Cartas venezolanas: Recuerdos de Somosaguas

Querido C,

Tiempo atrás, hará unos diez años, discutimos sobre el chavismo que yo ya veía como una dictadura mientras que otros no lo veías así. Las palabras se las lleva el viento pero ya entonces escribía alertando de las dictaduras legitimadas con apariencia democrática. En aquella época se tomaron las decisiones que han desembocado en la pauperización actual, los venezolanos tomaron un camino que les conducía a la ruina. Sí, los venezolanos, porque muchos de los que se quejan hoy vieron con buenos ojos las promesas chavistas de ayer, e incluso votaron a Chávez. La situación actual es preocupante, se mantiene el circo con Maduro pero ya no queda, literalmente, pan para un pueblo que tiene que hacer colas interminables para conseguir comida y productos de primera necesidad. En medio de este caos solo ganan la nomenklatura chavista y los pillos del mercado de negro, que se abre paso entre las prohibiciones y la necesidad. Mientras tanto, la gran mayoría de venezolanos sufre.

No es que yo sea más listo que otros sino que había podido ver el chavismo en acción en mi propia Facultad. La conexión Caracas-Somosaguas funcionaba con fluidez, profesores y alumnos iban y venían a Venezuela, eran entrevistados, asesoraban o asistían a programas de posgrado allí. A cambio se le otorgó una medalla al mismo Hugo Chávez en nuestra Facultad que recibió escoltado de militares con el aplauso de esa mismas personas y el silencio de la mayoría. Ahora sabemos también que además de sus convicciones populistas, el dinero motivaba a estos profesores que, a través de la fundación CEPS recibieron grandes sumas de dinero. Entre estos “intelectuales” comprometidos destaca Monedero, autor del “chaveznuestro” que llegó a cobrar 425.000 euros por un informe que todavía no ha enseñado. Esa gente es la que unos años después fundó Podemos y ahora, en coalición con los comunistas, pueden convertirse en el segundo partido más votado de España.

No es extraño que los podemitas más listos -y gramscianos- escondan a Monedero, pero su historial corre en paralelo con el de Podemos. Podemos no es el fruto de la indignación política sino el enésimo asalto a la democracia española de un grupo de intelectuales comunistas. Cuando “España iba bien” su discurso no calaba en las masas e intentaron influir en otros grupos de izquierda radical como Izquierda Anticapitalista o la propia Izquierda Unida de la que Monedero e Iglesias fueron asesores. No tuvieron éxito pero sí lo obtuvieron en el ensayo general del 15M, la campaña del “No a la Guerra” en la que destacaron en su organización a pesar de que políticamente fue capitalizada por el PSOE de Zapatero.

Entre tanto, fueron creando asociaciones en la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas (Contrapoder para el alumnado y La Promotora como red de profesores) como caldo de cultivo que más tarde proveería de cuadros a Podemos. Organizaron desde el escrache a Rosa Díez hasta el recibimiento a Evo Morales en la facultad (“compañero presidente” dijo la hoy concejala Rita Maestre). De hecho, en el segundo boicot a Rosa Díez el que hoy es senador del reino de España, Ramón Espinar (entonces no recordaba su nombre), no dudó en señalarme con la fe del inquisidor ante las turbas. Poco a poco tomaron todos los resortes de poder de la Facultad hasta conquistar el decanato y la hegemonía mientras que muchos profesores optaban por el exilio profesional en otras universidades, la prejubilación o el perfil bajo. Antonio Elorza ha sido de los pocos que alzaron la voz públicamente para alertar de lo que puede suponer la podemización de la política española.

El buenismo zapateril y años de educación estatista (de esto te hablaré en la próxima carta) pusieron la alfombra para que tras una severa crisis económica aprovecharan la frustración de expectativas de la gente. Esto tampoco es de mi cosecha, era lo que nos enseñaba Vestrynge en clase, mantenía el antiguo secretario general de Alianza Popular con Fraga que las revoluciones ya no las haría el partido comunista como vanguardia del proletariado y los parias de la tierra sino que sería obra de los populistas aupados por una sociedad frustrada al ver que sus expectativas de vida no eran malas ni les faltaba pan pero sí que eran peores que las de sus padres. El éxito de Podemos ha sido recoger esta frustración popular para llegar al poder democráticamente como en su día hizo su admirado Hugo Chávez. La indignación de los votantes es comprensible y compartida, como también lo fue la de los venezolanos en su día, y como ellos terminarán defraudados al haber sido utilizados por estos lobos que, como Chávez, se han vestido de corderos para utilizarlos. Muchos de sus votantes -otros no, son convencidos partidarios del comunismo- están siendo sus primeras víctimas aunque todavía no lo sepan.

No es de extrañar que no quieran que se hable de Venezuela e intenten borrar su pasado reciente. Pero los hechos están ahí, al igual que el dinero que recibieron. ¿Se financió Podemos con dinero del régimen chavista? Tal vez no directamente en su contabilidad pero no cabe duda de la relación existente al financiar a sus dirigentes que a su vez financiaron la propaganda mediática que terminó conformando Podemos. Lo reconocieron ellos mismos.

No quiero agotarte más, te preguntarás por qué escribo ahora. Me desanima ver como se repite una historia que ya sufrí en la Facultad pero creo que el relato en perspectiva es preocupante. No quiero callar estas reflexiones antes de que sea demasiado tarde aunque lleve años alertando de cómo la extrema izquierda ha ido conquistando esferas de poder dentro del sistema. Nada me gustaría más que estar equivocado.

Un fuerte abrazo,

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Y así termina…

..mi paso por la Universidad española y la andadura de mi antiguo blog, últimamente tan poco actualizado como mi asistencia a la Facultad de Políticas.

Para quienes todavía quieran leer lo que tengo que decir podrán seguir haciéndolo aquí pero aquella primera parcela que durante tantos años ha amparado mis reflexiones se ha quedado algo obsoleta. Politeia quedará ahí, como hemeroteca a la que se podrá acudir cuando sobrevenga la melancolía. A lo largo de estos casi cinco años he cambiado lo suficiente para necesitar una nueva parcela construida con la ambición de ser casa -la mía y la vuestra- amueblada con las ideas aprovechables que me han acompañado  sumadas a lo mucho que he ido aprendiendo.

Creo que es el momento idóneo para cerrar esta etapa pues fueron los mismos interrogantes, las mismas desconfianzas, las que me llevaron a empezar la bitácora y a salir de una isla que emerge del Mediterráneo como paraíso atemporal para emprender la aventura más apasionante de mi vida. Esperando la llegada de Evo Morales en la entrada principal de la Facultad recordaba el día que llegué allí por primera vez, alarmado ante las pintadas que me daban la bienvenida e invadido por una sensación de soledad que no había sentido antes y que nunca más volvería a sentir. No fue complicado adaptarse a una ciudad abierta a las ideas y a la gente como Madrid, pero la frustración y el desengaño con la Universidad no tardaron en llegar. Tuve que buscar el tráfico de conocimiento que esperaba encontrar en otros lugares, Politeia resultó esa ventana a través de la cual pude expresarme y, de la mano de alguien cuya hipocresía y fantasmas de hoy soy incapaz de comprender, encontré un círculo de personas extraordinarias; un ambiente en el que chapotear entre ideas y lecturas que son las que me han formado.

De haber confiado únicamente en la Universidad, continuaría siendo la misma tabla rasa, lleno de ideas equivocadas y prejuicios irracionales, y volvería a Mallorca habiendo desperdiciado demasiado tiempo. Por eso, siempre me he sentido afortunado y estaré eternamente agradecido a quienes me acogieron como a uno más. Sería injusto olvidarme aquí de los culpables de que todo esto fuera posible, de quienes han sido siempre ejemplo de vida, de quienes pusieron los cimientos de todo cuanto he construido después: mis padres. A ellos, se lo debo todo. No sin dificultad me mostraron el camino de la libertad, de la responsabilidad, de la superación y de la honradez. Verdadera Educación para la Ciudadanía, o mejor, Educación para ser Hombre.

Tampoco es que haya desperdiciado por completo mi paso por los pasillos y aulas del Campus de Somosaguas. Algunos profesores, que no nombraré para evitar perjudicarlos, abrieron perspectivas en mi forma de ver el mundo. Desgraciadamente, los muros de la intolerancia y el totalitarismo que impera en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología también los asfixia. Tampoco podría haber echado raíces en Madrid sin aquellos que me ofrecieron su amistad, algunos de los cuales han llegado a ser amigos de esos que se tienen para toda la vida.

Pero sin duda, la reciente visita de Evo Morales o la concesión de una medalla a Hugo Chávez, en el ya lejano 2004, entre los aplausos entregados de una comunidad universitaria servil, definen perfectamente el estado actual de la Universidad: el de la putrefacción. Un lugar en el que se adoctrina pero no se forma; un lugar en el que los alumnos que discrepan son perseguidos y amenazados; un lugar en el que sus profesores ovacionan al partido que gobierna; un lugar en el que se boicotea a Rosa Díez mientras carteles pro terroristas decoran sus paredes sin que nada ni nadie haga algo es un lugar sin vida es un páramo, intelectual y moral.

De la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología se sale igual o peor de lo que se entra, los títulos que concede son papel mojado y los años allí transcurridos se convierte en tiempo perdido. Paul Johnson preguntaba ya en 1991 si “¿su viaje es realmente necesario, profesor?” en una columna memorable en la que escribía cosas como que “de todas las calamidades que ha sufrido el siglo veinte, aparte de las dos guerras mundiales, la expansión de la educación superior, en los años 50 y 60, fue la más duradera”. Aquí, esta enfermedad, que es el reflejo de muchas otras y de la decadencia de toda una civilización, llegó algo más tarde pero igualmente las universidades se han convertido en “invernáculos donde florece el extremismo, la irracionalidad, la intolerancia y el prejuicio, donde el esnobismo social e intelectual se cultiva casi deliberadamente y donde los profesores procuran contagiar a sus estudiantes su propio pecado de orgullo”. Este artículo y otros como “El arte de escribir columnas” los podéis encontrar en “Al diablo con Picasso y otros ensayos”, lecturas en las que he aprendido mucho más de lo que jamás podría haber aprendido en la mayoría de asignaturas universitarias.

Publicado el día 29 de septiembre de 2009, festividad de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.