Un verano en Mallorca

La “espontánea” campaña de pintadas contra el turismo que ensució Palma de Mallorca y el ayuntamiento tardó en limpiar cada vez parece menos casual. Con agosticidad y entre noticias de incendios y altas temperaturas se han colado estos días en los telediarios supuestas piezas informativas sobre el colapso turístico de Baleares. Noticias similares han proliferado en la prensa local y llama la atención que los políticos del lugar -y en particular el consejero de Turismo de las islas- alerten sobre la llegada masiva de turistas al presentar una campaña de promoción turística. “La temporada de verano no da para más” ha afirmado Biel Barcelo, máximo responsable del área de turismo del archipiélago y emisario de la izquierda catalana en Baleares. Los ecologistas también han entrado en escena criticando la campaña por considerarla insuficiente. Nos encontramos ante un caso de manual de organización pantalla: una demanda de una asociación falsamenente “apolítica” e “independiente” que en realidad comparte ideología y dirigentes con los actuales partidos en el poder.

Los poderes públicos de Baleares controlados por una extravagante coalición de socialistas, comunistas, chavistas, pancatalanistas, ecologistas y algún otro que pasaba por allí, ya amenazado con “abrir un debate” sobre el modelo turístico, ha creado nuevos impuestos que encarecen el destino turístico y están viendo como hincarle el diente al turismo vacacional. Porque no les gusta que vengan muchos turistas pero a sus dineros no les hacen ascos, y hay que exprimirlos como se hace con el exhausto contribuyente español.

Como mallorquín observo estas noticias con preocupación, parece que los políticos no se conforman con los huevos de oro que da el turismo y quieren asar a la gallina. Si se empeñan pueden terminar con una actividad tan dinámica, innovadora y que ha dado tanta prosperidad a la gente de Baleares como ha sido el turismo. No puedo más que recordar estos días aquel librito de George Sand titulado “Un invierno en Mallorca” donde describía la isla que encontró cuando acompaño a Chopin a la isla muy alejada de lo industria turística que ha sabido poner en marcha en los último tiempos. Su relato, comienza así:

“Llegamos a Palma el mes de Noviembre de 1838, con un calor comparable al de nuestro mes de Junio. Habíamos salido de París quince días antes con un tiempo extremadamente frío, y fué para nosotros un gran placer, después de haber sentido los primeros síntomas del invierno, dejar el enemigo a retaguardia. A este placer se juntaba el de recorrer una ciudad de mucho carácter, poseedora de muchos monumentos de primer orden en hermosura y en rareza. Pero bien pronto vino a preocuparnos la dificultad de establecernos, y vimos que los españoles que nos habían recomendado Mallorca como el país más hospitalario y el más abundante en recursos, se habían engañado tanto como nosotros. En una comarca tan cercana a las grandes civilizaciones de Europa, no se nos alcanzaba que no pudiésemos encontrar un solo albergue. Esta falla de sitio donde albergarnos debió hacernos comprender desde luego lo que era Mallorca en relación al resto del mundo (…). En Palma es necesario anunciarse y recomendarse a veinte personas de las más notables muchos meses antes para no quedarse en medio de la calle. Todo lo que pudo hacerse por nosotros, fue procurarnos dos pequeñas habitaciones amuebladas, o mejor, desamuebladas, en una especie de mal mesón, donde los extranjeros se han de dar por muy satisfechos si encuentran un catre con un colchón blando y rollizo como una pizarra, una silla de paja y, en cuanto a alimentos, pimienta y ajos a discreción (…). El más insignificante gesto que hicierais al encontrar porquería en las camas o escorpiones en la sopa, os acarrearía el desprecio más profundo y levantaría universal indignación en contra vuestra. Nos guardamos, pues, muy bien, de quejarnos, y, poco apoco comprendimos a qué se debió esta escasez de recursos y esta falta aparente de hospitalidad (…). Además de la poca actividad y energía de los mallorquines, la guerra civil que trastornaba a España hacia mucho tiempo, había interceptado en esta época toda comunicación entre la isla y el continente; Mallorca había servido de refugio a cuantos españoles pudiera albergar y los indígenas encerrados en sus hogares, se guardaban muy bien de salir de ellos para buscar aventuras en la madre patria. A estas causas es preciso añadir la ausencia total de industria y el rigor de las aduanas que recargan todos los objetos necesarios al bienestar con un impuesto desmedido. Palma solo tiene cabida para un cierto número de habitantes y a medida que la población aumenta, como no se edifica, se aglomeran las gentes de un modo extraordinario. Nada se renueva en estas habitaciones. Excepto en casa de dos o tres familias, el mobiliario ha cambiado poco desde hace 200 años. No se conoce ni el imperio de la moda, ni el deseo de lujo, ni el de las comodidades de la vida. Hay apatía de un lado, dificultad del otro; y así se quedan. Se tiene lo estrictamente necesario, pero nada más. Así es que la hospitalidad no pasa de ofrecimientos”.

Las negritas son mías, se trata de un texto un poco largo pero que no tiene desperdicio y que me sigue llamando tanto la atención como la primera vez que lo leí. Reflejo de una realidad que en algunos aspectos se mantiene. A día de hoy, por ejemplo, los políticos y tertulianos se sorprenden todos los inviernos cuando llueve torrencialmente. Tal vez deberíamos leer más a George Sand y escuchar menos a al politiqueo sobre las bondades de la temporada baja de invierno: “No se comprende como los mallorquines toman tan pocas precauciones contra esas plagas del viento y de la lluvia. Su ilusión o su fanfarronería es tan grande, desde este punto de vista, que niegan absolutamente esas inclemencias accidentales, pero serios, de su clima. Hasta el fin de los dos meses de diluvio que tuvimos que aguantar nos sostuvieron que no llovía jamás en Mallorca”.  Los palmesanos, por cierto, se continúan indignando porque no hay un buen sistema de drenaje en la ciudad. Dos siglos después.

El retrato del carácter mallorquín perdura y uno no puede mas que sonreír al leer que “la prudencia del español y la desconfianza del insular son tales que un extranjero no puede hacer a nadie la menor pregunta sin pasar por un espía político”. Pero es obvio que mucho ha cambiado en Baleares desde el siglo XIX con una infraestructura turística que no solo ha creado un entorno habitable para millones de turistas que todos los años eligen las islas para pasar sus vacaciones sino que se ha sabido globalizar en todo el mundo, invirtiendo allende los mares y atrayendo empresas de primer orden que se se han establecido en Baleares debido a su personal altamente cualificado.

Una estampa poco idílica de Mallorca que muchos considerarán injusta pero de la que se pueden extraer lecciones para que continuemos avanzando en lugar de recorrer a la inversa un camino que solo traía atraso y pobreza. No todas las palabras que nos dedicó George Sand eran negativas, del paisaje escribió que “la palmera se inclina por si misma sobre los precipicios, sin que la brisa caprichosa desarregle la majestad de su belleza, y hasta el menor cactus desmedrado al borde del camino, todo parece mostrarse con una especie de vanidad para recrear la vista” que remataba asegurando que “en Mallorca no pude establecer comparación alguna con otros sitios conocidos. Los hombres, las casas, las plantas y hasta los más pequeños guijarros del camino, tenían un carácter típico. Mis hijos estaban tan admirados que hacían colecciones de todo, y querían llenar nuestras maletas de aquellas hermosas piedras de cuarzo y de mármoles veteados de todos colores, de que están formados los muros de piedras secas que cierran todos los cercados. Así es que los campesinos, viéndonos recoger hasta las ramas muertas, nos tomaban por boticarios, o nos miraban como verdaderos idiotas. Incluso de manera casi profética atisbó el potencial turístico que los mallorquines han sabido explotar: “si la civilización europea llegase a tal grado de adelanto que pudiese suprimir las aduanas y los carabineros, manifestaciones visibles de las desconfianzas y antipatías nacionales, si la navegación a vapor estuviese organizada directamente desde nuestra tierra a esas regiones, Mallorca podría muy pronto competir con Suiza, pues se podría ir allá en muy poco tiempo y se encontrarían, a no dudarlo, bellezas tan delicadas y grandezas tan extrañas y sublimes que ofrecerían a la pintura nuevos manantiales”.

Sea pues la ambición de los mallorquines la de competir con Suiza y no con Corea del Norte. Que el ruido de  los políticos y sus altavoces mediáticos no consigan cerrar al mundo una sociedad dinámica y prospera como la balear. No volvamos a mirarnos al ombligo.

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Políticos y huevos de oro

La fábula de la gallina que ponía huevos de oro es casi tan antigua como la política, y aunque pasan los siglos parece que no aprendemos nada. La historia es de sobra conocida y los regímenes políticos se pueden definir según la actitud que mantienen frente a la gallina de los huevos de oro que es el libre mercado. Los políticos más prudentes no atosigan a la gallina y de vez en cuando sustraen un huevo de oro del cesto sin molestar a la ponedora, un pequeño impuesto para financiar el Estado y los más irresponsables limpian el cesto en cada puesto y atosigan a la gallina para que ponga más huevos consiguiendo el efecto contrario. Cuando no quedan huevos de oro en el cesto el político solo tiene dos opciones, esperar a la nueva puesta o… comerse la gallina. Este caso extremo sería el del comunismo en el que se promete riqueza para todos a corto plazo a costa de impedir la riqueza futura.

Como si animales carroñeros fueran, los políticos imponen tasas e impuestos allí donde ven que se está generando riqueza. El sector turístico español es un ejemplo mundial y no es de extrañar que el politicastrerío se interese siempre por semejante gallina de los huevos de oro. Sin excepción, los socialistas de todos los partidos, consideran que los beneficios generados por el turismo son un botín que los empresarios del sector deben repartir con ellos. Solidaridad lo llaman.

Quienes ya empobrecieron en su día a la sociedad balear amenazan de nuevo con imponer otra ecotasa turística. En Canarias, el PSOE se ha descolgado con establecer por ley -ordeno y mando- una plantilla mínima en los hoteles del archipiélago. Siempre por el bien del sector, incluso candidatos a alcaldías como la de San Bartolomé de Tirajana en Gran Canaria proponen crear nuevos impuestos sobre el todo incluido. Son solo algunos ejemplos pero como estos pueden encontrarse cientos en toda España.

No satisfechos con apropiarse del cesto de huevos de las gallinas ajenas, pretenden enseñar a los hosteleros como deben satisfacer a sus clientes en esa soberbia que caracteriza a todo planificador. Semejante maraña reguladora y la amenaza de saqueo constante, dejan escaso margen a la iniciativa empresarial para satisfacer las necesidades de aquellos que libremente escogen sus establecimientos para disfrutar las vacaciones. No llegan al punto de matar a la gallina para comérsela (o expropiar) pero sí se entrometen en negocios que funcionan marcando directrices que de forma homogénea todos deben seguir, impidiendo la diferenciación y la mejora continua de un sector libre y competitivo. Cualquiera diría que la ambición última del político es convertirse en hostelero dictando normas en lugar de arriesgarse a abrir su propia empresa..

No hace falta que elucubremos sobre cómo serían los “hoteles públicos” gestionados por políticos porque ese modelo ya existe en España. Paradores de Turismo es una sociedad anónima de titularidad pública cuyo único accionista es la Dirección General de Patrimonio del Estado presidida por Ángeles Alarcó. Es posible que sus estándares de calidad y servicio sean altísimos pero de lo que no cabe duda de que es una ruina en manos de políticos. Ni reestructuraciones ni ERE’s han impedido que seis de cada diez paradores estén en pérdidas, datos devastadores si se tiene en cuenta la rentabilidad y excelencia mundial que consigue el sector hotelero español a pesar del gobierno.

Recordemos la sabiduría que esconde la fábula atribuida a Esopo y no atosiguemos ni matemos a la gallina de los huevos de oro, mantengamos a los políticos alejados de nuestros cestos.

El PP de Baleares se ahoga en su propio chapapote

El Partido Popular de Baleares se ha unido -cuando no organizado- entusiásticamente a las mareas contra las prospecciones petrolíferas en el Mediterráneo. Una estrategia de oposición que pierde sentido cuando ostenta la mayoría absoluta en las comunidades autónomas de Baleares, Valencia y en toda España. Ver a los diputados del PP disfrazados de afiliados al GOB sujetando pancartas me produjo un rechazo estético que todavía permanece en mi memoria.

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Esta estrategia callejera y demagógica contra las prospecciones petrolíferas está condenada a fracasar. En el caso de que las prospecciones no se lleguen a realizar es innecesaria pero legitima las cadenas humanas y otras algaradas organizadas por los subvencionados del GOB y otras organizaciones pantallas del pancatalanismo. Y en el caso de que se lleven a cabo las prospecciones, el resultado puede ser letal para el propio Partido Popular, pues es inexplicable que estando tan en contra sea su propio partido el que las ejecute.  No importa que fueran aprobadas inicialmente por el PSOE y que ahora también se oponga pues los socialistas cuentan con la hiperlegitimación moral de la Izquierda y tienen carta blanca para levantar el puño y seguir sumando tropelías a la nefasta historia de su partido.

Se acercan elecciones y esta estrategia recuerda a la inclusión de Maria de la Pau Janer en las últimas listas de Jaume Matas. Entonces no consiguieron perdonarse por el pancatalanismo subvencionado y, además, perdieron la mayoría absoluta y, por tanto, el gobierno. Lejos queda aquella magnífica campaña del “Sí” en la que confrontaron un modelo alternativo al que proponía el pacto de progres.

Para terminar quiero manifestar mi ignorancia, yo no sé si deben hacerse las prospecciones o no; y todos esos diputados que sujetan las pancartas comparten mi ignorancia. Los políticos no deberían decidir sobre la mejor política energética, es el mercado el que debe decantarse por las más eficientes y beneficiosas en cada circunstancia. No necesitamos más planificadores energéticos que carguen la factura eléctrica con más subvenciones, primas, moratorias y prebendas; necesitamos un mercado energético libre que evolucione y se perfeccione para beneficio mutuo de consumidores y empresarios. En lugar de liberalizar el sector energético el Partido Popular parece decidido a ahogarse en su propio chapapote.

Piensa en global, no estudies inglés

¿Para qué estudiar inglés si pulsando un botón del movil puedes traducir el texto que quieras? Este es el argumento de uno de los “docentes” contra la aplicación del trilingüismo en las escuelas de Baleares. Su intervención en un debate sobre la huelga de docentes y el TIL terminó entre sonoras carcajadas y pitorreo del público. Ver para creer:

Este “docente” que piensa en global se llama Toni Baos, es profesor de música y Secretario General de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras de Baleares.

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Los “docentes” de Baleares llevan años tomándose en serio a Esperanza Aguirre y una de sus preocupaciones es la catalanización de los niños. Por el camino se ha triturado la propia cultura de las islas, el mallorquín se ha visto reducido al ámbito familiar y en las escuelas se aprende el dialecto catalán mientras se desprecia el mallorquín. Oficialmente el mallorquín no existe pero goza de buena salud gracias a los padres que continúan enseñándoselo a sus hijos como antes lo hicieron sus abuelos. Cuando uno escucha la televisión autonómica, a los políticos de la corrección o a los niños peninsulares que han aprendido catalán en la escuela, escucha un idioma artificial, foráneo y que nunca se había hablado en Mallorca. El catalán se considera “lengua propia” como si existieran lenguas impropias o los fenicios hubiesen traído el catalán a las Baleares. Nos encontramos ante un fracaso colectivo sostenido por las mentiras de unos pocos.

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Este curso escolar ha comenzado en Baleares con una huelga indefinida de “docentes” -así se proclaman ellos, ni maestros ni profesores cuando en realidad tan solo son funcionarios vocacionales- por la aplicación del TIL, acrónimo del decreto del Tratamiento Integral de Lenguas. Los “docentes” dicen protestar por la mengua en la calidad de la enseñanza pero la realidad es que protestan porque el modelo trilingüe sustituirá al de la inmersión lingüística obligatoria en catalán.  Nunca han protestado por los altos niveles de fracaso escolar, el absentismo laboral de muchos profesores o la baja calidad de la enseñanza según los informes PISA; sólo cuando peligra la inmersión en catalán. Tampoco protestan cuando un partido de izquierdas aplica su mayoría para legislar, solo cuando lo hace el Partido Popular; tienen una visión singular de la democracia.

Para centrar la cuestión la ambición del TIL tampoco es desmedida, se impartirán dos asignaturas no lingüísticas en inglés, a elegir de entre las que cursa el alumno (informática, plástica, educación física, música, etc.) a partir de 1º de ESO ampliándose progresivamente a cursos superiores a medida que pasen los años. También se impartirán otras dos asignaturas no lingüísticas en español. Los “docentes” pueden conformarse con el resto, que continuarán impartiéndose en catalán.

Pero no nos engañemos, el problema es la misma Educación Pública. Un sistema centralizado, ya sea a nivel nacional o autonómico, que decide la educación de los niños sin tener en cuenta a sus padres. El debate sobre la inmersión lingüística no existiría si los padres pudieran decidir libremente la educación de sus hijos sin que sean otros a través de la legislación quienes la elijan por ellos. En un sistema educativo libre los padres escogerían el colegio al que llevar a sus hijos o, incluso, podrían educarlos en casa sin amenazas gubernamentales.

La alternativa “pública” que ofrece algo de libertad pasa necesariamente por el cheque escolar y emular, en parte, esa capacidad de elección aunque se sostenga con dinero de todos los contribuyentes. Sólo así la competencia entre centros respetaría las preferencias de los padres y no las de los políticos en cuanto a modelo lingüístico, ideario o sistema pedagógico. La solución, como siempre, es recuperar parte de nuestra libertad.

Soy incapaz de saber cuál es el mejor sistema educativo para los hijos de los demás pero sí sé cómo me gustaría educar los míos. No tengo ningún problema en que alguien decida educar únicamente a sus hijos en catalán -o en chino mandarín- a pesar de vivir en Baleares pero no que lastre a los hijos de los demás a construir su utopía pancatalanista. Estos “docentes” huelguistas dicen que los políticos no deberían decidir el sistema educativo; es verdad, el problema es que no lo dicen para devolver esa libertad a los padres sino para retenerla ellos, “docentes” pancatalanistas que nos quieren adoctrinar.

Cazando trolls

Trabajar hasta tarde puede tener sus cosas buenas, ayer noche fui testigo de un error que me llevó a descubrir quién está detrás de una cuenta troll de esas que hacen mofa de los políticos. Casualmente son políticos de derechas y, al menos en este caso, detrás del troll están las juventudes de otro partido político.

A las 2:10 vi el siguiente tuit en la cuenta oficial de las juventudes pancatalanistas del PSM:

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A los pocos minutos el tuit fue borrado y, pasado un tiempo, apareció de nuevo en esta otra cuenta:

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Troll cazado. Tras la cuenta para hacer mofa del presidente del gobierno balear se encuentran nada más y nada menos que las juventudes del PSM que se definen como una organización independentista, ecologista y de izquierdas de la juventud mallorquina (sic). Sic porque luego se situan en “Mallorca (Països Catalans)”.

No quería dejar de contar esta historia porque el gobierno de Baleares, y en particular su presidente, están siendo perseguidos por dejar que los padres puedan elegir libremente la lengua en la que escolarizar a sus hijos y que a partir del próximo curso se respeten las modalidades lingüísticas de las islas Baleares. La Izquierda pancatalanista (desgraciadamente es redundante en Mallorca) está utilizando todo tipo de artimañanas, banderas falsas y mentiras para defender una posición política muy complicada: impedir la libertad de elección de los padres y la persecución de la lengua que habla la gente de Baleares.

De hecho, de cara a las próximas elecciones se presentarán bajo las equívocas siglas de “Más por Mallorca” cuando deberían llamarse “Más por Cataluña”. Ya es hora de descubrir y quitar las caretas de estos partidos que defienden intereses de otras regiones españolas en Baleares.

Nunca tantos gastaron tanto para empobrecernos a todos

Nos vamos a pique, la gente se manifiesta contra los recortes pero hay indicios que nos aportan un poco de esperanza. El gobierno Balear ha conseguido domar el déficit público en un año y medio reduciéndolo hasta los niveles de 2006. La sociedad productiva balear respira aliviada y acumula meses de reducción del desempleo.

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La escalada de la gráfica asusta un poco, el pacto de progres capitaneado por el socialista Xisco Antich -hoy senador por designación- capitaneó una coalición eco-nacionalista-socialista que gastó como si no hubiese mañana. Las políticas socialdemócratas del PP no son la panacea pero comparadas con los manirrotos que les precedieron parecen una bendición. Sería injusto no reconocer semejante esfuerzo de los populares Baleares y, por el bien de todos, esperemos que continúen recortando el bienestar del Estado.

Los contribuyentes no debemos olvidar nunca que la alianza entre partidos poco votados como el PSIB-PSOE, UM ( hoy El Pi), PSM (también cambian de nombre por Més per Mallorca), Izquierda Unida, los Verdes e Ibiza por el cambio (organización pantalla de ERC) fueron los responsables de llevarnos a esta situación. Nunca tantos gastaron tanto para empobrecernos a todos.

El catalán es un dialecto

La construcción nacional catalana se levanta sobre mentiras y uno de los pilares sobre el que se edifica esta gran farsa es la lengua. El catalán es un invento reciente del siglo XX a través del cual los pancatalanistas han adornado sus reivindicaciones, victimismo e historia inventada.

¿Cuatro barras?

A imagen y semejanza del nacionalismo alemán, el catalanismo tiene vocación colonial. Descartada la base racial, el único instrumento que le permite expandirse en su imaginado lebensraum es el idioma. El único problema es que nunca existió esa lengua por lo que para legitimar las aspiraciones pancatalanistas fue necesario construirla con los retazos de un idioma de frontera nacido en el Imperio Carolingio, el lemosín. En la misma fundación de España, en la Marca Hispánica, la lengua lemosina descendió con la reconquista por todo el levante español y se fundió con el habla de cada lugar alumbrando diferentes dialectos.

Una lengua no codificada y fragmentada en variantes que arraigaron en territorios dispares e incluso aislados como en el archipiélago balear hasta la autodesignada reinaixença. Incluso entonces, el fundador del Institut d’Estudis Catalans presidía la Diputación provincial de Barcelona  desde la que se creó esta institución (18 de junio de 1907) que se convertiría con el tiempo, y por Real Decreto, en la autoridad única sobre el catalán en “todos los lugares de lengua y cultura catalanas” (sic). Antes de que se iniciara este proceso en 1833, Buenaventura Carlos Aribau, uno de los impulsores de la Reinaxença, escribía en su Oda a la Pàtria  que “en llemosí sonà lo meu primer vagit”.

Del proceso de normativización de la lengua se expulsó a todos aquellos que no compartían la visión catalanista y el mallorquín Antonio María Alcover tuvo que publicar por su cuenta el Diccionari català-valencià-balear. No tenían cabida en el catalanocentrismo que terminaría imponiéndose con la Gramática (1918) y el Diccionario (1932) inventados por el ingeniero industrial Pompeo Fabra. La gran obra de un planificador barcelonés con la que se ha cometido un verdadero genocidio cultural que los valencianos han conseguido limitar gracias a la creación de una autoridad lingüística alternativa a la implantanda desde Barcelona.

En Mallorca, el artículo salado ya solo se conserva en el habla popular de la gente. Desde las organizaciones pancatalanistas regadas con dinero público (balear y catalán) se ha perseguido su uso. La Universidad de las Islas Baleares ha actuado como cómplice necesario para barnizar de cientifismo este acoso cultural dictando que, salvo en situaciones “marcadamente informales”, se utilizará el artículo “literario” o “estándar”. Eso mismo nos obligaban a aprender en las escuelas, e incluso para conseguir el título de catalán exigido para optar a la mayoría de puestos de funcionario el artículo salado se tacha como “incorrecto” en los exámenes. La propia página web de lo que antes se conocía como “Junta Avaluadora del Catalàderiva a recursos lingüísticos que dependen directamente del gobierno catalán. Una invasión de terciopelo que ha uniformizado todos los dialectos del lemosín para asimilarlo a la variante catalana tildando a todas las demás de “vulgares”.

Los pancatalanistas han “normalizado” también los topónimos procurando borrar todo rastro del artículo salado que cuestiona la unidad de la lengua impuesta desde el siglo XIX por el Instituto de Estudios Catalanes. El rodillo pancatalanista no ha respetado ni las calles del casco antiguo de Palma de Mallorca aunque todavía pueden encontrarse  rastros de la lengua de nuestros abuelos.

La “Costa de sa pols” es una de esas calles en las que la antigua placa con el artículo salado ha sobrevivido. Muchas placas de las calles con su nombre en mallorquín que sobrevivieron al franquismo no han conseguido resistir al pancatalanismo “democrático”.

El catalán es un dialecto, Ausias March era valenciano y, Raimundo Lulio, mallorquín. Los catalanes pueden seguir hablando en su dialecto que los mallorquines seguiremos hablando el nuestro, como ya escribió Mossén Alcover “que no s’escandalisin els nostres mallorquins catalanistes de que diga aquí llengo i no llengua” porque en Mallorca hemos sido aragoneses, independientes o españoles pero nunca, nunca, catalanes. Hemos soportado muchos años de neocolonialismo pancatalanista y ya es hora de que volvamos a escribir en mallorquín en lugar de usar el dialecto de Barcelona.

Volar a Mallorca después de Spanair

El final de Spanair levantó todo tipo de quejas e informaciones en las que aseguran que volar a las Baleares desde la península se ha encarecido. Los precios de estos vuelos son, además, materia a subvencionar ya que al parecer los políticos de las islas consideran que “la insularidad” perjudica a quienes hemos nacido en estas islas del Mediterráneo.  Puede ser que esta apreciación fuese cierta cuando las islas eran lugar de destierro o se utilizaban como cárceles naturales; pero no ahora que el turismo las ha transformado en un paraíso turístico que los baleares han sabido aprovechar y convertir en riqueza.

Los años de bonanza y la trampa democrática en la que cada partido jugaba a prometer más prebendas a los ciudadanos llevó a instaurar la subvención universal al 50% de los vueltos para residentes de las Baleares.  El dinero de los contribuyentes, ricos y pobres, termina así pagando la mitad del billete de avión de los baleares que, ricos o pobres, deciden volar a cualquier ciudad española. El Estado redistribuye la renta de, por ejemplo, un asalariado de la fábrica Seat de Martorell para pagar la mitad del billete de avión de, por poner otro ejemplo, los hijos de Matas. Vuelen en turista o en primera clase, para visitar a la familia o para salir de fiesta.

Los billetes, comprados con previsión, entre Palma y Madrid resultan asequibles gracias a la sana competencia de un mercado maduro. Con las compañías aéreas de bajo coste se pueden encontrar verdaderas gangas. Incluso ahora que hay una compañía menos como Spanair cubriendo estas rutas se pueden encontrar precios razonables, aun cuando se busca un vuelo para esta misma semana. Nada mejor para desmontar los peores augurios sobre como hacer una simulación. Hoy mismo he podido comprobar que un vuelo para este  fin de semana sin descuento de residente sale por algo más de 70 euros.

He ido un paso más allá y he consultado lo que costaría viajar en Alta Velocidad desde Madrid hasta Barcelona ya que aquí no encontramos “el problema” de la insularidad. Viajar en tren desde Madrid hasta Barcelona sale bastante más caro que volar de Barajas a Son Sant Joan, por unos 164 euros. ¡Más del doble! Sé que ese trayecto pueden hacerlo en coche, pero para eso hay que tener coche, pagar los pejaes o la gasolina. Además de la inversión de tiempo que supone o tener un lugar en ambas ciudades en la que aparcarlo. Tampoco sería descabellado añadir otros gastos que pueden estar amortizados con el uso normal del automóvil como el seguro y las reparaciones.

Intuyo que la solución que muchos políticos ofrecerían a este problema que acabamos de descubrir sería el de subvencionar la “peninsularidad”. Pero parece poco viable, y menos en estos tiempos en los que no hay dinero ni pagar los medicamentos de las farmacias.

El Estado de  Bienestar no es viable y, además, es injusto por lo que hay que desmontarlo. Y como se trata de desmantelar privilegios nada mejor que dar ejemplo y empezar por los propios. Como mallorquín espero que pronto se termine con la sinrazón de la subvención de los vuelos para los residentes. Si dejamos que la libre competencia funcione nos encontraremos con que se ofertan vuelos baratos sin necesidad de que los trabajadores carguen con ese coste.

Un político honrado

Rodrigo de Santos habla desde la carcel para IB3, muestra arrepentimiento y ha devuelto el dinero que nos robó. (Vídeo aquí)

No sé dónde estaba la lobby gay zerolista cuando Última Hora y otros medios emprendieron una campaña repleta de oscuras insinuaciones que conseguían lanzar la piedra escondiendo la mano para despertar en la conciencia popular los más bajos instintos. Algo que no habría ocurrido si se hubiera gastado el dinero en putas. Y no seamos ingenuos, lo de la cocaína es un vicio en el que más de uno debe estar enganchado. No pienso señalar a nadie.

A estas alturas solo soy capaz de preguntarme si es más honrado el político que redime sus pecados entre rejas y devuelve hasta el último céntimo robado o el que permanece en la poltrona, viaja en coche oficial, asalta la caja de los dineros públicos, sigue repartiendo prebendas y endeudándonos.

¿Cuántos políticos han devuelto todo lo que han robado? Claro que es posible que “político honrado” sea una contradictio in terminis y nos encontremos ante las palabras de un pobre diablo, de un hombre honrado con la debilidad de espíritu suficiente como para caer en el pecado de la política pero la suficiente fortaleza para sobreponerse asumiendo sus errores y seguir adelante.