Desde que Vox ha irrumpido en la escena política acapara páginas en los periódicos y minutos de televisión. Pasó de ser un partido residual y ninguneado a marcar la agenda política, se habla de Vox aunque sea para criticarlos o contraponer sus medidas consiguiendo monopolizar el foco mediático. Buena parte de estos análisis son maniqueos y con su caricatura lo único que consiguen es generar más simpatías hacia el partido liderado por Santiago Abascal. Ni todo es bueno ni todo es malo:

Las cinco virtudes de Vox

  • Su descaro. Los políticos de Vox se caracterizan por hablar claro, no tamizan ni adornan sus ideas pensando en el qué dirán o la corrección política. Un soplo de aire fresco en un ambiente enrarecido por el lenguaje enrevesado y manido de políticos y periodistas. Un desafío al status quo novedoso en España a diferencia del movimiento pro más sistema que representó Podemos disfrazado de anti casta (Pablo Iglesias y compañía no dejaban de ser profesores del sistema público que proponían ahondar en el sistema actual). Prueba de ello es la oposición furibunda, a veces irracional y llena de odio ante cualquier propuesta de Vox. Los burócratas temen perder su cuota de poder y los periodistas ven peligrar su posición como intérpretes de la realidad ante la gente común. Se trata de un cambio de paradigma independientemente de lo que ocurra, las estructuras de poder y comunicación han cambiado gracias a la tecnología permitiendo que los mensajes lleguen directamente sin necesidad de intermediación.
  • Oposición a la ideología de género. En los últimos tiempos se ha confundido feminismo con ideología de género, lo primero es la justa aspiración histórica de las mujeres a ser tratadas con igualdad en cuanto a libertades públicas y políticas mientras que la segunda es una revisión neomarxista para avanzar en el modelado de una sociedad utópica cuyo pilar ya no es el hombre nuevo sino la mujer nueva. El marxismo no muere, solo se reinventa para disfrazarse y continuar vendiendo la misma mercancía averiada. La discriminación legal de los hombres frente a las mujeres es un hecho que debe ser discutido para poner fin al discurso de odio hacia los hombres que confunde los terribles asesinatos de mujeres a manos de sus parejas con una confabulación organizada de hombres que pretenden matar a las mujeres. La realidad es que cada asesinato por violencia “de género” es independiente y no guarda relación con el resto, las motivaciones son siempre particulares y parece más adecuado enmarcarla en la violencia familiar. Pese a los cánticos y eslóganes no las matan por ser mujeres sino por cruzarse con un asesino que confunde amor o deseo con propiedad. Equivocar la raíz de un problema implica que las soluciones que se busquen siempre serán erróneas y, hasta ahora, la ideología de género no ha servido para evitar crímenes pero sí para crear todo un entramado de organismos pagados por los contribuyentes que viven de la misma.

 

  • Liberalismo económico. Con una propuesta de tipo único del IRPF del 20% hasta los 60.000 euros anuales, tributando al 30% cualquier exceso sobre es límite supondría un antes y después en este impuesto sobre la clase trabajadora. Pero es que van más allá y proponen rebajas importantes en Sociedades para las empresas que reinviertan, para las pequeñas y medianas empresas así como un alivio fiscal para los autónomos. Si estas medidas por sí solas ya dinamizarían la economía española vendrían acompañadas de una liberalización del suelo y la transición del modelo actual de reparto de pensiones a uno mixto. En este punto me llama la atención que algunos liberales que habitualmente son más racionales que el señor Spock sean incapaces de apreciar estas medidas simplemente porque el resto no son de su agrado. 

 

  • Una idea de España. Tras años en los que los políticos autonómicos han creado pasados míticos para justiciar futuros utópicos, pocos han sabido contraponer una idea vertebradora de España. Aunque la tendencia ya existía, y en Vox tan solo han sabido recogerla, los españoles han dejado de avergonzarse de serlo. Lo que en Francia, Italia o cualquier otro país era normal en España era excepcional. El sano patriotismo ha calado y ha reenmarcado la política española haciendo  que incluso quienes renegaban de la bandera aparezcan ahora enarbolándola.

 

  • Épica. Todo lo anterior ha permitido crear una épica sobre un proyecto que ha seguido una estrategia ganadora e ilusionante. Las urnas no se llenan con razones sino con pasiones, y la derecha llevaba años sin un proyecto esperanzador con líderes anodinos. Vox ha roto también con esta tendencia desafiando a los políticos que daban por supuesta la moqueta y el coche oficial. Aunque los frutos de esta estrategia se ven ahora y parecen recientes en realidad se trata del resultado de una carrera de fondo que se inició años atrás sin prisa pero sin pausa. Han conseguido también un liderazgo compartido entre diferentes cabezas visibles en lugar de apostar por un hiperliderazgo que puede ser efectivo en los inicios pero que termina lastrando a la organización como demuestran los casos de Rosa Diez, Albert Rivera o Pablo Iglesias.

 

Los cinco defectos o el reverso de sus puntos fuertes

  • Inmigración. Caen en el reduccionismo que critican de las políticas de género. Es una cuestión que puede atraer votos pero el hecho de que haya algunos inmigrantes que cometan delitos no convierte al resto en delincuentes ni sospechosos. Es un discurso peligroso que, como en el caso de la violencia doméstica, detrae la atención y por tanto los esfuerzos, en combatir los verdaderos peligros. No cabe duda de que durante años los problemas de convivencia o delincuencia han sido negados por políticos y medios. El problema no es el Islam sino los terroristas; el problema no son los los musulmanes sino los musulmanes radicalizados que aun siendo vigilados o confidentes de la policía llegan a cometer sus crímenes; el problema no son los inmigrantes sino los delincuentes -independientemente de su lugar de nacimiento- que aprovechan los vacíos legales para reincidir una y otra vez ante la impotencia de la policía.

 

  • Oposición al matrimonio gay. El desafío a la ideología de género les ha llevado a discutir el matrimonio homosexual en lugar de considerarlo una conquista conservadora que deberían abanderar y defender desde Vox. Confundir el sacramento con un estado civil podría llevarles a poner en duda también los divorcios u otras características de los matrimonios civiles, es una cuestión sobre la que escribí hace tiempo, y que daría consistencia a su discurso. Su referencia obsesiva a lo “natural”  en la cuestión familiar se encuentra estrechamente relacionado a esto, dando a entender que solo hay un tipo de familia posible olvidando que la historia de la humanidad ha sido el resultado de la creación de instituciones sociales capaces de encauzar su naturaleza y diferenciarnos de los animales. Engloban éxitos que nos hacen más civilizados en la rechazable ideología de género olvidando, cuando la mejor alternativa a esta es incluir e integrar a los diferentes en lugar de apartarlos permitiendo que avancen las ideas que sí pretenden destruir la institución del matrimonio que, en todas sus formas, ha sido una de las mayores fuentes de estabilidad y progreso para la sociedad. Enarbolar otras banderas no desmerece a la española, que aparezcan juntas debería ser un orgullo y corregiría el tradicional desprecio por lo español de las asociaciones no representativas que hablan por todos los homosexuales. Hasta Donald Trump se fotografió con la bandera del orgullo gay.

 

  • Unicameralismo. Aunque un sistema centralizado/unitario puede funcionar tan bien o mejor que uno descentralizado/federal también puede darse el caso contrario. Los defectos del sistema autonómico son el resultado de la irresponsabilidad política y fiscal incentivada por un modelo de transferencias que podría solucionarse tal y como plantea acertadamente Daniel Lacalle. Aún así, si se pretende un modelo unitario el unicameralismo no puede ser la solución ya que una segunda cámara legislativa atempera y puede ser un contrapeso más ante un poder político excesivo. Es, con diferencia, una de las cuestiones que menos me gustan de las cien medidas de Vox. La defensa de un modelo unitario es posible -aunque a mi entender no encaja bien con la diversidad histórica española- siempre y cuando la concentración de poder político se corrija y para ello el bicameralismo es una de las claves, se puede optar por un modelo diferente al actual con un Congreso elegido con circunscripción única nacional y un senado elegido mediante otras fórmulas, representación territorial o, por qué no, elitista (aunque eso entraña otros riesgos).

 

  • Proteccionismo. Mientras que su programa económico es profundamente liberal no lo es su aversión al comercio sin fronteras, el mantenimiento -con reformas- de la PAC y ese principio de “lo español primero” cuyos efectos ya hemos sufrido en su versión autonómica con ideas peregrinas como la soberanía alimentaria, la idea de campeones nacionales o el rechazo al capital extranjero. Es cierto que debe existir reciprocidad en el liberalismo para que todos los actores económicos puedan actuar en igualdad de oportunidades y libre competencia pero los argumentos deben ser los adecuados. La contienda política no deja mucho espacio para la los argumentos en profundidad y los matices pero para que una sociedad sea abierta debe serlo en todos los sentidos, y el liberalismo en un solo país aislado del mundo tampoco sería posible.

 

  •  Amor por la naturaleza. Los líderes de Vox  tienen cierta querencia por subir al monte, montar a caballo… y utilizarlo en sus videos propagandísticos llenos de épica. A mí también me conmueve la belleza de muchos paisajes pero cuando la naturaleza se lleva a la política podría denotar esa conexión mística iniciada por Ernest Haeckel en su concepción monista con la que alumbró el ecologismo. Una cuestión aparentemente estética pero que es uno de los fundamentos del nacional-socialismo y que pervive -junto al socialismo- en nuestras sociedades pese al rechazo generalizado del resto del pensamiento nacional-socialista. Es curioso que pese a la facilidad con la que se tacha de fascista a Vox con poco tino no se destaque este detalle, tal vez porque es algo compartido con el resto de partidos del espectro político.
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