Diez contrarréplicas a Elentir sobre el matrimonio

Elentir ha escrito diez réplicas a mis razones a favor del matrimonio homosexual. No me queda otra que responder pero no quiero que se interprete como un ataque a Hazte Oír, ni al propio Elentir. Hazte Oír lleva a cabo algunas campañas que comparto y Elentir tiene, a mi entender, una de las mejores bitácoras de toda la blogosfera política en español. Vamos al lío:

1.- Si los matrimonios existen “para proteger el ámbito natural en el que vienen al mundo las nuevas vidas” entiendo que los matrimonios en los que no se traen al mundo nuevas vidas de forma natural deberían invalidarse. Es decir, el matrimonio se rompería en cuanto la pareja no tiene hijos de forma natural ya sea por infertilidad, decisión propia o en los casos de adopción. Habría que definir un tiempo estimado en el que la pareja puede no tener hijos antes de declarase matrimonio no válido. No he sido capaz de encontrar una campaña de recogida de firmas exigiendo esto en la web de Hazte Oír.

2.- Desgraciadamente es la vida la que somete a los niños a un “experimento de ingeniería social” al privarles de sus padres naturales por la causa que sea. Procurarles un hogar en el que, en la medida de lo posible, se les ofrezca una nueva oportunidad podría considerarse un deber de la sociedad y un acto de generosidad por aquellos que los acogen como a sus propios hijos. Antes de la reforma de la ley del matrimonio ya se permitía la adopción por parte de personas solteras por lo que la figura paterna o materna podía no estar presente. El matrimonio entre personas del mismo sexo ofrece más garantías y estabilidad para un niño adoptado que la vida de una persona soltera. Tampoco he recibido ninguna alerta Hazte Oír pidiendo que las personas solteras dejen de adoptar.

3.- El matrimonio como formalización legal de una relación pasa, en el modelo actual, por el Estado. Lo ideal sería que el Estado reconociera los contratos individuales sin necesidad de una legislación colectivista. Como toda institución social evolutiva, el matrimonio está sometido a cambios. El Estado debe limitarse a reconocer una realidad existente que a lo largo de la historia humana ha ido evolucionado desde el repudio al divorcio pasando por la edad mínima de consentimiento o la sumisión de la mujer. En cualquier caso, nada impide que haya iglesias que mantengan sacramentos según sus creencias que difieran del matrimonio civil, es el caso del matrimonio católico que no concibe el divorcio.

4.- Escribe Elentir que en mi post anterior he obviado “las agresiones a la libertad de expresión, de educación y de conciencia que estamos viviendo desde 2005”. Si solo fuera desde 2005… No solo no lo he obviado sino que le he dedicado una de las diez razones anteriores, en concreto la octava. Reproduzco íntegramente:

Las subvenciones públicas y el adoctrinamiento estatal debería eliminarse, en todos los sentidos. Quienes critican el secuestro de sus hijos para que no se les inculquen valores ideológicos en la escuela deberían promover la libertad de los padres para educar a sus hijos en lugar de exigir el derecho a inculcar sus valores a los hijos de los demás.

5.- Comenta Elentir que los homosexuales ya tenían un lugar en la sociedad antes del matrimonio homosexual. Por supuesto, en las carrozas y las noches de copas, sexo y rock & roll. De lo que se trata aquí es de dar cabida en la sociedad a los homosexuales para que puedan vivir plenamente sus vidas desarrollando y aportando todas sus capacidades sin necesidad de llevar una doble vida que los condene a la marginalidad. No como mascotas sino como personas iguales cuya única diferencia se lleva a cabo en su alcoba bajo el Imperio de la Ley; no al margen de la ley.

6.- Hacer de la procreación la base del matrimonio es un error, siguiendo el argumento deberíamos prohibir, entre otros, el matrimonio “natural” de las mujeres que ya han pasado la menopausia pues se trataría de un “matrimonio estéril por definición”. En lo demás básicamente coincidimos así que no voy a llevar la contraria por llevarla ya que procuro ser “intelectualmente honrado”.

7.- La falta de formalización legal de las parejas homosexual discrimina. Y si todo se reduce a una cuestión terminológica lo que Elentir y Hazte Oír deberían exigir es que el Estado deje de llamar a ese contrato matrimonio y que no se equipare al matrimonio canónico. Pero tampoco he encontrado ningún spot exigiendo eso.

8.- El adoctrinamiento estatal es de izquierdas y de derechas. El PP no solo no ha eliminado Educación para la Ciudadanía sino que además ha propuesto una asignatura para enseñar a los niños a pagar impuestos. Entiendo que en este punto también estamos de acuerdo.

9.- “Tratar por igual realidades diferentes no es tolerancia: es una injusticia y un sinsentido” es un argumento que recuerdo haber escuchado en la última película de Spielberg por parte de aquellos que defendían la esclavitud de los negros, aquella “institución peculiar” del sur. Ni “el hecho biológico de que los seres humanos son concebidos por la unión entre un hombre y una mujer” implica como requisito el matrimonio previo, ni el matrimonio garantiza la procreación.

10.- Las votaciones parlamentarias no son portadoras de la verdad y me parece admirable la indisciplina de voto de los comunes que votaron según sus principios y no siguiendo los que mandaba la cúpula de su partido. Desgraciadamente en el caso español votaron en bloque y no según su conciencia. Zapatero, sin quererlo, propició una victoria conservadora sin que el partido supuestamente conservador se diera cuenta. Yo lo veo así y ya dediqué todo un post en su momento que ahora no voy a repetir. El matrimonio entre personas del mismo sexo es una realidad social imparable que los parlamentos irán reconocido paulatinamente de forma más o menos acertada pero de forma tranquila. En otros lugares, desgraciadamente, seguirán colgando a los homosexuales de las grúas. Creo que nuestros esfuerzos deberían centrarse en luchar contra estos y otros crímenes que se producen en países lejanos sin olvidar los que tenemos más cerca, que son nuestros vecinos, hermanos, hijos y amigos; todos hijos de Dios creados a su imagen y semejanza.

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Diez razones a favor del matrimonio homosexual

Bastante en desacuerdo con el spot de Hazte Oír que he visto en el blog de Elentir. Creo que el matrimonio entre personas del mismo sexo es beneficioso por las siguientes razones:

1.- Ofrece una opción legal y virtuosa para los homosexuales. En lugar de vivir en los márgenes de la sociedad a merced de encuentros furtivos e inestables pueden enmarcarse en un modelo de estabilidad (afectiva, social, emocional, sexual, etc.) con todo lo que ello implica.

2.- Sin duda lo mejor para un niño es tener un padre y una madre. De hecho todos los niños tienen un padre y una madre, aunque algunos niños tienen la desgracia de quedarse sin uno de ellos o de ambos. Es aquí donde la adopción, aunque sea por parte de una persona soltera o de una pareja (heterosexual u homosexual) puede ser beneficiosa aunque no sean, biológicamente, su padre y su madre.

3.- El Estado define desde las herencias hasta los permisos laborales de las parejas según su estado civil. Sin el Estado sería algo que podrían definir libremente las empresas con sus trabajadores pero al estar todo hiperlegislado es necesario que se reconozca este tipo de uniones para cosas tan sencillas como poder a ver a tu cónyuge en su trabajo o cuidarle en el hospital en calidad de “familiar”.

4.- El Estado no debe tener la iniciativa creando situaciones artificiales sino positivar realidades que se dan en la sociedad, recoger y reconocer la costumbre. Y la realidad es que en sociedades más libres como la americana, ya hay muchas iglesias que no solo reconocen el matrimonio homosexual sino que lo santifican.

5.- Todos estos beneficios no solo favorecen a los homosexuales sino a la sociedad en su conjunto pues suponen ofrecer un acomodo a los homosexuales sin excluirlos. De una situación de marginación y exclusión se les ofrece sentarse en la misma mesa sin condenarlos al gueto social. Siguiendo la terminología del spot, los civiliza.

6.- El matrimonio homosexual no causa divorcios entre los heterosexuales, tampoco provoca infertilidad ni menos nacimientos. Al contrario, refuerza una institución natural que los heterosexuales han debilitado. La gente ya no se casa, se “junta”; y no tienen hijos, entre otras razones, por una irresponsabilidad y un cortoplacismo que les ha llevado al onanismo vital. La culpa no es de los homosexuales, si acaso habría que buscar responsables entre la Izquierda y  las personas que abrazan esos estilos de vida.

7.- No es una cuestión de “promover la homosexualidad” sino de evitar que la discriminación real haga que los homosexuales se encuentren a sí mismos exiliados en su propia tierra.

8.- Las subvenciones públicas y el adoctrinamiento estatal debería eliminarse, en todos los sentidos. Quienes critican el secuestro de sus hijos para que no se les inculquen valores ideológicos en la escuela deberían promover la libertad de los padres para educar a sus hijos en lugar de exigir el derecho a inculcar sus valores a los hijos de los demás.

9.- El mérito de la tolerancia no es respetar a los iguales sino a los diferentes. Una sociedad abierta es aquella en la que lo excepcional tiene cabida junto a lo mayoritario. Usar expresiones como “natural” puede inducir al equívoco pues la homosexualidad aunque minoritaria no deja de ser algo natural. Que una sociedad cien por cien homosexual no tiene futuro es algo tan obvio como que tampoco lo tendría una sociedad integrada únicamente por mujeres.

10.- Se critica el orgullo homosexual y la diferencia pero tampoco se acepta una solución integradora aún cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo es una victoria conservadora.

Una perspectiva conservadora del matrimonio homosexual

Hace algo más de siete años dejé escrito que el PP se equivocaría en caso de recurrir la constitucionalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo. Una equivocación que hoy se ha quedado prácticamente huérfana dentro del mismo partido  y que ha llegado a desatar una caza de brujas contra quienes legítimamente discrepan sobre la idoneidad de que la unión entre  homosexuales sea equiparada a la unión heterosexual.

Y escribo unión en lugar de matrimonio porque el embrollo de todo el asunto empieza en el mismo nombre que lo define. El matrimonio civil no equivale al matrimonio canónico y las innovaciones que se han introducido a lo largo de los años en el Código Civil no repercuten en cualquiera de las fórmulas religiosas para su celebración. El matrimonio (católico) no admite el divorcio mientras que el matrimonio (civil) sí lo admite; el matrimonio canónico produce efectos civiles desde el momento de su celebración mientras que el matrimonio (civil) no tiene consideración de matrimonio para la Iglesia Católica.

Un mismo concepto define dos hechos de naturaleza diferente que pueden ser coincidentes pero no son equivalentes. La confusión inicial nace con la visión positivista de la supremacía estatal sobre las instituciones naturales que, como el matrimonio, han surgido en la misma sociedad. Reciben el mismo nombre pero no son lo mismo, y de aquí nace el miedo de quienes defienden el matrimonio en su forma canónica.

Lamentablemente ningún grupo político influyente ha propuesto deshacer esta confusión diferenciando semánticamente ambas formas de matrimonio. Tampoco la opción liberal -y a mi parecer ideal- de que el Estado se limite a reconocer las formas de matrimonio que puedan darse en una sociedad como pacto voluntario entre dos adultos tiene demasiado predicamento. En tal caso, y en la lógica estatal, tan solo cabe ensanchar la definición para que todas sus formas tengan cabida.

La ampliación del concepto de matrimonio a las parejas homosexuales es, aunque pueda parecer lo contrario, una victoria conservadora.  El objetivo de la teoría queer es demoler la huella cultural que nos identifica pues para estos ideólogos de la nueva izquierda los patrones culturales no son más que estructuras opresoras que impiden el libre desarrollo del ser humano que solo podrá autorrealizarse al romper con esas cadenas y así alumbrar una nueva era de progreso, el eterno mito socialista del hombre nuevo. De hecho, estos movimientos han defendido históricamente el amor libre y definían el matrimonio como un contrato de esclavitud al servicio de lo que ellos llaman patriarcado heteronormativo. Pero en su afán de sustituir a las iglesias como moralistas de la sociedad estos movimientos llegaron a hacer suya la lucha por la ampliación de las formas de matrimonio.

Desde el momento que el matrimonio se amplía a las parejas homosexuales se abre la puerta a un orden conservador de un colectivo cuya única referencia hasta el momento era el homosexualismo militante. La reproducción de unos patrones que se identificaban con un único modo de entender la vida de izquierdas.  El matrimonio homosexual supone ofrecer un lugar en la mesa en lugar de romper la baraja. Quienes hasta ahora tenían que vivir en las afueras de la sociedad son invitados a reproducir un modelo de éxito, a participar del círculo virtuoso que ha supuesto el concepto de matrimonio para nuestra Civilización.

La derecha política en España parece no tener argumentos sobre el matrimonio homosexual, ni a favor ni en contra. Tan solo una postura coyuntural más o menos favorable, tal vez impuesta por el alto porcentaje de homosexuales que militan en sus nuevas generaciones. El centro o la falta de convicciones, no solo en cuestiones económicas, pasa factura a la hora de ofrecer una alternativa cuando en pocas cuestiones se les ha servido en bandeja un marco tan favorable. Desde una perspectiva conservadora no se me ocurre mejor concepto que el del matrimonio para hacer posible la verdadera normalización alejada de las carrozas y plumas. En palabras de David Cameron: “no apoyo el matrimonio gay pese a ser conservador. Apoyo el matrimonio gay por ser conservador”.