Paga la fiesta pero no la disfrutes

Los estatistas critican a Juan Ramón Rallo por aparecer en la televisión pública, como si él no fuera uno más de los contribuyentes que la sostienen. Solo faltaría que los liberales tuviéramos que pagar los servicios estatales pero estar vetados en ellos. Si TVE es “de todos” también debe poder escucharse en sus programas que estaríamos mejor sin TVE. Pero como siempre los partidarios de aumentar la intervención del Estado en nuestras vidas pretenden controlar lo público como un cortijo silenciando y estigmatizando a quien pueda llevarles la contraria.

No se trata de un caso aislado, es habitual que en los debates el progre acuse al liberal por estar utilizando servicios estatales -una definición mucho más exacta pues “servicios públicos” también lo son los que ofrecen las empresas privadas como, por ejemplo, los bares que tanto gustan a los sindicalistas- con el objetivo de deslegitimar por este camino al defensor del mercado libre. La realidad es que los impuestos son de obligatorio pago para todos, incluidos los liberales. Así que mientras eso no cambie tanto derecho tienen a utilizar los servicios estatales sus defensores como sus detractores. Ojalá existiera la figura del objetor pero no hay resquicio a través del cual el individuo pueda escapar a la voracidad recaudatoria del Leviatán. De hecho, el Estado solo permite una excepción: sus funcionarios civiles tienen el privilegio de elegir la sanidad privada en lugar de la pública.

La ambición de los colectivistas es que otros les paguen la fiesta pero no puedan disfrutarla. Argumento tan débil se vuelve en su contra; en el fondo tienen razón, Juan Ramón Rallo no debería aparecer en la televisión pública… pero ellos tampoco. Simplemente no debería existir televisión pública. 

 

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¿Por qué el P-Lib?

La propaganda electoral aburre, los mensajes vacíos deambulan por los mítines y los ecologistas de todos los partidos han gastado más papel en dos semanas que en todo el año con el objetivo de conseguir nuestro voto. Por suerte ya queda poco, en unos días votaremos en las europeas y… en nada llegará la campaña de las municipales, las autonómicas de aquí y de allí… y las nacionales.

“La fiesta de la democracia” es la fiesta de los políticos, los contribuyentes tan solo participamos para elegir en qué y cómo se gastarán nuestro dinero. El Estado es un gran banquete en el que los burócratas se sientan a la mesa a comer mientras nosotros pagamos la comida. Lo bueno del bipartidismo es que ofrece certidumbre a quienes costeamos el banquete; por esa misma razón muchos se afanan en servir los platos como camareros, es el clásico trueque que conlleva sacrificar libertad para obtener a cambio seguridad. Pero es comprensible que otros prefieran sentarse a la mesa y disfrutar del ágape pagado con dinero ajeno en lugar de ser ellos quienes lo financien; este es el origen de muchos de los nuevos partidos -en su mayoría escisiones personalistas de los tradicionales- cuyo programa político podría resumirse en aumentar la comilona a cuenta del contribuyente o -en el mejor de los casos- repartirse los Presupuestos Generales del Estado con quienes ahora lo manejan casi en exclusividad.

Particularmente soy partidario del mal menor para evitar una calamidad que arrase nuestros ya expoliados bolsillos. No podemos abstraernos de la política porque la política se entromete en nuestras vidas más allá de nuestros bolsillos planificando nuestras vidas desde el nacimiento hasta la sepultura, persiguiendo la libertad que solo es posible allí donde la gente controla a los políticos y no al revés; o entre las sombras de los mercados negros, donde la libertad se entremezcla con la delincuencia. Lo queramos o no, las elecciones conceden legitimad y poder a quienes decidirán por nosotros y por nuestros hijos, creo que procurar que esos políticos sean lo menos dañinos para nosotros es parte de nuestra responsabilidad. De las 39 candidaturas que se presentan a las elecciones de este domingo 25 de mayo sólo hay una que en su programa establece como prioridad recortar el banquete de los políticos a costa de los contribuyentes: el Partido de la Libertad Individual. Las demás tienen otras preferencias (la defensa de España, el fortalecimiento de los políticos europeos, hacer viable el banquete,  empacharse otra vezservir cuernos de unicornio en el banquete, etc.). Todos esos partidos pretenden continuar planificando nuestras vidas en mayor o menor medida y sólo difieren en el modo de hacerlo, el P-Lib tan solo quiere quitarle el poder a los políticos y devolvérselo a los ciudadanos.

El Partido de la Libertad Individual (P-Lib) fue creado en el 2009, ya se ha presentado a algunas elecciones locales y regionales pero es la primera vez que se presenta a nivel nacional ya integrado en la Internacional Liberal. Sus lineas maestras coinciden plenamente con mi pensamiento en el que la soberanía individual -la libertad propia y el respeto a la libertad ajena- debe anteponerse al colectivismo centralizado. Llevaba un tiempo siguiendo sus pasos porque quería saber si tenía vocación de permanecer en el tiempo y he decidido que ahora el paso me toca darlo a mí, un proyecto así merece mi respeto y apoyo para continuar consolidándose. Ayudé a recoger firmas para que pudieran presentarse a estas elecciones y este domingo votaré al P-Lib. Pero el viaje no ha hecho más que comenzar, ahora es mi partido y espero poner mi granito de arena con la ayuda de otros liberales que he encontrado en Canarias para mantener encendida la antorcha de la libertad frente a los socialistas de todos los partidos que sacrifican nuestra libertad por un supuesto bien común que solo nos empobrece en lo económico pero sobretodo en el espíritu. La libertad no solo nos hace más prósperos, nos hace sencillamente humanos; porque siempre será mejor ser libre que transitar el camino de servidumbre trazado por los políticos colectivistas.

votaplib

Fiesta de políticos para políticos

No sé cuántos años tendría yo pero recuerdo haber escuchado desde siempre a mi padre despotricar contra los políticos. En concreto había dos días en especial, el de la Constitución y el del estatuto de autonomía, en los que siempre repetía “esto son fiestas de políticos y para políticos”. No se me ocurre mejor definición, los políticos se reúnen, celebran, comen y brindan; por el pueblo pero sin el pueblo… a costa del pueblo. Es algo que se repite todos los años pero la desconfianza generalizada hacia la clase política es relativamente reciente, o solo aparece cuando gobiernan “los otros”. 

Tenemos una Constitución que se parece demasiado a una carta otorgada, en la que se nos concede una serie de derechos. Es la tradición “continental”, muy diferente a otras constituciones históricas que se limitan a reconocer los derechos de los habitantes del país y limitan el poder de los gobiernos. La diferencia es trascendental, en nuestra Constitución los derechos no son nuestros, son otorgados por las leyes y con la misma facilidad que se dan se pueden revocar; o lo que es lo mismo, nuestros derechos son una concesión graciosa de los legisladores, los políticos. En otras constituciones posibles ocurre lo contrario, la Constitución marca las líneas rojas en la que los políticos no pueden inmiscuirse, limitan el poder del legislador y, por tanto, protegen a los hombres de la arbitrariedad de los políticos.

A mi padre tengo que agradecerle, entre otras muchas cosas, ese liberalismo instintivo que inculcó en mí, una sana desconfianza hacia la política que con el tiempo, y muchas lecturas, se ha consolidado como un liberalismo más elaborado. Si el liberalismo es una actitud, además de la de la tolerancia, no es otra que esa instintiva desconfianza hacia los burócratas que pretenden organizar la vida de la gente común. Últimamente Sus Señorías tienen a bien debatir en el Congreso sobre la extrema necesidad de los husos horarios y, también, de los usos horarios españoles, pretendiendo dictar la mejor hora para entrar a trabajar, comer o cenar. Todo por nuestro bien, siempre.

Feliz día de la Constitución.

Confudir islamismo con Islam es un error

Confundir islamismo con Islam es un error porque se niega la posibilidad de una alternativa dentro del Islam a las corrientes islamistas que hoy dominan muchos países e imponen la Sharía. Luis del Pino ha escrito un excelente artículo en el que pone el ejemplo de algunos países “islámicos” y son perfectamente compatibles con la democracia, incluso más que otros países “cristianos”. Recuerda Del Pino que “sOccidente solo ha sido capaz de evolucionar hace escasamente medio siglo hacia la consolidación de verdaderas democracias avanzadas, ¿por qué negamos a los musulmanes la capacidad de evolucionar de la misma manera?”.

¿Acaso deberíamos reducir el cristianismo a las guerras de religión? ¿A la Inquisición? ¿A la caza de brujas? ¿A los antipapas? ¿A las prohibiciones inglesas sobre los católicos? ¿A las expulsiones de judíos? ¿A las prédicas reaccionarias del Padre Cádiz que se paseó por todos los pueblos de España para contrarrestar el creciente liberalismo?

No se puede negar la actual prevalencia de las interpretaciones fundamentalistas en el Islam; de los Ibn Taymiyya, Ahmad al-Wansarisi o Sayyid Qutb. Pero tampoco olvidar que no hace falta retrotaerse hasta el siglo XI para buscar una alternativa dentro del Islam, el profesor iraní Abdelkarim Soroush promueve el Islam de la razón frente al de la identidad en la estela del ayatolá Montazeri, sucesor designado por Jomeini que fue condenado al ostracismo por intentar abrir el régimen iraní. O desde Marruecos el filósofo Mohammed ‘Abed al-Jabri, que propuso un averroísmo moderno.

No se trata de hacer un alegato buenista al servicio de los enemigos de la libertad -que pueden ser islamistas o de otra clase- sino del reconocimiento de una realidad ninguneada por Occidente y aplastada por los islamistas. La solución a los problemas de Oriente no puede imponerse desde Occidente, son los propios musulmanes quienes deben combatir, con ideas, a quienes pretenden imponer su visión integrista del Islam. Entre tanto, nosotros no debemos plegarnos a los fundamentalistas ni renunciar a nuestra libertad ni a la legítima defensa.

El sentido trascendente de la vida es, quizá, lo que nos hace más humanos y nos diferencia de los animales. Una verdad universal que el hombre ha buscado desde que es hombre y hasta los más ateos son incapaces de negar, aunque sustituyan a Dios por la Razón. No podemos imponer nuestra fe ni menospreciar la de nuestros vecinos, tal vez formas de aproximarnos a una misma Verdad.

 

empanada mental

Una vez más el ideólogo José María Lassalle nos demuestra que es capaz de citar a más de 14 autores en un solo artículo sin despeinarse. Un artículo o una ensaladilla de tropezones y retazos de corrientes de pensamiento cogidas con pinzas que lo único que demuestran es que ha leído a Pocock, un neorepublicano al estilo de Skinner o Pettit. Las lecturas de la derecha son la guía de la nueva izquierda, vamos bien.

La empanada mental que publica en El País -como no- empieza así: “La crisis exige de las sociedades abiertas una enérgica respuesta de ejemplaridad. Una vuelta a los valores cívicos y a la responsabilidad moral”. El resto, solo es apto para masoquistas.