Ya están aquí

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Pedro Sánchez abrió ayer las puertas del Palacio de Moncloa de par en par al populismo. No solo por dar entrada en el gobierno español a un partido como Podemos, de ideología radical, sino porque él mismo ha abrazado el populismo como único hilo conductor capaz de articular un discurso contradictorio. El populismo como fórmula para dar coherencia y así apuntalarse en el poder permite a Pedro Sánchez situarse por encima de posibles incoherencias evidentes de relato al mismo tiempo que ofrece un marco justificativo para quienes le han apoyado.

Este aspecto resulta fundamental porque quienes le respaldan -ya sea dentro de su partido o tan solo con su voto- deben asirse a un mecanismo psicológico capaz de explicar sus decisiones tanto de cara al exterior, a los otros, como al interior, a sí mismos. Consigue, además, blindarse a cualquier crítica de consistencia discursiva que analizada fríamente carece de toda lógica pero que en el discurso populista encuentra un paradigma congruente. Y es que si para un observador externo puede parecer una locura que la misma persona que en campaña electoral ni respondía las llamadas telefónicas de Torra una vez investido presidente del Gobierno se muestre “encantado” por reunirse con Torra, ya destituido en su cargo; en el relato populista esto puede parecer razonable porque así lo quiere una mayoría democrática que va más allá de la democracia representativa sin importar lo que se hiciera o dijera semanas atrás.

La deriva populista del PSOE liderado por Pedro Sánchez es peligrosa porque va más allá de las palabras y se transmite a los hechos al transformar en realidad una teórica “desjudicialización” de la política con el nombramiento de la Fiscal General de la que era ministra de Justicia . Sin Estado de Derecho no puede haber libertad y esta “desjudicalización” esconde terminar con los principios de legalidad, responsabilidad e interdicción de los poderes públicos consagrados en el fundamental, y a veces olvidado, artículo 9 de la Constitución. Lo que promueve Pedro Sánchez es peor que politizar la justicia, es terminar con la sujeción a la ley de los poderes públicos. Todo por dar impunidad a unos hechos delictivos cometidos por políticos a cambio de su investidura. El problema es que una vez que se vulneran estos principios constitucionales el Estado de Derecho deja de existir y eso equivale a decir que la Constitución como tal deja de ser efectiva.

Esto proceso que ya se ha iniciado conlleva una degradación institucional que puede terminar con la democracia española. A pesar de que en toda esta estrategia estén implicados quienes asesoraron a Hugo Chávez para transformar Venezuela en la dictadora en la que hoy se ha convertido, los pasos de ambos países transitarán por caminos diferentes aunque similares. Si en Venezuela lo primero que hizo Chávez fue una reforma integral de la Constitución y nombrar a jueces fuera de la legalidad en España la degradación institucional acarreará lo que Jellinek llamó “mutación constitucional” que no es otra cosa que la transformación del texto fundamental a través de los hechos consumados con interpretaciones y prácticas, sin necesidad de una reforma formal y expresa. Me temo que esta es la hoja de ruta que seguirá Pedro Sánchez y que escogió al coaligarse con el partido de Pablo Iglesias. Por poner algunos ejemplos: el nombramiento de Dolores Delgado es legal pero vulnera el espíritu de la ley en el que se dice que ningún miembro de un partido político puede ocupar un puesto que requiere autonomía del gobierno; o también la aprobación de estatutos para romper de facto con el principio de la soberanía nacional.

Siempre pensé que la gran amenaza para la democracia española era la llegada al poder de Pablo Iglesias sin tener en cuenta que la ambición desmedida de Pedro Sánchez podría resultar un camino más rápido y efectivo hacia el populismo. Los populistas ya no son una amenaza hipotética: ya están aquí, gobiernan un país como España. Han atravesado las columnas de Hércules para entrar en el mismo corazón de Europa.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. JFM dice:

    Bueno la palabra populimso me produce arcadas. Por ejemplo el mezclar a Sanchez e Iglesais que no son populistas sino fascistas rojos (cuando Sancghez habala de que hay superar la Ley con el tema Cataluña quiere decir que la Ley sera lo que le salga de los c..s) con Boris Johnson, ese que quiere que se se respete la voluntad del pueblo con Boris Johnson y ver a Jimenez Losantos en su “Historai del Comunismo” entyre doss capitulos sobre los millones de muertos de Lenin poner uno sobre Trump porque segun él es “populista” produce vergüenza ajena

    El ppulismeo señor es querer que vivamos en democrcaia la cual NO es el poner unpepelot en una uran cada X años y luego el partido designa al que le viene en ga y ese designado foprma gobierno con quien le viene en gana a espaldas del puelo, porque le recuerdo señor Aram que democracia es poder del pueblo y que ni la partitorcaia ni la erepresentocracai son democracaia.

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