizás le de mi voto” cuando en realidad, no está interesadx en los derechos, sino en una seducción de personas que no se interesan en informarse. El apoyo a las personas LGTBI tiene que ser sincero y sin intereses, que los actos den voz y sentido a las banderas que se alzan.

    Me parece genial que para ti sea una fiesta para emborracharse y bailar “Katy Perry y Britney Spears”, pero para muchas personas celebrar una fiesta que representa la libertad sexual y de género es un acto de ocio y COMPLETAMENTE POLÍTICO. No entiendo que pensases que acudir a una fiesta LGTBI es un acto político, pues acudir a una Plaza de Toros, por ejemplo, también lo es.

  2. Pues yo tampoco fui a la Tanga y seguramente no volveré. Son unas absurdas y no respetan a nadie más que lo que ellas deciden. Pues que les vaya bien presentándose a las elecciones si quieren dedicarse a la política que yo prefiero ir a una fiesta y pasármelo bien sin malos tollos.

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