Cartas venezolanas (III): No con mi voto

Estimado C,

¿Cómo hemos llegado a esto? Entiendo que te parezca extraño que estemos recorriendo un camino tan parecido al que ya recorrieron otros. No seremos los primeros que no escarmentamos en cabeza ajena y ellos han sabido capitalizar como nadie la frustración de la gente hacia la clase política. Tal vez necesitemos probar otra vez la amarga medicina para desarrollar de nuevo anticuerpos contra los totalitarios pero corremos el riesgo de enfermar por largo tiempo.

¿Cómo encarar esta amenaza? En Venezuela la desunión y la falta de entendimiento de la oposición por personalismos y ambiciones personales allanaron el camino del chavismo. Temo que en España hayamos cometido ese mismo error, mientras que los extremistas se han unido los partidos clásicos y moderados discuten entre ellos. Y no parece que puedan llegar a acordar nada.

Los enemigos de la democracia siempre aprovechan sus debilidades, deberíamos tener perspectiva para hacerles frente. El sistema electoral puede ser su mejor aliado en esta ocasión por lo que deberíamos actuar en consecuencia, o al menos yo así lo voy a hacer. Sé que el voto de uno es marginalmente despreciable pero la suma de todos si puede marcar la diferencia por lo que espero que esta reflexión sea compartida por otros. Ya sabes que yo me considero liberal-libertario pero me parece que votar a según que partidos -como en mi caso podría ser el P-Lib- es en esta ocasión suicida. Un voto que puede dejar hoy nuestra conciencia tranquila pero que a medio plazo harán que nuestras condiciones reales de vida empeoren porque todos sabemos que no van a producir representación. No vivimos en el mundo de las ideas sino en este mundo en el que las acciones del gobierno que tendremos los próximos años afectarán a nuestras vidas. Nos encontramos en una situación excepcional y el pragmatismo se impone al idealismo o de lo contrario caeremos en el pecado que Paul Johnson denunció en su libro “Intelectuales” al pensar que las ideas son más importantes que las personas.

Me preguntas que te aconseje a quién votar pero yo solo puedo decirte a quién votaré yo y las razones. Votaré al partido con más opciones de sacar más escaños en mi circunscripción, por nuestro sistema electoral creo que es la mejor forma de favorecer un gobierno alternativo al de Podemos y comunistas. Las siglas son lo de menos, de hecho habría votado a una coalición PSOE-Ciudadanos si se hubieran presentado juntos a pesar de ser un anti socialista declarado. Tal vez mi voto no sirva de mucho pero no facilitaré un gobierno de Podemos y los comunistas con mi abstención o mi soberbia intelectual. Y si aún así no sirve de nada llegará un día que miraré atrás y al menos podré recordar que no fue gracias a mi voto.

Espero que estas reflexiones te sirvan. Un abrazo,

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¿Cuánto vale mi voto?

El voto es algo valioso para mucha gente. A la mística electoral (votaciones anónimas, selección de representantes políticos/soberanía, etc.) hay que añadir factores mundanos como su escasa frecuencia (votaciones cada cuatro años) y que sólo se pueda emitir un voto por persona. Estas circunstancias someten la acción del voto a consideraciones que van más allá de las preferencias políticas de cada uno. El voto útil, el voto de castigo o simplemente votar la opción menos mala -mi preferida- son consideraciones que hacemos antes de elegir el papelito que meteremos -o no- en la urna.

El descrédito de la clase política en general y de los dos grandes partidos en particular, es una oportunidad para los pequeños partidos que quieren hacerse sitio en el competitivo mundo de la política española. Los nuevos partidos  aprovechan un clijave descuidado por los partido atrapalotodo -ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta- y se atrincheran en ese punto para reunir los votos de aquellos a quien preocupa esa cuestión en particular. Los partidos ecologistas son el  ejemplo clásico pero no son los únicos y en España hoy tenemos muchos. Estas demandas sociales descuidadas por los grandes partidos terminan por dar representación a estos partidos y obliga en muchos casos a los grandes a incluirlo también en sus programas. La victoria de estos movimientos es doble, por un lado para aquellos que han conseguido tener voz en un parlamento y en segundo lugar para esos principios que habían sido dejados de lado y finalmente quedan recogidos en los otros partidos.

Los electores tienden polarizarse entre dos opciones contrarias (la dicotomía amigo/enemigo de Schmitt) y de ahí nace el bipartidismo que algunos califican de artificial. La lógica electoral y la humana hacen que sea el modelo imperante en cualquier democracia representativa. Los clivajes tradicionales son aquellos en los que los electores votan en función de ser de izquierdas o de derechas; clase social; confesional o secular; campo o ciudad; centro o periferia… O una combinación de varias, aunque una suele predominar sobre las otras.

En España, aunque tanto PP como PSOE defienden posiciones socialdemócratas, se turnan en el poder representando el clivaje derecha/izquierda si bien solo se diferencian en la dialéctica. Las autonomías en las que existen nacionalistas hay que sumar el clivaje nacionalista/no nacionalista de forma que encontramos partidos nacionalistas de izquierdas y de derechas, y partidos no nacionalistas de izquierdas y derechas. Aunque sea algo superficial y simplificado este es el sistema de partidos que tenemos en España.

El votante de izquierdas es más ideológico que el de derechas y eso da vida a Izquierda Unida que en todas las encuestas parece tener mayores expectativas de voto. El desgaste de PP y PSOE también ha facilitado el surgimiento de dos partidos -UPyD y Vox- cuyo eje no deja de ser España desde una interpretación de izquierdas y otra de derechas. Si la estructura de los grandes partidos no consigue desactivarlos estos nuevos partidos pueden llegar a ocupar su puesto o, lo que es más probable, que terminen volviendo a “su casa” una vez que PP y PSOE recuperen credibilidad y asuman algunas de sus críticas. Y a sus críticos, porque en no pocas ocasiones el surgimiento de nuevos  partidos tiene que ver con personalismos y ambiciones particulares.

Las elecciones europeas suponen el mejor momento para votar guiándonos por nuestros principios. La circunscripción única a nivel de toda España elimina muchos de los vicios de nuestro sistema electoral quitando importancia al voto útil. Si los votantes tienen una ocasión para experimentar con su voto desafiando a los partidos tradicionales es en los comicios del Parlamento Europeo. No importa votar a gente sin experiencia de gobierno pues no lo tendrán pero es una ocasión ideal para poder escuchar voces diferentes que aporten nuevas ideas al debate político manoseado por el bipartidismo.

Sólo hay un partido que suponga una alternativa, alguno diría que antisistema. Se trata del P-Lib. El Partido de la Libertad es un partido pequeño en sus números pero de grandes ambiciones.  Su idea fuerza es quitarle poder al Estado para devolvérselo a la sociedad. Para presentarse a las elecciones europeas necesitan nuestra ayuda, sólo recogiendo un número de firmas suficientes podrán ser una opción más en los próximos comicios. Por eso os animo -yo lo voy a hacer- a firmar para que puedan presentarse a las elecciones europeas. Esta firma no nos vincula con el partido ni obliga a votarles, solo es una puerta a la libertad, a tener un mayor número de posibilidades en las elecciones europeas. El próximo sábado 5 de abril recogerán firmas por la calle en diferentes ciudades españolas y si quieres ayudarles recogiendo firmas o simplemente aportando la tuya en su página web encontrarás toda la información necesaria.

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