Un verano en Mallorca

La “espontánea” campaña de pintadas contra el turismo que ensució Palma de Mallorca y el ayuntamiento tardó en limpiar cada vez parece menos casual. Con agosticidad y entre noticias de incendios y altas temperaturas se han colado estos días en los telediarios supuestas piezas informativas sobre el colapso turístico de Baleares. Noticias similares han proliferado en la prensa local y llama la atención que los políticos del lugar -y en particular el consejero de Turismo de las islas- alerten sobre la llegada masiva de turistas al presentar una campaña de promoción turística. “La temporada de verano no da para más” ha afirmado Biel Barcelo, máximo responsable del área de turismo del archipiélago y emisario de la izquierda catalana en Baleares. Los ecologistas también han entrado en escena criticando la campaña por considerarla insuficiente. Nos encontramos ante un caso de manual de organización pantalla: una demanda de una asociación falsamenente “apolítica” e “independiente” que en realidad comparte ideología y dirigentes con los actuales partidos en el poder.

Los poderes públicos de Baleares controlados por una extravagante coalición de socialistas, comunistas, chavistas, pancatalanistas, ecologistas y algún otro que pasaba por allí, ya amenazado con “abrir un debate” sobre el modelo turístico, ha creado nuevos impuestos que encarecen el destino turístico y están viendo como hincarle el diente al turismo vacacional. Porque no les gusta que vengan muchos turistas pero a sus dineros no les hacen ascos, y hay que exprimirlos como se hace con el exhausto contribuyente español.

Como mallorquín observo estas noticias con preocupación, parece que los políticos no se conforman con los huevos de oro que da el turismo y quieren asar a la gallina. Si se empeñan pueden terminar con una actividad tan dinámica, innovadora y que ha dado tanta prosperidad a la gente de Baleares como ha sido el turismo. No puedo más que recordar estos días aquel librito de George Sand titulado “Un invierno en Mallorca” donde describía la isla que encontró cuando acompaño a Chopin a la isla muy alejada de lo industria turística que ha sabido poner en marcha en los último tiempos. Su relato, comienza así:

“Llegamos a Palma el mes de Noviembre de 1838, con un calor comparable al de nuestro mes de Junio. Habíamos salido de París quince días antes con un tiempo extremadamente frío, y fué para nosotros un gran placer, después de haber sentido los primeros síntomas del invierno, dejar el enemigo a retaguardia. A este placer se juntaba el de recorrer una ciudad de mucho carácter, poseedora de muchos monumentos de primer orden en hermosura y en rareza. Pero bien pronto vino a preocuparnos la dificultad de establecernos, y vimos que los españoles que nos habían recomendado Mallorca como el país más hospitalario y el más abundante en recursos, se habían engañado tanto como nosotros. En una comarca tan cercana a las grandes civilizaciones de Europa, no se nos alcanzaba que no pudiésemos encontrar un solo albergue. Esta falla de sitio donde albergarnos debió hacernos comprender desde luego lo que era Mallorca en relación al resto del mundo (…). En Palma es necesario anunciarse y recomendarse a veinte personas de las más notables muchos meses antes para no quedarse en medio de la calle. Todo lo que pudo hacerse por nosotros, fue procurarnos dos pequeñas habitaciones amuebladas, o mejor, desamuebladas, en una especie de mal mesón, donde los extranjeros se han de dar por muy satisfechos si encuentran un catre con un colchón blando y rollizo como una pizarra, una silla de paja y, en cuanto a alimentos, pimienta y ajos a discreción (…). El más insignificante gesto que hicierais al encontrar porquería en las camas o escorpiones en la sopa, os acarrearía el desprecio más profundo y levantaría universal indignación en contra vuestra. Nos guardamos, pues, muy bien, de quejarnos, y, poco apoco comprendimos a qué se debió esta escasez de recursos y esta falta aparente de hospitalidad (…). Además de la poca actividad y energía de los mallorquines, la guerra civil que trastornaba a España hacia mucho tiempo, había interceptado en esta época toda comunicación entre la isla y el continente; Mallorca había servido de refugio a cuantos españoles pudiera albergar y los indígenas encerrados en sus hogares, se guardaban muy bien de salir de ellos para buscar aventuras en la madre patria. A estas causas es preciso añadir la ausencia total de industria y el rigor de las aduanas que recargan todos los objetos necesarios al bienestar con un impuesto desmedido. Palma solo tiene cabida para un cierto número de habitantes y a medida que la población aumenta, como no se edifica, se aglomeran las gentes de un modo extraordinario. Nada se renueva en estas habitaciones. Excepto en casa de dos o tres familias, el mobiliario ha cambiado poco desde hace 200 años. No se conoce ni el imperio de la moda, ni el deseo de lujo, ni el de las comodidades de la vida. Hay apatía de un lado, dificultad del otro; y así se quedan. Se tiene lo estrictamente necesario, pero nada más. Así es que la hospitalidad no pasa de ofrecimientos”.

Las negritas son mías, se trata de un texto un poco largo pero que no tiene desperdicio y que me sigue llamando tanto la atención como la primera vez que lo leí. Reflejo de una realidad que en algunos aspectos se mantiene. A día de hoy, por ejemplo, los políticos y tertulianos se sorprenden todos los inviernos cuando llueve torrencialmente. Tal vez deberíamos leer más a George Sand y escuchar menos a al politiqueo sobre las bondades de la temporada baja de invierno: “No se comprende como los mallorquines toman tan pocas precauciones contra esas plagas del viento y de la lluvia. Su ilusión o su fanfarronería es tan grande, desde este punto de vista, que niegan absolutamente esas inclemencias accidentales, pero serios, de su clima. Hasta el fin de los dos meses de diluvio que tuvimos que aguantar nos sostuvieron que no llovía jamás en Mallorca”.  Los palmesanos, por cierto, se continúan indignando porque no hay un buen sistema de drenaje en la ciudad. Dos siglos después.

El retrato del carácter mallorquín perdura y uno no puede mas que sonreír al leer que “la prudencia del español y la desconfianza del insular son tales que un extranjero no puede hacer a nadie la menor pregunta sin pasar por un espía político”. Pero es obvio que mucho ha cambiado en Baleares desde el siglo XIX con una infraestructura turística que no solo ha creado un entorno habitable para millones de turistas que todos los años eligen las islas para pasar sus vacaciones sino que se ha sabido globalizar en todo el mundo, invirtiendo allende los mares y atrayendo empresas de primer orden que se se han establecido en Baleares debido a su personal altamente cualificado.

Una estampa poco idílica de Mallorca que muchos considerarán injusta pero de la que se pueden extraer lecciones para que continuemos avanzando en lugar de recorrer a la inversa un camino que solo traía atraso y pobreza. No todas las palabras que nos dedicó George Sand eran negativas, del paisaje escribió que “la palmera se inclina por si misma sobre los precipicios, sin que la brisa caprichosa desarregle la majestad de su belleza, y hasta el menor cactus desmedrado al borde del camino, todo parece mostrarse con una especie de vanidad para recrear la vista” que remataba asegurando que “en Mallorca no pude establecer comparación alguna con otros sitios conocidos. Los hombres, las casas, las plantas y hasta los más pequeños guijarros del camino, tenían un carácter típico. Mis hijos estaban tan admirados que hacían colecciones de todo, y querían llenar nuestras maletas de aquellas hermosas piedras de cuarzo y de mármoles veteados de todos colores, de que están formados los muros de piedras secas que cierran todos los cercados. Así es que los campesinos, viéndonos recoger hasta las ramas muertas, nos tomaban por boticarios, o nos miraban como verdaderos idiotas. Incluso de manera casi profética atisbó el potencial turístico que los mallorquines han sabido explotar: “si la civilización europea llegase a tal grado de adelanto que pudiese suprimir las aduanas y los carabineros, manifestaciones visibles de las desconfianzas y antipatías nacionales, si la navegación a vapor estuviese organizada directamente desde nuestra tierra a esas regiones, Mallorca podría muy pronto competir con Suiza, pues se podría ir allá en muy poco tiempo y se encontrarían, a no dudarlo, bellezas tan delicadas y grandezas tan extrañas y sublimes que ofrecerían a la pintura nuevos manantiales”.

Sea pues la ambición de los mallorquines la de competir con Suiza y no con Corea del Norte. Que el ruido de  los políticos y sus altavoces mediáticos no consigan cerrar al mundo una sociedad dinámica y prospera como la balear. No volvamos a mirarnos al ombligo.

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Trabalenguas pancatalanista

Los “docentes” de Baleares llevan años tomándose en serio a Esperanza Aguirre y una de sus preocupaciones es la catalanización de los niños. Por el camino se ha triturado la propia cultura de las islas, el mallorquín se ha visto reducido al ámbito familiar y en las escuelas se aprende el dialecto catalán mientras se desprecia el mallorquín. Oficialmente el mallorquín no existe pero goza de buena salud gracias a los padres que continúan enseñándoselo a sus hijos como antes lo hicieron sus abuelos. Cuando uno escucha la televisión autonómica, a los políticos de la corrección o a los niños peninsulares que han aprendido catalán en la escuela, escucha un idioma artificial, foráneo y que nunca se había hablado en Mallorca. El catalán se considera “lengua propia” como si existieran lenguas impropias o los fenicios hubiesen traído el catalán a las Baleares. Nos encontramos ante un fracaso colectivo sostenido por las mentiras de unos pocos.

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Este curso escolar ha comenzado en Baleares con una huelga indefinida de “docentes” -así se proclaman ellos, ni maestros ni profesores cuando en realidad tan solo son funcionarios vocacionales- por la aplicación del TIL, acrónimo del decreto del Tratamiento Integral de Lenguas. Los “docentes” dicen protestar por la mengua en la calidad de la enseñanza pero la realidad es que protestan porque el modelo trilingüe sustituirá al de la inmersión lingüística obligatoria en catalán.  Nunca han protestado por los altos niveles de fracaso escolar, el absentismo laboral de muchos profesores o la baja calidad de la enseñanza según los informes PISA; sólo cuando peligra la inmersión en catalán. Tampoco protestan cuando un partido de izquierdas aplica su mayoría para legislar, solo cuando lo hace el Partido Popular; tienen una visión singular de la democracia.

Para centrar la cuestión la ambición del TIL tampoco es desmedida, se impartirán dos asignaturas no lingüísticas en inglés, a elegir de entre las que cursa el alumno (informática, plástica, educación física, música, etc.) a partir de 1º de ESO ampliándose progresivamente a cursos superiores a medida que pasen los años. También se impartirán otras dos asignaturas no lingüísticas en español. Los “docentes” pueden conformarse con el resto, que continuarán impartiéndose en catalán.

Pero no nos engañemos, el problema es la misma Educación Pública. Un sistema centralizado, ya sea a nivel nacional o autonómico, que decide la educación de los niños sin tener en cuenta a sus padres. El debate sobre la inmersión lingüística no existiría si los padres pudieran decidir libremente la educación de sus hijos sin que sean otros a través de la legislación quienes la elijan por ellos. En un sistema educativo libre los padres escogerían el colegio al que llevar a sus hijos o, incluso, podrían educarlos en casa sin amenazas gubernamentales.

La alternativa “pública” que ofrece algo de libertad pasa necesariamente por el cheque escolar y emular, en parte, esa capacidad de elección aunque se sostenga con dinero de todos los contribuyentes. Sólo así la competencia entre centros respetaría las preferencias de los padres y no las de los políticos en cuanto a modelo lingüístico, ideario o sistema pedagógico. La solución, como siempre, es recuperar parte de nuestra libertad.

Soy incapaz de saber cuál es el mejor sistema educativo para los hijos de los demás pero sí sé cómo me gustaría educar los míos. No tengo ningún problema en que alguien decida educar únicamente a sus hijos en catalán -o en chino mandarín- a pesar de vivir en Baleares pero no que lastre a los hijos de los demás a construir su utopía pancatalanista. Estos “docentes” huelguistas dicen que los políticos no deberían decidir el sistema educativo; es verdad, el problema es que no lo dicen para devolver esa libertad a los padres sino para retenerla ellos, “docentes” pancatalanistas que nos quieren adoctrinar.

Volar a Mallorca después de Spanair

El final de Spanair levantó todo tipo de quejas e informaciones en las que aseguran que volar a las Baleares desde la península se ha encarecido. Los precios de estos vuelos son, además, materia a subvencionar ya que al parecer los políticos de las islas consideran que “la insularidad” perjudica a quienes hemos nacido en estas islas del Mediterráneo.  Puede ser que esta apreciación fuese cierta cuando las islas eran lugar de destierro o se utilizaban como cárceles naturales; pero no ahora que el turismo las ha transformado en un paraíso turístico que los baleares han sabido aprovechar y convertir en riqueza.

Los años de bonanza y la trampa democrática en la que cada partido jugaba a prometer más prebendas a los ciudadanos llevó a instaurar la subvención universal al 50% de los vueltos para residentes de las Baleares.  El dinero de los contribuyentes, ricos y pobres, termina así pagando la mitad del billete de avión de los baleares que, ricos o pobres, deciden volar a cualquier ciudad española. El Estado redistribuye la renta de, por ejemplo, un asalariado de la fábrica Seat de Martorell para pagar la mitad del billete de avión de, por poner otro ejemplo, los hijos de Matas. Vuelen en turista o en primera clase, para visitar a la familia o para salir de fiesta.

Los billetes, comprados con previsión, entre Palma y Madrid resultan asequibles gracias a la sana competencia de un mercado maduro. Con las compañías aéreas de bajo coste se pueden encontrar verdaderas gangas. Incluso ahora que hay una compañía menos como Spanair cubriendo estas rutas se pueden encontrar precios razonables, aun cuando se busca un vuelo para esta misma semana. Nada mejor para desmontar los peores augurios sobre como hacer una simulación. Hoy mismo he podido comprobar que un vuelo para este  fin de semana sin descuento de residente sale por algo más de 70 euros.

He ido un paso más allá y he consultado lo que costaría viajar en Alta Velocidad desde Madrid hasta Barcelona ya que aquí no encontramos “el problema” de la insularidad. Viajar en tren desde Madrid hasta Barcelona sale bastante más caro que volar de Barajas a Son Sant Joan, por unos 164 euros. ¡Más del doble! Sé que ese trayecto pueden hacerlo en coche, pero para eso hay que tener coche, pagar los pejaes o la gasolina. Además de la inversión de tiempo que supone o tener un lugar en ambas ciudades en la que aparcarlo. Tampoco sería descabellado añadir otros gastos que pueden estar amortizados con el uso normal del automóvil como el seguro y las reparaciones.

Intuyo que la solución que muchos políticos ofrecerían a este problema que acabamos de descubrir sería el de subvencionar la “peninsularidad”. Pero parece poco viable, y menos en estos tiempos en los que no hay dinero ni pagar los medicamentos de las farmacias.

El Estado de  Bienestar no es viable y, además, es injusto por lo que hay que desmontarlo. Y como se trata de desmantelar privilegios nada mejor que dar ejemplo y empezar por los propios. Como mallorquín espero que pronto se termine con la sinrazón de la subvención de los vuelos para los residentes. Si dejamos que la libre competencia funcione nos encontraremos con que se ofertan vuelos baratos sin necesidad de que los trabajadores carguen con ese coste.

“El Enano” ha confesado

Buscado durante días en una isla que se había convertido en una jaula con refuerzos policiales venidos de la península -parece que en Mallorca no había policía suficiente para encontrarlo- capturaron a “El Enano”, principal sospechoso del asesinato de Ana Niculai. Alejandro de Abarca, que así se llama “El Enano”, ha tardado en confesarse culpable del asesinato que cometió mientras disfrutaba de un permiso de un centro de reinserción social en el que estaba internado.

La familia de Ana ha manifestado una verdad incontestable: “que estuviera en libertad es un fracaso del sistema penitenciario español”. Creo que cabe preguntarse en estos casos, como en tantos otros, sobre la responsabilidad de los legisladores siempre preocupados en prohibir que nuestros hijos coman helados pero nunca en cuestiones que pueden terminar costándole la vida a uno, en este caso la de Ana. El Estado no permite que defendamos nuestra vida y propiedad por nosotros mismos pero tampoco nos defiende.

Dicen que hay que olvidar, pero a la memoria de Ana sólo le queda el recuerdo de la vida que les han arrebatado a la espera de que se haga justicia. Recomiendo ver este video.

Matas ha vuelto

Jaume Matas ha vuelto de las américas no para acaudillar de nuevo un partido en avanzado estado de descomposición sino para declarar este martes puntualmente ante el juez por el caso Palma Arena. La verdad es que siempre he mantenido que Matas no volvería porque irse había sido la decisión más inteligente que había tomado. Total, Roman Polanski ha demostrado que se puede vivir fugado de la justicia contando incluso con el beneplácito de cierto sector “intelectual”.

Claro que el caso de Matas es completamente diferente y la Izquierda convertirá sus apariciones en linchamiento público, sus declaraciones en juicio público. La condena ya ha sido dictada y, de hecho, las organizaciones pantalla de la izquierda eco-culturales ya se han lanzado a la calle para copar el mensaje anti-corrupción. Tiene gracia, que el lema de las manifestaciones sea “Contra la corrupción: participación ciudadana”. Participación en el trinque, claro. La consecuencia lógica ante un sistema que fomenta su propio monopolio sería el de abrirse y permitir la competencia, pero el Estado – y las autonomías no son una excepción- siempre quiere más. Y allí donde hay un Estado necesitado de más recursos públicos sacados de nuestros bolsillos, allí acude presta la Izquierda para ayudarle.

Y es que últimamente en los juzgados de Palma hay más políticos que gitanos, no pretendo ser racista sino todo lo contrario. Así es como transcurren los días en la isla de la Calma tras el colapso de la munarquía, con absoluta normalidad. La presidencia del Parlamento Balear ha sido ocupada por una socialista y la vicepresidencia por una uemita. El viernes 19, la propia Munar abonó 350.000 euros para evitar la cárcel y hay quienes jocosamente suponen que nuestra princesa particular comentó en el momento del pago “en efectivo o con tarjeta”. Ella se declara inocente pero todavía tiene que desembolsar 2,5 millones por la responsabilidad civil, tendrá que vender hasta el último de los visiones que ha lucido durante su reinado.

El final de la Munarquía*

Ahora sí, roto el pacto de gobierno anti-PP y con las instituciones mallorquinas en vilo, Munar ha sido acusada ante el juez por el que fuera su delfín, Miquel Nadal. La traición de los nuestros siempre es la más dolorosa.

Hoy me ha llegado un mensaje del grupo Si meten a MªAntonia Munar en la trena, yo subo a “la sang” de rodillas expresando este sentir de una forma rotunda: “tenéis listas las rodilleras?? Parece que al final las vamos a necesitar”. Los mallorquines la esperan pero, ahora sí, el final de la Munarquía está cerca.

[Actualizado]

Y tan cerca que estaba: Munar ha dimitido.

Por Baleares

Poco o nada me interesa el funcionamiento interno de los partidos, sus familias y los intereses creados. O no los entiendo o los entiendo demasiado. Pero un sistema parlamentario como el nuestro necesita la concurrencia electoral de dos partidos con programas de gobierno opuestos y posibilidad de gobernar. Es decir, que exista una alternativa al Gobierno si no es a 4 años vista al menos a los 8. De lo contrario, uno de los partidos se convierte en hegemónico y campa a sus anchas por el presupuesto y todo el cuerpo legislativo con la amenaza real que esto supone para nuestras libertades.

Hoy no existe alternativa real al gobierno del PSOE en la actual directiva del PP, y el sistema de partidos junto a nuestra cultura política hace muy difícil que surja una alternativa a la alternativa dentro del sistema. El futuro de los populares solo puede ser el hundimiento o la renovación. Esta gangrena en el partido de la oposición se extiende en lo general y en lo particular, en Génova y en Palau Reial.

Escribía ayer que en el Congreso de Palma abierto a los afiliados del partido se presentarán dos candidaturas, la del partido y la del eterno tocapelotas: Carlos Delgado. Como bien recordaba Hilarión, los congresos los gana el aparato del partido. Salvo cuando no los gana, que no suele ser a menudo pero tampoco imposible. Y eso de que voten todos los militantes tiene su peligro. No me cabe duda de que los elefantes harán todo lo posible para conservar su poltrona pero el programa de Carlos Delgado tiene algunos puntos que merece la pena destacar:

– Desafía el pancatalanismo dominante. De hecho, su programa puede consultarse en su versión castellana y mallorquina, no catalana. Toda una declaración de intenciones que se acompaña de medidas concretas: el fin de la imposición del catalán desde las administraciones públicas y la libertad de elección en los colegios.

– Propone rebajar del IRPF  en los tramos autonómicos y que los impuestos indirectos se reduzcan a un 4% con la excusa del sector turístico acompañado de un aldegazamiento institucional y una verdadera descentralización en la financiación de los ayuntamientos.

– Y sin duda lo más interesante dentro de un partido en el que sus cargos más importantes son, han sido o serán imputados por corrupción: un plan de pesos y contrapesos que hagan más difícil el saqueo de los políticos. Muy relacionado con esto, dejar bien claro ante el partido, los adversarios y, sobretodo, la opinión pública los principios que les guiarán para pactar con otros partidos. O lo que es lo mismo, el fin de la Munarquía.

Carlos Delgado podrá gustar más o menos, pero como mínimo se le debe reconocer que ha hecho lo que no ha sabido o no querido hacer la cúpula del partido: plantear una alternativa de gobierno. El éxito del Congreso del 6 de marzo en Palma de Mallorca no se medirá en victorias personales sino en la medida en el que el partido sea capaz de enviar al cementerio político a todos aquellos que, aún abochornados, se resisten a hacer oposición. Y si en Génova 13 toman nota, mucho mejor. No por el partido sino por nosotros. En este caso particular, por Baleares.

Miquel Rosselló vs. Miquel Rosselló

Tengo un nombre demasiado común, y el otro día coincidí volando a Mallorca en el mismo avión en el que lo hacía el otro Miquel Rosselló, de Izquierda Unida y consejero de Cooperación local en el Consejo Insular. Compartimos nombre y apellido, pero poco más.  Una curiosa coincidencia que no quería dejar de compartir.

La isla sigue algo revuelta políticamente y, como era previsible, el PP de Baleares no ha disparado con toda su artillería lo que ha devuelto la iniciativa al presidente Antich. El desgaste del gobierno autonómico no es suficiente para que se convoquen elecciones anticipadas y María Antonia Munar continúa ocupando la presidencia del Parlamento.

El congreso popular de marzo es una oportunidad para desgallardonizarse presentando una alternativa no arriolesca a las políticas nacional-socialistas que representa el frente anti-PP. Dudo que eso llegue a ocurrir, quienes organizan el congreso son los primeros interesados en que nadie los mueva de la silla y se esforzarán para que nada ni nadie pueda cambiar el rumbo de un partido que va a la deriva desde que renunció a defender sus principios, los que le llevaron a la mayoría absoluta. Del Congreso solo sabemos que se presentarán dos candidatos, que todos los afiliados estarán inscritos por defecto para poder votar y que no se podrá participar por correo. Creo que no es muy osado aventurar que de su resultado dependerá el futuro político de Baleares.

Mallorca esRadio

A partir de hoy, en la frecuencia de Radio Bellver, en el 97.1 de la FM, se puede escuchar ((esRadio en Palma de Mallorca y alrededores. Ya me contaréis qué tal se sintoniza en toda la isla.

Lo mejor y lo peor…

…del Partido Popular de Baleares.

Corrupción aparte, la campaña electoral de 2003 con la que Jaume Matas recuperó el Gobierno balear fue una de las mejores que recuerdo. El mismo año que mareas humanas llenaban las calles de España bajo el lema de “No a la Guerra”, el PP demostró que es capaz de oponer una aleternativa completa a la hegomonía de la izquierda.

Frente al “No” el “Sí”, con tipografía y color similares, sin complejos y en positivo, dejaron claro a los votantes quié era la alternativa y en qué consistía. Así es como se ganan elecciones, combatiendo lo esencial y no lo accesorio, lo contrario es simplemente un intento de heredar el poder aprovechando el desgaste.

Y si en aquella ocasión funcionó, en el mismo folleto que he rescatado del baúl de los recuerdos se encuentra la semilla que sembraron para perder sólo cuatro años después.  El Partido Popular nunca ha desafiado el marco dominante impuesto por esa extraña pinza que  forman la izquierda revolucionaria y la derecha conservadora, en ningún momento ha cuestionado el discurso oficial del nacionalismo obligatorio. Por eso, en la versión castellana se lee Illes Balears en lugar de las Islas Baleares. Por eso, perdió las elecciones en 2007 y no levantará cabeza si no rectifica.