Vivimos tiempos religiosos, pero no se debe a que estamos en Cuaresma. La pugna entre el poder terrenal y el espiritual es tan antigua como la del mismo poder si bien las sociedades cristianas alcanzaron un equilibrio entre ambas con la separación Iglesia-Estado que hoy está en cuestión.

La desacralización de las iglesias cristianas ha avanzado al tiempo que la política procuraba ocupar su lugar. La liturgia eclesiástica se ha vuelto mundana mientras que la pompa y circunstancia que rodea a los políticos ha ido en aumento. Sin embargo, el cambio decisivo se está produciendo ahora cuando la sociedad está sustituyendo su fe en Dios por un nuevo paganismo. 

Desde la revolución francesa se ha intentado reemplazar la tradición por nuevas costumbres que rompieran con el pasado y ofrecieran un nuevo marco explicativo de la realidad. En realidad es un proceso que se inició con la consolidación de lo estatal y sus principales teóricos como Hobbes o Rousseau ya propusieron fiestas cívicas dedicadas a incidir en la educación de los buenos ciudadanos.

Su elaboración máxima se produjo con los totalitarismos del siglo XX que en el seno de sus sociedades ideales impusieron con mano de hierro el Estado como elemento anterior y por encima de todas las instituciones preexistentes: familias, ideologías alternativas y religiones. El Estado antes que el individuo, como único destino en el que poder realizarse y en el que fuera de él no era más que una bestia sin sentido. Se trata de una tendencia antigua, ya algunos filósofos de la antigua Grecia aborrecieron las costumbres que encontraron y diseñaron sociedades ideales gobernadas por filósofos-reyes donde hasta los niños debían ser educados por la comunidad. En Esparta los hijos no lo eran de sus padres sino en cuanto eran útiles al conjunto, el comunismo recuperó está idea de educar a los niños como hijos de todos.

Aunque no lograron imponerse, el socialismo no fue completamente derrotado y su forma edulcorada ha ido penetrando en nuestras sociedades. El objetivo final no cambió pero sí los medios, lo que no logró imponerse por la fuerza ha ido calando envuelto en un guante de seda. Educación y Cultura quedaron en manos de élites que rescataron los viejos principios para transmitirlos a los más pequeños de forma que con el paso del tiempo se han ido convirtiendo en verdades hegemónicas que han logrado permearlo todo. Si el Terror de la Revolución Francesa pretendió cambiar hasta los meses y establecer un nuevo calendario solo es ahora cuando este hombre nuevo empieza a alumbrarse.

Las festividades religiosas se sustituyen paulatinamente por fiestas cívicas. Los “días internacionales de” son los hitos del nuevo calendario que anuncia San Google con gran creatividad a diario en su página principal. No es casual que hoy, 8 de marzo, se celebre el día de la mujer por todo lo alto con la participación y financiación de las administraciones públicas. Siguiendo esta pauta los nombres de los recién nacidos ya no proceden del santoral o de la Biblia si no que se acude con frecuencia a nombres de animales o de series de televisión.

Los sermones que los sacerdotes lanzaban desde sus púlpitos ya no condicionan ni la moral ni las acciones de su feligresía. La política, en cambio, se ha moralizado hasta el punto de que las leyes que se publican en los boletines oficiales tienen fines éticos que los ciudadanos deben cumplir. Los impuestos ya no solo sirven para recaudar, sino que se les añade una carga ética -dejar de contaminar, consumir menos tabaco, azúcar…- e incluso se llega a legislar sobre lo que se puede decir o pensar. Normativas ideológicas que no amenazan con una condena de los pecadores en el más allá sino que implican condenas sociales, multas o prisión. La Iglesia nunca llegó a tener tanto poder como el que en la actualidad están acumulando los burócratas.

Tampoco se salva la vida íntima. Si antes venía marcada por la mojigatería de los curas ahora son las feministas quienes pretenden definir lo que se debe o no se debe hacer. Una nueva ola de puritanismo que choca con la libertad sexual que se proclamaba anteriormente. El resultado son situaciones extremas en las que las consecuencias de los actos no terminan de asumirse confundiendo lo que pueden ser, por ejemplo, fantasías sexuales con violaciones. La corrección política se eleva como categoría que proscribe desde expresiones hasta actitudes que ya no se pueden hacer porque hieren alguna sensibilidad.

Las nuevas encíclicas son los informes de las ONG que los periodistas reproducen de forma acrítica como verdades incuestionables y a los que los políticos se encomiendan para marcar su acción de gobierno. Este cientifismo dogmático es la nueva verdad revelada en la que podemos encontrar hasta revelaciones apocalípticas como el Cambio Climático.

La escatología de esta nueva religión ha perdido trascendencia que debe encontrar en este mundo pasajero. Así las oraciones han sido sustituidas por la meditación que busca también el trance y el apoyo colectivo con encuentros de mindfulness o clases de yoga. Si bien son pocos los que se arrodillan en el confesionario buscando consejos no deja de crecer la gente que se acuesta en un diván a la espera de la guía espiritual de un psicólogo. No es casual que cada vez los políticos tengan un mayor carácter mesiánico y los votantes busquen en ellos un salvador para todos sus problemas. 

Mientras que los templos religiosos se vacían de feligreses también van perdiendo su sentido. Cada vez es más habitual encontrar iglesias convertidas en lugares profanos como museos o salas de eventos que solo son admirados por su belleza artística o arquitectónica. Del mismo modo que cuando los turistas visitan el Partenón de Atenas no creen estar visitando la casa de Atenea, muchos de los que entran en las iglesias no se encuentran cerca de Dios sino que solo observan unos bonitos frescos. Por el contrario, se sacralizan edificios públicos repletos de despachos de burócratas y las sedes de las administraciones públicas.

En cierto modo se están quebrando los pilares de la sociedad cristiana, más allá de las creencias particulares que uno pueda profesar, donde la llegada de un Mesías que se limitó a la salvación de almas dejando claro que había cuestiones de las que debía ocuparse Dios y otras de las que debía ocuparse el César. Y a largo plazo esto puede suponer un peligro para las sociedades libres que pueden encontrarse bajo un poder omnímodo del que sea imposible escapar.

Dios no ha muerto como anunció Nietzsche sino que ha sido sustituido. Vivimos tiempos religiosos porque el ser humano es profundamente religioso. En nosotros encontramos una voluntad de trascendencia que ahora ha quedado ensimismada en el ego, abandonando valores tradicionales como el de la responsabilidad o el sacrificio esta nueva religión pagana se centra en uno mismo y la satisfacción de sus deseos que no encuentran ningún límite más allá que el de la propia técnica.  

Los tiempos cambian, no cabe duda. Hacia dónde es otra cuestión más difícil de responder sobre todo porque somos parte de los cambios y no somos plenamente conscientes de los mismos. El romano que en el siglo IV se convertía del paganismo al cristianismo no podía imaginar ni concebir el mundo que dejaba atrás ni el que estaba por venir.

Nos encontramos inmersos en un proceso inacabado, todavía por perfeccionar pero que posiblemente se caracterizará por no quedar completamente fijado. El mundo, las ideas, la tecnología, las pasiones cambian a una velocidad de vértigo en lo que el filósofo Bauman ha definido como sociedad líquida. El corpus doctrinal de esta nueva religión es hija de su tiempo y por tanto es líquida, en constante adaptación. Por eso el cambio climático puede pasar de ser un inminente calentamiento global producido por un agujero en la capa de ozono a deberse a un cambio estacional por la contaminación de ciertas partículas en la atmósfera o cualquier otra explicación que esté por venir. Es lo de menos, la única constante será la credulidad de la gente ante lo que promulgue la Santa Iglesia Progresista.

El éxito de esta ideología informe ha sido la de superar el marxismo en lugar de conservarlo como un bloque monolítico de creencias, con el tiempo han conseguido convertir la dialéctica hegeliana/marxista en mito fundacional. La lucha de clases es adaptable, el Capitalismo entendido como Mal no es necesariamente un enemigo concreto sino un demonio que amenaza la Historia. Y en esa lucha permanente, se construye todo el corpus ideológico que también renueva sus armas.

Es la nueva religión hegemónica, y aunque no existe un canon perfectamente definido, vivimos momentos como aquellos en los que siendo emperador Teodosio el Cristianismo se convirtió en la religión oficial de todo el Imperio. Ante esta situación, los hay que se han entregado completamente a dejarse llevar por la corriente de los tiempos. Otros se resisten a dejar atrás el mundo de ayer que ya no volverá y un tercer grupo observa con extrañeza y cierta distancia este proceso, intentando analizarlo y comprenderlo. Sin encajar en él.

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